Si usted cree que en el mundo corporativo existen demasiados ejecutivos que piensan "todo depende de mí", está en lo cierto. En las empresas abundan los gerentes que manejan los negocios con mano de hierro, utilizando un "liderazgo desbocado" que sólo se detiene ante los resultados deseados sin reparar en el potencial destructivo de esa conducta.
Una investigación global del Centro McClelland, perteneciente a la consultora Hay Group, y que incluyó a 27 países, documentó la proliferación de este tipo de liderazgo y los daños que causa en las empresas. Las conclusiones fueron publicadas por la directora del Centro, Mary Fontaine, que junto con Scott Spreier y Ruth Mallory, escribió un artículo titulado Liderazgo desbocado: el potencial destructivo del excesivo afán de logro, que lideró el ranking de ventas de la revista Harvard Business Review el año pasado.
De visita por primera vez en Buenos Aires, Fontaine explicó a La Nación las claves de su investigación.
Siempre se elogió el deseo de logro como una fortaleza en una compañía. ¿Ese afán tiene un lado oscuro?
Sí, al enfocarse implacablemente en ciertas metas, un ejecutivo puede perjudicar el desempeño, dando órdenes y coaccionando a sus subordinados en lugar de enseñar y colaborar. Suelen tomar atajos, olvidarse de compartir información clave y no tomar en cuenta las preocupaciones de los demás.
¿Qué consecuencias tiene este comportamiento?
Eso destruye la confianza y socava la moral. Eso irremediablemente reduce la productividad en el lugar de trabajo y erosiona la confianza en la gestión, tanto dentro como fuera de la empresa.
¿Cómo se descubrió el daño que podían ocasionar estos ejecutivos?
El daño que estas personas pueden ocasionar se descubrió a principios de los 60, estudiando las fallas que tenían las empresas fundadas por emprendedores al hacer la transición para convertirse en grandes compañías. Los emprendedores ya no podían ocuparse de todo y tenían que empezar a delegar.
¿Su consultora hizo trabajos para alguna empresa?
Empezamos a trabajar con IBM y cuando Louis Gerstner llegó a la compañía, en 1992, se propuso crear soluciones internacionales globales e hizo un progreso importante en lograr que la compañía dejara de perder dinero, pero no consiguió que creciera en materia de estrategia. Entonces nos llamó para ver qué tenían que cambiar.
¿Qué descubrieron?
Encontramos a muchos líderes que podían implementar estrategias y otros que no. Los que no podían tenían como característica común que eran buenos en conseguir objetivos, y nada más. Estaban preocupados por la eficiencia y les encantaba medir, compararse y mirar los números. Lo que sucede es que cuando hay que globalizarse, hay que levantar la cabeza y mirar alrededor.
¿Qué habilidades tenían los buenos líderes?
La gente que fue capaz de implementar estrategias globales integrales era muy hábil para socializar el poder, generaba mejor clima de trabajo y tenía un buen liderazgo.
Gerstner recibió las conclusiones y allí mismo él anunció a 300 ejecutivos senior que volverían a la escuela para aprender a comportarse de una manera nueva, que fuera consistente con su nueva estrategia. Ellos se convirtieron en un grupo de referencia y se ayudaron mutuamente a cambiar. (La Nación, gda)
Luces de alerta para evaluarse
En una autoevaluación de un ejecutivo, ¿cuáles serían las luces de alerta que señalan que no está siendo un buen líder?
La primera alerta sería si pierde el contacto con su gente, que no confía lo suficiente en él como para darle una opinión sobre la manera en que se está haciendo el trabajo. La manera de advertirlo es fijarse si los empleados se acercan a hablar con el líder sin que él los convoque.
Otra es tener la sensación de que está trabajando más duro que sus subordinados mientras piensa: Yo podría hacer las cosas mucho mejor si no tuviera que confiar en todos estos empleados imperfectos.
La última señal de que se está frente a un líder desbocado es observar si trabaja con la idea del caos perpetuo, porque a estas personas les gusta crear crisis, las disfrutan porque pueden saltar y ponerse al frente.