Se agotó el modelo de convenios

| El caso a caso, dentro de un marco general, parece ser la mejor herramienta para enfrentar el desafío simultáneo de competitividad y reducir la pobreza

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HORACIO BAFICO Y GUSTAVO MICHELIN

Hay señales políticas de que la agenda de la nueva ronda de convenios salariales incorporará la captación de criterios de crecimiento en las remuneraciones por productividad, diferenciando las realidades de los sectores (¿y de las empresas?) y manteniendo como ajuste por inflación el anuncio o meta fijada por el Poder Ejecutivo. También la central sindical está manejando como elemento de negociación con el gobierno la fijación de un Salario Mínimo Nacional (SMN) más alto y con ajustes de acuerdo a la variación de precios de una canasta de bienes. Estos temas se analizan primero desde la perspectiva macroeconómica, luego del análisis de los sectores de actividad y las tres rondas de convenios y, finalmente, el análisis del posible impacto del SMN en el mercado laboral.

COMPETITIVIDAD. La evolución del salario real tiene una contrapartida macroeconómica que es el tipo de cambio real. No existe una relación perfecta pero sí hay razones estructurales y de funcionamiento de la economía para determinar que, cuando el salario real sube, el tipo de cambio real baja. Esta relación se ilustra perfectamente en el Gráfico Nº 1.

El cambio más fuerte y abrupto se vivió con el desarrollo de la crisis del 2002 donde, a pesar de tratarse de datos suavizados por ser promedios de seis meses consecutivos, se ve como el salario real pierde 20% de su poder adquisitivo y el tipo de cambio real aumenta en el orden del 30%. Luego hay una vuelta gradual a los valores originales que se igualan al final del 2007. La tendencia se profundiza en los dos últimos años y se espera que a mediados del 2010, cuando se comience a hablar de acuerdos salariales, la distancia resulte similar a la que había antes del 2001.

¿Dónde está el impacto de estas variables? Queremos destacar dos que hemos desarrollado en las últimas semanas. El primero en la industria manufacturera, donde se ha afectado la capacidad de generar empleo y crecimiento de la producción. Si no se consideran las industrias localizadas en Zona Franca, el año pasado se registró una caída en la producción del -5,5%. Las empresas en Zona Franca (crecieron 4,4% en 2009) son mucho más intensivas en capital que la industria promedio y por lo tanto se ven menos afectadas por la variación de los costos salariales en dólares.

El segundo impacto es en la relación entre precios transables y no transables en la canasta del IPC que se sigue deteriorando mes a mes y se ubica en febrero un 2% por debajo del promedio del año 2001. En la economía se han abaratado los bienes importados y exportables fuertemente en relación a los servicios y bienes que no se exportan, hasta el punto que en términos relativos están 2% más baratos que en el 2001 y mucho más baratos (8%) que en 1998.

SECTORES. El análisis macroeconómico se puede complementar con un nivel más de detalle. Para ello se considera dentro del sector privado, la evolución de los salarios reales en los principales sectores de actividad. En el cuadro se presentan incrementos reales (corregidos por el IPC) de los salarios sectoriales en relación al año terminado en junio de 2005. Se divide la variación en tres períodos correspondientes al momento final de cada una de las tres rondas de negociaciones colectivas: primera ronda, 12 meses a junio del 2006; segunda ronda, 12 meses a junio del 2008; y tercera ronda, enero del 2010. Como el sector de educación ajusta en febrero se estimó el aumento y se adjudicó al primer mes del año.

Las tres rondas de negociaciones arrojaron un aumento del salario real del 31%, superando la pérdida observada durante la crisis del 2002. Los mayores incrementos se comprueban en el personal de las empresas que prestan servicios a las empresas y actividades inmobiliarias (+49%) y en el comercio (+37%). Donde los aumentos fueron más discretos son los sectores bancario (sorpresivamente el INE no registró aumento en enero del 2010 cuando el convenio indica un 3%) y en la educación privada (23%).

Ya hemos señalado la importancia de que los nuevos convenios se focalicen en la productividad y que permitan la distinción entre empresas dentro de cada sector de actividad y dentro de algunas empresas por grupos de actividad. Esto llevaría a niveles de acuerdo marco y luego implementaciones a nivel de cada empresa de convenios laborales. Esto se vive claramente cuando se mira al interior de la industria manufacturera donde detrás de un promedio de ajuste del 31% se encierran variaciones del 19% en los textiles y del 45% en productos metálicos. Esta diferencia se agrava cuando se observan empresas de distintos tamaños y realidades de mercado dentro de cada sector.

MÍNIMO. Desde enero, el nivel del Salario Mínimo Nacional (SMN) es de $ 4.799. El SMN ha registrado fuertes incrementos desde que en el 2004 se aprobó una ley que desvinculó a esta variable de algunas indexaciones, particularmente determinadas prestaciones de la seguridad social. En el gobierno del Dr. Batlle se aprobó un incremento desde $ 1.310 a $ 2.050 y en los cinco años de gobierno del Dr. Vázquez se observaron ocho incrementos hasta alcanzar la cifra actual.

El impacto del SMN, si su valor sube mucho, hace que los salarios de los empleos que quedan por debajo reciban un aumento en primera instancia pero que a partir de dicha obligación mínima comiencen a ajustar por cantidad. Esto significa menos puestos de trabajo para posiciones laborales de menor nivel salarial ya sea porque las empresas intensivas en mano de obra no calificada dejan de ser competitivas o porque sustituyen el trabajo humano por el de las máquinas.

Otro inconveniente del SMN es que es único y por lo tanto afecta no solo a diferentes actividades sino que se aplica el mismo valor en regiones distintas del país. Son marcadas las diferencias en niveles salariales para trabajos similares en Montevideo y en el interior y dentro del interior entre las ciudades grandes y las pequeñas. Lo mismo sucede con el costo de vida. Lo que puede ser holgado para unos puede resultar asfixiante para otros.

Por lo tanto, se trata de un nivel que hay que observar en relación a otros precios. En el Gráfico Nº 2 se presenta la evolución del SMN dividido por el salario promedio del sector privado en los últimos 10 años. Es impresionante la regularidad del índice, previo al ajuste de enero del 2005. En ese momento recibe un aumento del orden del 50% y a lo largo del gobierno que acaba de terminar aumenta un 33% adicional para ubicarse en el doble que al comienzo del gráfico.

Es una primera señal de alerta; en el pasado reciente aumentó mucho en relación a un período donde no había generado dificultades ya que en el peor momento de la crisis y con un gran desempleo en la economía no se observaron juicios por incumplimiento del mínimo.

En el Gráfico Nº 3 se analiza desde otra óptica la evolución del nivel del SMN. Se compara el nivel único para todo el país en cada momento con el valor utilizado para determinar si los hogares se encuentran en situación de pobreza. La evolución es similar que en el gráfico anterior pero en este caso se ilustran los dos efectos de preocupación: se trata de un mínimo que actualmente se encuentra en promedio en el valor considerado como el mínimo ingreso per cápita en un hogar para no ser considerado "pobre"; en el interior lo supera un 20% y en Montevideo es un 20% inferior.

Por lo tanto, la variable política a nivel nacional está entrando en terreno de potenciales distorsiones en parte del interior del país y refuerza la preocupación macroeconómica con que se abriera este análisis. No parece existir margen para el voluntarismo; para sacar a la población de la pobreza empieza a ser necesario instrumentar políticas que permitan una ganancia de productividad en la mano de obra menos calificada y que se transmita a los salarios respetando cada realidad individual.

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