POR STELLA MARIS PUSINO |
¿Cuál es el negocio de Weyerhaeuser?
Weyerhaeuser es una empresa con asiento en el estado de Washington, originariamente dedicada a la forestación en Estados Unidos y Canadá, que a lo largo de 106 años fue desarrollando todo el complejo industrial relacionado a la madera, con la idea de lograr el 100% de aprovechamiento del árbol y la habilidad de tener plantaciones manejadas en forma sustentable. En los años ´50 Weyerhaeuser fue una de las primeras empresas en desarrollar "fincas de árboles", es decir, manejar las plantaciones forestales como si fueran cualquier cultivo agrícola, en lugar de deforestar el monte nativo, que era lo habitual.
¿Cuándo comienza a expandirse a otros países?
Hacia fines de la década del 90. Pero ya antes, con la base forestal e industrial en América del Norte, por ejemplo, en el negocio de la celulosa, las plantas en Estados Unidos, facturaban U$S 5.000 millones repartidos en tercios iguales entre Asia, Estados Unidos y Europa.
Entonces, ¿cuáles son las principales unidades de negocio?
Son seis: forestación, madera sólida, pulpa, embalaje y transporte, y cada una de ellas a su vez diversificada. El área nueva y en creciente desarrollo es la internacional. Y Uruguay es parte de este negocio.
¿Cuál es la facturación mundial?
El año pasado U$S 22.000 millones; la firma tiene más de 50.000 empleados en el mundo y está presente en los mercados de más de 50 países, en toda Latinoamérica, Asia, Europa.
¿Por qué se decide invertir en plantaciones e industrias en otros países?
Fue resultado de un estudio de posición estratégica respecto de dónde estaba ocurriendo el movimiento de fibra en el mundo y dónde estaría la demanda. Había niveles de crecimiento altos en el hemisferio Sur, mucho más altos que en el Norte, a lo largo de una banda, no tan ancha, que abarcaba desde el Sur de Brasil hasta la mitad de Argentina, incluía Uruguay, seguía hasta el centro de Chile y continuaba por Nueva Zelanda, Australia y Sudáfrica. Entonces invertimos en Australia, Nueva Zelanda y Uruguay. Australia es un mercado cerrado, se consume in situ toda su producción. Nueva Zelanda apuesta al mercado asiático. Uruguay es base para llegar a Europa y Norteamérica y el resto de América Latina, que se irá expandiendo como mercado paulatinamente.
¿En qué año comenzó a ser observada esta situación?
Allá por 1997. En 2000 ya estábamos muy comprometidos con el proyecto en Uruguay, veníamos plantando más de 10 mil hectáreas anuales.
¿Es allí cuando nacen las empresas Colonvade y Los Piques?
Sí. Weyerhaeuser es socio gerencial en Colonvade, en el que tiene el 50% de las acciones. El resto pertenece a accionistas particulares. En el 2000 compra también el 50% de Los Piques, la inversión en Uruguay de una empresa forestal canadiense, con 30.000 hectáreas ya cultivadas y también como socio gerencial. En 2004 se instala Weyerhaeuser Uruguay, como tercera empresa, con capitales exclusivamente propios. Es decir, una sola le pertenece en su totalidad, pero gerencia las tres empresas.
¿Cuál es el patrimonio en tierras de la empresa hoy?
Tenemos alrededor de 140.000 hectáreas, en Rivera, Tacuarembó, Cerro Largo y Paysandú.
¿Con qué especies forestadas?
Pino y eucaliptos. Hoy tenemos un 70% de pinos, pero a largo plazo se habrá balanceado en el 50% para cada especie, porque hemos visto que da resultado el trabajo que comenzamos en Brasil hace nueve años, de establecer eucaliptos como potencial sustituto de maderas tropicales. No es fácil conquistar los mercados para esto con eucaliptos, pero en Brasil estamos teniendo éxito con madera sólida para tablas y en paneles, que se producen en Tacuarembó, especialmente para sustituir las maderas que venían de Indonesia.
¿Cuánta gente trabaja para ustedes?
En todos los proyectos, casi 2.000 personas.
¿Cuál ha sido la inversión local?
Excede los U$S 300 millones. La primera fase en la planta de tableros y contrachapados de Tacuarembó fue de U$S 45 millones. El proyecto contempla la construcción de una segunda línea a partir de este año.
¿Esta es la única planta en Uruguay?
Sí, la primera. Vamos a necesitar más en razón de la masa forestal establecida. El resto de las inversiones vendrán cuando el monte lo dicte y cuando lo dicte el éxito en el mercado. Nuestra apuesta es comercializar madera con valor agregado y tenemos muchas opciones. Podemos construir más plantas como la de Tacuarembó, construir aserraderos para hacer tablas, plantas para madera aglomerada. Todas estas opciones tienen diferentes consumos de materia, y distintos costos. Pueden ser cinco plantas nuevas, pero para distintos productos.
¿Ustedes sólo exportan estos paneles? ¿A qué destinos?
Sí. A Inglaterra, México, Argentina, Chile. En 2006 con pocos meses de producción llegamos a los 5.000 metros cúbicos; este año se apunta a 90.000, y el próximo a 130.000, que es la capacidad total de la primera línea de producción. Después de esto podemos duplicar el volumen. Es decir, 260.000 metros cúbicos, todo para exportación en la región y también fuera de ella.
En este tipo de industria ¿en qué tiempo se recupera la inversión?
Depende de los mercados, los precios pueden cambiar brutalmente de un año al otro. Nosotros manejamos un horizonte de 15 años. La idea es recuperar lo máximo posible en los primeros cinco. La ventaja de estar en Uruguay es que cargo el barco y lo dirijo a donde convenga, además de tener la ventaja de su ubicación estratégica, frente a los competidores más fuertes que tenemos que están en Chile. Ellos acceden fácilmente a Asia y la costa Oeste de América del Norte, pero no a Europa, Estados Unidos y América Latina.
¿El negocio de la celulosa en Uruguay interesa a Weyerhaeuser?
No; apuntamos desde el primer día a establecer plantaciones de madera sin nudo para imprimirle valor agregado como tabla. Lo que es una realidad es que el complejo maderero en cualquier país, para que sea rentable y aprovechado al máximo, tiene que incluir muchas industrias. Hay un porcentaje de nuestra producción que no vamos a aprovechar. Esa parte puede llegar a ir a una planta de celulosa.
¿Cuándo verá Weyerhaeuser el pico de producción?
Entre el 2012 y 2015.
¿Siguen comprando tierras?
Sí. La idea es tener suficiente tierra para mantener la escala a nivel mundial de materia entrando a la industria para conservar los costos adecuados.
¿Qué consecuencias trae al sector, en su opinión, el conflicto por la instalación de las plantas de celulosa?
Lo positivo es que ha polarizado al pueblo uruguayo a favor de inversiones que generan fuentes de trabajo; entienden que proyectos como el de Botnia son buenos para el país. Lo negativo es el impacto en las relaciones entre Argentina y Uruguay. Pero el problema en Uruguay es que mucha gente piensa que el sector forestal es sólo celulosa y sólo Botnia, y en realidad ellas sólo suponen el 50% el sector forestal nacional.
¿Es por esta razón que ustedes cambian ahora de estrategia y levantan el bajo perfil que hasta ahora tuvieron?
Sí, pero también salimos a darnos a conocer porque estamos ingresando en la etapa industrial. Este es el momento de darnos a conocer, no antes, cuando estábamos comprando tierras y plantando. Pero paralelamente, vi que había en la sociedad muchas preguntas y que nadie las respondía. ¿El eucalipto sólo sirve para celulosa? No. Hay cientos de hectáreas que se destinan a madera con valor agregado para uso en muebles, gabinetes, y se venden en mercados globales importantes. ¿Vienen a plantar, talar una vez e irse o a manejar en forma sustentable la explotación? Son preguntas serias para cuyas respuestas o discusión no hay ámbito propicio creado. Si el sector forestal es importante en Chile, imagine lo que puede ser en Uruguay, en donde hay más tierras en donde plantar.
Usted se reunió con los representantes de EE.UU. que llegaron al país para la firma del TIFA. ¿Cuál es su opinión sobre este acuerdo?
Es un mecanismo para establecer un ámbito de discusión y establecer parámetros para hablar de temas comerciales. Y esto es importante porque he visto que los acuerdos comerciales suelen ser conversados como temas ideológicos o políticos y no como acuerdos comerciales. El TIFA da el marco para que las fuerzas políticas de ambos países puedan hablar de cuestiones comerciales, que es lo que interesa al sector privado, y no entablar debates filosófico-políticos. Es como dicen ustedes: "bajar la pelota al piso".
¿Es necesario para el sector forestal de Uruguay tener un mejor acuerdo comercial con Estados Unidos?
Esto mismo me preguntaron los representantes de Estados Unidos en el encuentro. El tema debe quedar clarito: nosotros vinimos acá, invertimos fuertemente en este país más de U$S 300 millones, continuamos haciéndolo, y esto recién empieza. Sabiendo que tardamos 20 años para la primer tala de pinos, que demoramos 16 para la primera de eucaliptos, que levantamos plantas de construcción que implican proyectos a quince años, lo que puede afectar estas decisiones nuestras es la medición del riesgo. Un acuerdo comercial ayuda básicamente disminuyendo riesgos. Para esto hay que definir áreas de juego y reglas claras. Aranceles, por ejemplo.
Hoy puedo exportar mis tableros uruguayos a Estados Unidos sin arancel. Brasil, al Sur, es decir, a pocos kilómetros de acá, paga el 14% de arancel. Cada año el gobierno de Estados Unidos decide con quien incentivar su intercambio comercial, y esto es evaluado cada 12 meses. Es decir, mañana Uruguay puede pagar arancel. Un acuerdo reduce el riesgo, me quita preocupaciones. Hoy, en cambio, tenemos que tener un "plan b" siempre porque las condiciones se modifican año a año. Esto es lo que determina el éxito de cualquier acuerdo con EE.UU. Y en todos los sectores de la industria, no solo la forestal.
Perfil
Nombre: Marvin Raymond Risco Pérez
Ocupación: director ejecutivo para Sudamérica de Weyerhaeuser
Edad: 41
Estado Civil: Casado; tiene una hija de cinco años.
Nació en Perú, pero se fue a los 13 a EE.UU., donde es ciudadano desde 1998 y reside en Montevideo desde 2005. Es contador y trabajó para Gillette en California y en Europa.