Impuestos hicieron caer ventas de 0 KM, según los empresarios

| La gremial que representa en Uruguay 30 marcas de vehículos fustiga aumento de los tributos y vacilaciones oficiales

La Asociación del Comercio Automotor del Uruguay (ACAU) atribuye la caída de las ventas de automóviles y utilitarios livianos nuevos durante 2006 a la creciente carga impositiva y a la imprevisibilidad de las decisiones oficiales que afectan el sector, según dijo a El Empresario Ignacio Paz, gerente de la entidad que agrupa a 30 marcas y representa más de 80% del mercado automotor.

A contramano de la evolución general de la economía, y del desempeño del rubro en Brasil y Argentina, las ventas en el mercado doméstico cayeron el año pasado a 15.043 unidades desde las 15.453 colocadas en 2005. Ese año las ventas habían trepado 66%, por lo que la ACAU preveía para 2006 un crecimiento más modesto, pero superior a 20%.

Las marchas y contramarchas del gobierno en torno a la idea de "gasoil productivo", que encarecería este combustible a los particulares, la suba del Imesi a la importación de gasoleros desde 47% a 60%, y la aprehensión de los consumidores a comprar nuevos bienes de cara a la prevista reforma tributaria, figuran entre las causas principales que esgrimen los miembros de la Asociación para explicar la baja.

"Los uruguayos tenemos el dudoso honor de asumir los impuestos más altos de toda América al adquirir una unidad, duplicando, triplicando y hasta cuadruplicando los porcentajes que por el mismo concepto se vierten en otros países de la región", se queja amargamente Paz.

Una vez introducidos al Uruguay desde su país de origen (trámite que en el peor de los casos puede encarecer 32,5% el valor inicia del vehículo, sumados tasas, aranceles de importación y gastos de despacho), toca la aplicación del Imesi, que grava la primera enajenación de distintos bienes a cualquier título, con alícuotas que van desde 0% hasta 60% -según se trate de un producto nafta o diesel, automóvil, utilitario liviano o camión-.

Posteriormente se aplica el Cofis, que grava las importaciones de bienes industrializados y las enajenaciones a cualquier título de dichos bienes con alícuota única de 3 %. Por último el IVA, que grava la circulación interna de bienes, la prestación de servicios dentro del territorio nacional y la introducción de bienes al país, con una tasa básica del 23 %. En esta cadena cada impuesto potencia al anterior, ya que se aplican en cascada, es decir, uno sobre el otro.

En este marco, un auto proveniente del Mercosur con valor CIF (costo más seguro y flete) de U$S 10.000 termina costando U$S 17.100 al consumidor, en caso de que sea naftero, y U$S 21.500 si es gasolero. En el caso de que un coche con el mismo valor CIF provenga desde extrazona, este puede terminar saliendo al público U$S 21.300 en su versión nafta y U$S 26.900 el diesel.

el vecindario. A diferencia del mercado uruguayo, las ventas de automóviles en los vecinos Brasil y Argentina (los dos principales fabricantes de América del Sur) treparon 12% y 14% respectivamente el año pasado.

¿Cuál es el pie en el acelerador? "No sólo la recuperación de la demanda interna, sino la bonanza generalizada de la economía sudamericana. Las historias de éxito en Argentina y Brasil tienen que ver con eso", señala en Detroit Cedric Dellamagne, analista de PwC Automotive Institute. Sólo como muestra, la demanda global brasileña creció 200.000 unidades, la venezolana, tercer mercado del subcontinente, 100.000 y la colombiana, 69.000. Nada mal para intentar hacer pie aprovechando una capacidad ociosa que en Argentina todavía llega al 40%.

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