El mejor asado de lo de Portela

La opción "gourmet" de El Palenque para los visitantes que no se animan con el tradicional corte

El cuchilllo se desliza sin que la carne oponga casi resistencia; escena que se repite con cada corte de carne vacuna que se ofrece en El Palenque, para muchos, una de las mejores parrilladas del país. Desde hace casi 50 años, este reducto cada vez más selecto del cada vez más turístico Mercado del Puerto, ha construido un nombre propio en la gastronomía uruguaya. Y desde 2002 tiene su versión balnearia en Punta del Este.

Sin perjuicio del atractivo folclórico del lugar y de la ambiciosa carta, un producto llama la atención a primera vista por su precio: el bife de tira seleccionado, una especialidad de la casa cuya porción, de aproximadamente 600 gramos, se comercializa a $ 350.

De este plato, que viene acompañado con una selección de verduras, se vendieron en el último enero unas 77 porciones, cifra nada despreciable respecto al caballito de batalla del lugar, el clásico asado, del que se comercializaron 870.

Según explicó a El Empresario Juan Larrosa, jefe de parrilla del restaurante, la diferencia con el asado clásico es que "no tiene azotillo, se sirven dos piezas de cuatro costillas y no tiene una gota de grasa". Además, se cocina en una parrilla especial que se utiliza cada vez que se prepara el plato.

El Palenque se ha convertido con los años en un lugar de referencia para personalidades y últimamente para empresarios donde, reconoció el gerente Alejandro Villalba, "se cierran grandes negocios".

Como antesala de los festejos por el cincuentenario la empresa, propiedad de Emilio Portela, se encuentra en pleno proceso para la obtención de la certificación de calidad de acuerdo a la norma ISO 9001.

Uno de los últimos visitantes ilustres fue el Rey de España, Juan Carlos, quien estuvo en Uruguay en noviembre pasado participando de la Cumbre de presidentes de Iberoamérica. En esa ocasión, el monarca pidió un "baby beef", uno de los cortes top del lugar. Bebió vino Amat de Bodegas Carrau, pagó como cualquier hijo de vecino y dejó suculenta propina.

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