Devoluciones de impuestos

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JULIO PREVE FOLLE

La instalación del nuevo gobierno y el comienzo de una nueva discusión sobre el presupuesto nacional parecen la ocasión perfecta para establecer un nuevo y mejor régimen de devolución de impuestos indirectos. Como es de conocimiento, el actual consiste en el establecimiento de una tarifa plana para todos los exportadores, que supuso una reducción que en términos agregados ahorró al gobierno una cifra de entre 50 y 60 millones de dólares. Fueron famosas en aquel entonces las declaraciones oficiales que se difundieron, señalando que lo que se quitaba por un lado se devolvería luego en proyectos productivos para los mismos sectores, lo que notoriamente no ocurrió. Se trató pues de un simple ajuste fiscal, responsable parcial de aquel famoso "espacio fiscal disponible" al que se refería Astori, que supuso aumentar el gasto discrecional real, esto es excluidas las pasividades, en nada menos que un 67% del PIB, es decir el doble del crecimiento del producto. Y se trató también de otra modalidad desechable de gobierno caso a caso, proponiendo devolver por encima de la tarifa plana con arreglo a algún procedimiento, a algún trámite, a la conformidad de algún funcionario de confianza, lo que no ocurrió.

DEVOLVER LA LEGALIDAD. Al reformar el sistema, el gobierno se expuso a una cantidad de controversias, por no atender las obligaciones de la Ley 16.492, art. 2 y 3. Esta ley creó un sistema de devoluciones que no es facultativo del gobierno sino obligatorio: si hay impuestos indirectos hay que devolverlos. Si el gobierno no lo hace incumple esta ley, como lo sostienen juristas como el Dr. Gonzalo Ramírez, y notoriamente importantes sectores productivos que han recurrido el decreto del nuevo régimen en razón de esta ilegalidad más que probable.

En razón de tratarse de un régimen no facultativo, el gobierno debió devolver todos los impuestos indirectos o modificar la ley. Antes de su vigencia las devoluciones eran discrecionales, lo que el legislador aparentemente quiso corregir. En este sentido el gobierno negó la devolución de algunos impuestos indirectos como por ejemplo el Imeba (Impuesto a la Enajenación de Bienes Agropecuarios), que es notoriamente un impuesto a las ventas, indiscutiblemente indirecto y por ende obligatoriamente "devolvible". Precisamente la OMC define impuestos indirectos así: por "impuestos indirectos" se entenderán los impuestos sobre las ventas, el consumo, el volumen de negocio, el valor añadido, las franquicias, el timbre, las transmisiones y las existencias y equipos, los ajustes fiscales en la frontera y los demás impuestos distintos de los impuestos directos y las cargas a la importación. (Anexo I del Acuerdo sobre Subvenciones, nota al pie número 2, literal e). Queda claro pues que aunque una fracción del Imeba integre el pago del Impuesto a la Renta, directo, en todo o en parte el Imeba se debe devolver. Lo mismo ocurre con otros tributos. Un informe de Opypa explicaba que se aceptaba la devolución de algunos impuestos a las ventas con destino específico (LATU, FIS) pero otros no, sin sentir la menor obligación de coherencia. En efecto, el criterio de devolución dejó de ser si el impuesto es o no indirecto sino si, a juicio de la administración, es útil lo recaudado al sector que lo paga o no lo es. Esto explica que se devuelva el tributo destinado al LATU, considerado inútil por la administración, y no el destinado al SUL o a INAC a los que juzga mejor; en cuanto al FIS (Fondo de Inspección Sanitaria) resolvió devolver una parte, la que excede a lo que gastan los veterinarios oficiales. Así como es grande el error al no considerar indirectos los impuestos a las ventas, más grande es la incoherencia cuando se juzga de modo distinto idénticos impuestos con destino específico, según la bondad subjetiva de las instituciones que financian. Lo primero entonces que debe hacer el gobierno es arreglar el tema jurídico.

MÁS COMPETITIVIDAD. Hay que dejar muy claro que el retraso cambiario en el que vivimos tiene un componente interno severo. Es verdad que el dólar se ha debilitado y que hay inflación en Estados Unidos. Si en todos los países las conductas macroeconómicas fueran las mismas, todos los países padecerían idéntico cambio de su relación entre moneda propia y dólar, y consecuentemente no habría modificaciones relativas de los países entre sí debidas a sus tipos de cambio de paridad. Si se consulta en la web del BCU la situación actual de competitividad relativa debida a nuestras respectivas relaciones cambiarias, se verá que estamos en un momento malo respecto del mundo. Hay países con los cuales nuestra situación es mejor o peor, pero en cualquier caso algo hay que hacer. Es difícil abordar este tema desde las políticas generales; a largo plazo todos sabemos que la corrección sobreviene tratando de convertir en transables, sujetos a precios internacionales, muchos bienes y servicios no transables sometidos a precios políticos: por ejemplo tarifas públicas, salarios, etc. Pero si esto no es posible, al menos, aliviemos la mochila de los exportadores en algunos rubros. Uno primero es este de las devoluciones de impuestos que como mínimo deben volver al nivel anterior, revisando incluso la inclusión de tributos inobjetablemente indirectos que ya anteriormente no se reconocían. Otro puede ser proporcionarles costos energéticos a valores internacionales.

No escapa a mi consideración que en quince años ha bajado el consumo de combustible por hectárea -de donde procede el Imesi- y ha aumentado la productividad, de manera que los mismos impuestos se distribuyen en más toneladas de producto entre las cuales repartir el beneficio de la devolución. Pero estas reducciones son mucho menores que la inclusión en el sistema de impuestos que no se han tenido en cuenta como los señalados.

DIRIGISMO. Finalmente una advertencia. Si el régimen se empieza a convertir en algo discrecional como se insinúa, y se empiezan a devolver impuestos según la condición estratégica de un sector a juicio de algún ministro, o de acuerdo al momento económico que otro está viviendo a juicio del gobierno, nos metemos en un corral de discrecionalidad y dirigismo de difícil retorno.

No se deben confundir instrumentos; si hay un sector titular de ayudas, éstas deben adquirir la forma de subsidios con arreglo a normas legales claras. En cambio, si se empieza a perder la neutralidad en el régimen, y se convierte en un "a vos no, a vos sí" sin reglas generales, conforme a solicitudes a oficinas, definitivamente debería dejarse de lado.

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