JULIO PREVE FOLLE
La instalación del nuevo gobierno ha generado un clima favorable para el entendimiento general, lo que resulta vital para la actividad económica. Ésta requiere no solo del cuidado de los grandes equilibrios que se descontaba, sino también de un ambiente de respeto a la actividad empresarial y de apertura al mundo. Esto parece que ocurrirá con el nuevo ministro de Ganadería.
EL AGRO AUSENTE. La ausencia absoluta del tema agropecuario en todos los discursos en los que se manifestaron prioridades de gobierno representa creo una enorme ventaja para el sector y también para el ministro. En efecto, una amplia coincidencia señala como prioritarios cuatro temas: educación, energía, medio ambiente y seguridad pública. Esto quiere decir que los temas económicos están fuera de discusión; y si eso obedece a una maduración de ideas de largo plazo, el progreso es evidente. Ya no solo no hay que defender pues una política general de grandes equilibrios, sino que los temas más importantes del agro a lo mejor también se consideran laudados. Así, por ejemplo, imagino que las políticas de apertura y desregulación, que son las que operan en los grandes rubros que crecen, que se consolidaron en los noventa, no se tocarán más, pese a algunos intentos de los ministros anteriores que finalmente no cuajaron. Y respecto al funcionamiento del sistema de precios, parece difícil imaginar que las presiones ilegítimas que se hicieron por ejemplo sobre la producción de carne, prosperen con un ministro como éste.
Como algo menor queda sí toda la granja, cerrada a cal y canto, sin expectativa de futuro, sobre la que al menos aspiro a que si se la va a seguir protegiendo, esto se haga con arreglo a derecho, un enorme debe de la administración que se va.
INSTITUCIONALIDAD. Habló el ministro de construir institucionalidad para generar emprendimientos de largo plazo. Como no creo que confunda crear institucionalidad con fundar instituciones, pienso que se refiere a asegurar la existencia de algunas reglas de largo plazo que funcionen más allá de decisiones coyunturales. Si esto es así también supondrá un progreso respecto de lo que vimos, una administración del MGAP que se propuso introducir discrecionalidad detallada en múltiples intervenciones. Ese caso a caso, ese cambio del poder de la norma por el poder del dedo, es una forma clara precisamente de destruir institucionalidad. No nos olvidamos que ahora hay que pedir permiso caso a caso para tener una sociedad anónima, para autorizar transgénicos, para importar muchas cosas, y se amenazó con el permiso caso a caso para realizar algunos cultivos, o para comprar tierras por parte de extranjeros. Si la norma general, buena o mala, se sustituye por el permiso individual, hay destrucción de libertad empresarial y de institucionalidad. Y en esto quiero ser muy claro: una cosa es querer que se cuiden los recursos, el suelo, que en eso todos estamos de acuerdo, y otra muy diferente que se introduzca un caso a caso con desplazamiento de la responsabilidad individual al Estado por el cuidado de la tierra. Cuando decisiones importantes vinculadas al qué, cuánto o cómo producir se desplazan al colectivo intervencionista, ello es tanto como confundir el origen democrático de un régimen con el funcionamiento democrático del Estado. Bienvenida pues la institucionalidad si supone retroceso de discrecionalidad, a favor de la neutralidad de la norma jurídica, una deuda del ministerio que se fue.
EDUCACIÓN RURAL. Hay aquí también un acierto del ministro. El impulso a la educación agraria no terciaria, lo digo por experiencia directa, es poco probable que la puedan impulsar autoridades nacionales que como es entendible tienen otras prioridades. Quizás solo la jerarquía política de una Dirección de Educación Agropecuaria dentro del MGAP pueda encarar el desafío de dotar a todo el sector de oportunidades de calificación del trabajo. Es necesario facilitar totalmente la coparticipación de las empresas en la enseñanza rural. Es preciso no solo que puedan donar con más facilidad que hoy los materiales didácticos, en ocasiones deducibles de impuestos; es necesario sobre todo que participen en la generación de planes de enseñanza hoy centralizados, en el diseño de las permanentemente nuevas destrezas que se van requiriendo, pensando en utilizar fondos públicos no solo para la educación como está, sino para contratar con las instituciones de enseñanza que sea, públicas o privadas, los cursos que la demanda empresarial o gremial promuevan. Conozco algunos casos exitosos pero con enormes dificultades institucionales que quizás se puedan resolver a partir de un sitio de jerarquía política dentro del MGAP. A la vez, desde un espacio así es más fácil convocar cooperación tanto de fundaciones como de organismos internacionales para coorganizar, contratando instituciones de enseñanza o simplemente profesionales expertos, toda una rica retahíla de cursos tan variados como el progreso mismo.
La verdad que es impresionante la red de escuelas dependientes de UTU y de otras instituciones privadas en todo el país. Y también constituye un reclamo de todas las empresas la necesidad de nuevas capacidades y destrezas. Hace falta pues poder reunir, sin limitaciones burocráticas o centralistas, todos los esfuerzos dispersos que hay por allí desde una dirección del MGAP que bien podría convocar a empresas, a instituciones proveedoras de educación, al régimen tributario, a la cooperación internacional, aprovechando además la sensibilidad especial de hoy con el tema Responsabilidad Social Empresarial, un modo moderno de llamar a esfuerzos muy viejos.
Si el MGAP se propone ganar en institucionalidad, promover la educación, fortalecer la negociación agrícola internacional hoy alicaída, generar más reglas y menos intervenciones detalladas, si se preserva la libertad empresarial en lo fundamental, el futuro es mejor y el cambio respecto de lo que venía muy relevante. Sobre todo porque -además- el ministro entrante en sus designaciones parece querer fortalecer el perfil profesional, sin mirar pertenencias a grupos o grupetes, sin rencores para quienes piensan diferente. En eso también hay aparentemente un cambio saludable.