POR JUAN CARLOS RAFFO |
Como cada día de invierno Klaus salió de su casa en Höpfigheim cuando recién amanecía y se dispuso a manejar media hora hasta su empresa en Stuttgart. Está encantado con su BMW nuevo y se alegra de haber pagado un poco más por los asientos forrados en cuero. Lo que ni sospecha es que ese tapizado que tanto lo enorgullece fue enteramente fabricado en un remoto barrio llamado Nuevo París, enclavado en Montevideo, Uruguay, a más de 11.000 kilómetros de la autopista por la que ahora transita.
De hecho, entre 25% y 30% del cuero que utiliza mundialmente BMW para sus modelos es provisto por la multinacional uruguaya Zenda, que abastece también a otras prestigiosas marcas automotrices como Audi, Ford, Toyota, Mazda, Peugeot, Citröen y Volkswagen, al tiempo que avanza en las negociaciones con General Motors en Estados Unidos y Mercedes Benz en Sudáfrica.
Al igual que en otros casos locales de éxito, la historia y la propia existencia de la compañía es poco conocida por la mayoría de los uruguayos, fruto del testarudo bajo perfil de sus principales directores, Walter Branáa y sus hijos Marcel y Daniel. Sin embargo, los recientes reclamos públicos de Paycueros -principal competidor de Zenda en la compra de materia prima- para que se igualen los beneficios fiscales a los que acceden las curtiembres, sumados a la prevista revisión del régimen de devolución de impuestos que rige para los exportadores, llevaron a la empresa a cambiar de estrategia y diseñar una campaña de comunicación masiva dirigida a los uruguayos. Con tal objetivo contrató a un estudio de comunicación especializado en relaciones de prensa y a una agencia de publicidad.
Aunque 100% de la producción de la compañía se coloca en el exterior, la idea de "vender" Zenda a los uruguayos en general y a los gobernantes en particular parece ser el móvil detrás de esta abrupta irrupción pública.
"La empresa mantuvo un perfil bajo hasta el momento y en realidad también va a seguir manteniendo un perfil bajo. Pero sí hemos decidido que es bueno mostrar que en Uruguay se pueden hacer cosas, que Zenda hace cosas, que se puede vender en el exterior, que se pueden conquistar buenos mercados apuntando a la excelencia y apuntando a la calidad", argumentó a El Empresario José Luis Rodríguez, director financiero de la curtiembre.
El ejecutivo reconoció también que se optó por salir al cruce de algunas versiones que en las últimas semanas pusieron en duda si la empresa es una industria autopartista y, por ende, si le corresponde el reintegro automotor. "Como el que calla otorga, decidimos que no era bueno quedarnos callados y decir nuestra verdad, sin atacar a nadie, pero salir a decir las cosas desde nuestro punto de vista, que es el punto de vista correcto", expresó tajante Rodríguez, para quien no acepta la más mínima discusión el hecho de que el tapizado de un automóvil es una autoparte.
El debate fue instalado a fines de febrero por Paycueros, que fundó el envío a seguro de paro de 60 trabajadores en las dificultades de acceso a la materia prima, porque tiene una devolución de impuestos menor a la de su competidora Zenda. A comienzos de marzo, la alemana Bader (que también hace tapizados de autos, entre otros productos) echó un poco más de leña a la hoguera aunque apuntando a la pérdida de competitividad del sector derivada del aumento de los costos laborales, de un sustancial incremento del precio de los cueros y de la creciente competencia por los mismos.
Las curtiembres tienen una devolución de impuestos indirecta que fija un monto de 6% para las exportaciones de cuero nacional y de 3,25% para los envíos de cueros importados. La industria autopartista, en tanto, accede a 10% de reintegro automotor.
En buen romance, Zenda se acoge a este último beneficio en sus exportaciones de cuero para tapizados de auto (casi 90% de su producción) y a los primeros en sus ventas de cuero para muebles, al tiempo que Paycueros accede a las devoluciones de 6% y 3,25%, en virtud de que fundamentalmente exporta para la industria del calzado.
Amén del fuego directo, de los tiros por elevación y de la estrategia que seguirán llevando adelante las empresas para acceder a condiciones favorables para sus negocios, el hecho es que una de las compañías uruguayas que vale la pena conocer, uno de esos escasos "leading cases" que muestran la capacidad de inserción del país en los mercados más exigentes con productos de alto valor agregado, decidió mostrarse.
Las cifras de Zenda impresionan: procesa 6.000 cueros por día; emplea a 1.200 personas en Uruguay y a 650 más en sus plantas, oficinas comerciales y depósitos de Argentina, Alemania, Sudáfrica, México y Estados Unidos; en 2006 facturó globalmente U$S 140 millones y prevé un crecimiento de dos dígitos para el año en curso; entre impuesto a la Renta y Patrimonio paga más de U$S 2,5 millones al año.
con raíces vascas. Influido seguramente por la pasión que ponía su abuelo vasco en el curtido del cuero, Walter Branáa fundó en 1956 en Montevideo la curtiembre que llevó su nombre hasta fines del año pasado cuando se rebautizó como Zenda. Bajo su mando la empresa creció abasteciendo fundamentalmente a la industria local con cuero para calzado y marroquinería, luego sumó cortes para vestimenta, y a fines de la década de 1980 comenzó a hacer cuero para tapicería de muebles, en línea con el aumento de la demanda mundial.
Aunque hasta el día de hoy sigue de cerca las operaciones de la compañía, a la que concurre dos o tres veces por semana, ya en 1992 Branáa pasó la dirección general de la firma a su hijo mayor, Marcel.
En ese entonces la empresa se embarcó en la consecución de varias normas ISO, entre las cuales destaca la que permite vender a las automotrices. En un proceso de crecimiento exponencial, la curtiembre pasó de fabricar 300 cueros diarios 15 años atrás a 6.000 al día de hoy.
Durante la década de los noventa se especializó en cueros de mueble al punto que llegado 1998 se dedicaba exclusivamente a ese nicho. Pero en ese entonces comenzó el trabajo de hormiga para convertirse en fabricante de tapizados para autos de alta gama.
Muestras en mano, el director comercial de la curtiembre, Roberto García, comenzó a tocar las puertas de las más prestigiosas automotrices y la alemana BMW fue la primera en interesarse por tener un proveedor en Sudamérica, una región donde abunda la materia prima. Desde la expresión de interés hasta la primera orden de compra pasaron tres años de exigentes pruebas, cuantiosas inversiones y trabajo duro; pero la apuesta valió la pena ya que Zenda se convirtió con el tiempo en uno de los principales proveedores de cuero de la multinacional alemana. Además, contar con este cliente como carta de presentación, allanó el camino para acceder a las demás automotrices.
"Al inicio fue una inversión de alto riesgo. Después de demostrar que podíamos hacer el cuero, debimos demostrarles también que podíamos ser confiables entregando just in time, ya que ninguna automotriz puede darse el lujo de parar una línea de montaje porque le falta un insumo", recordó Rodríguez.
Y volvió sobre el tema que por estos días le preocupa. "Puedo asegurar que no es lo mismo fabricar cuero para calzado que cuero para automotriz por las inversiones que requiere. En los últimos cinco años invertimos en Uruguay entre U$S 40 millones y U$S 45 millones; no conozco ninguna otra curtiembre que lo haya hecho", disparó.