No se está observando una caída de la edad de retiro en Uruguay

| En los países desarrollados hay una disminución importante en la proporción de hombres mayores de 55 años en actividad

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JORGE REBELLA

El trabajador de clase media y media alta con suficiente antigüedad de contribuciones a la seguridad social pierde buena parte de los ingresos laborales por cada año adicional de actividad al privarse de la jubilación y tener que efectuar aportes al BPS, afirmó el economista Álvaro Forteza, docente e investigador del Departamento de Economía de la Facultad de Ciencias Sociales de la UdelaR. En diálogo con ECONOMIA & MERCADO, el entrevistado analizó los resultados de sus recientes trabajos sobre las tendencias en el retiro de los trabajadores uruguayos. A continuación se publica un resumen de la entrevista.

-En 1996 se puso en vigencia una reforma de la seguridad social en Uruguay que estableció un sistema previsional mixto. ¿Compensa el monto de las jubilaciones del pilar de reparto, que es administrado por el Banco de Previsión Social (BPS), los aportes efectuados por los trabajadores a lo largo de su vida laboral?

-En principio, la respuesta es negativa si se entiende que, con ese mismo dinero depositado en una cuenta bancaria o con otra inversión de largo plazo, el trabajador podría financiar una jubilación mayor que la que le ofrece el BPS. En cambio, el retorno es más alto en el pilar de las cuentas individuales, siendo comparable con la rentabilidad de los activos financieros.

-¿Se podría corregir ese defecto del pilar de reparto que perjudica al trabajador cuando se jubila?

-El problema del bajo retorno que presentan los sistemas de seguridad social antiguos tiene que ver con hechos que ya no se pueden deshacer. Me refiero básicamente a que las primeras generaciones que se jubilaron fueron muy beneficiadas, tanto en Uruguay como en el resto del mundo. Eso suele suceder en la primera etapa de los regímenes jubilatorios porque hay muchos trabajadores contribuyendo y pocos pasivos percibiendo las prestaciones. Entonces, resulta relativamente fácil para los políticos hacer ofertas generosas a los afiliados del sistema previsional. Por supuesto, la contraparte inevitable de ese gasto inicial es el bajo retorno que ofrece el sistema a las generaciones siguientes.

-¿No se ha intentado mitigar esos bajos retornos en Uruguay?

-Se ha tratado de mejorarlos por la vía de sustituir el sistema público tradicional de reparto, también llamado de solidaridad intergeneracional, por el sistema de ahorro individual. Sin embargo, creo que esto no resuelve el problema fundamental de los bajos retornos. Es cierto que un sistema de cuentas individuales tiende en general a pagar jubilaciones mayores, por peso de contribución, que un sistema de reparto en su etapa madura. Pero, al sustituir un sistema de reparto por uno de ahorro individual, debe atenderse también las obligaciones generadas con quienes contribuyeron en el pasado al sistema de reparto.

Para hacer frente a esas obligaciones que el sistema de cuentas individuales no atiende, el gobierno debe cobrar impuestos. Una vez que se incluyen esos impuestos en la cuenta, se ve que en realidad el retorno del sistema reformado es inferior al rendimiento de las cuentas de ahorro individual. Volvemos entonces al punto de la pregunta anterior: los bajos retornos actuales derivan de obligaciones contraídas en el pasado. La introducción de un pilar de cuentas individuales no altera este hecho y, por lo tanto, no "resuelve" el problema de los bajos retornos. No se puede transmitir la ilusión de que existe una solución fácil, de que basta con cerrar el sistema de reparto y sustituirlo directamente por el sistema de ahorro individual que rinde mucho más.

-¿Cuál es el costo de ese pasaje de un sistema a otro?

-La contraparte de pasarse a un sistema de ahorro individual es que el Estado reconozca y financie los derechos ya generados por trabajadores que aportaron durante muchos años. Y, de hecho, son los contribuyentes quienes lo financian a través de otros impuestos que no están directamente vinculados con la seguridad social como, por ejemplo, el IVA. En resumen, el bajo retorno del pilar de reparto de la seguridad social es el resultado de esa deuda enorme que el sistema tiene con los actuales pasivos y con muchos trabajadores que ya han contribuido durante varias décadas.

Desigualdad

-¿Es igual el rendimiento de las jubilaciones en relación a los aportes efectuados por los afiliados de bajos y altos ingresos?

-En general, no lo es en ninguna parte del mundo porque los sistemas de seguridad social apuntan a ser redistributivos desde ricos a pobres a efectos de reducir la desigualdad del ingreso. Nuestro país no es una excepción en esta materia ya que cuenta con un sistema previsional que distribuye progresivamente. En principio, los pobres obtienen retornos más altos que los más ricos. Sin embargo, hay algunos factores que pueden bloquear este intento y, por tanto, deshacen al menos parcialmente la progresividad del sistema.

-¿A qué factores se refiere específicamente?

-El factor más importante, al menos en los países desarrollados, es el hecho de que los pobres viven menos. Todo lleva a pensar que esto es igual o peor en las economías en vías de desarrollo, pero no disponemos de tablas de mortalidad diferenciadas por niveles de ingresos que nos permitan confirmar esa conjetura en la mayoría de estas naciones.

En algunos países de América Latina, se agrega otro factor que impacta negativamente a la distribución equitativa de las jubilaciones. Los pobres tienden a tener carreras laborales más cortas debido a las muchas interrupciones que acontecen en sus trabajos. Esta afirmación sí la podemos corroborar con datos que proporciona el BPS. Como los trabajadores con ingresos más bajos generalmente contribuyen menos años a la seguridad social y el sistema previsional uruguayo castiga fuertemente a quienes aportan durante períodos breves, eso lleva a que las personas más pobres tengan resultados peores de lo que, en principio, se hubiera esperado para carreras laborales normales, es decir para quienes contribuyen durante 35 años. Este segundo factor atenta contra la progresividad del sistema.

-¿Se puede deducir que el diseño del actual régimen previsional castiga a los trabajadores de bajos ingresos?

-Si una persona contribuye a la seguridad social durante 20 o 25 años, recién va a tener derecho a recibir una jubilación a los 70 años de edad, según lo establecido por la Ley Nº 16.713 aprobada en 1995. Esa prestación es muy tardía y mucho menor a lo que pueda percibir, en términos relativos, quien se jubiló con 35 años de servicios. Lógicamente, el retorno de sus aportes va a ser muy bajo. Por lo general, esas personas tienden a percibir bajos ingresos, porque los sectores medios y altos suelen tener carreras laborales más extensas.

-¿Se acepta en el resto del mundo que los sistemas de seguridad social sean redistributivos para reducir la desigualdad en los ingresos de la población de la tercera edad?

-Sí. La mayor parte de los sistemas de jubilaciones tienden a ser redistributivos. Uno de los objetivos es reducir la desigualdad y el riesgo de pobreza en la tercera edad. Lógicamente, esto también plantea un desafío en términos de incentivos. Cualquier programa de redistribución de ingresos distorsiona los incentivos porque es un castigo a la acumulación de riqueza y a los esfuerzos individuales. Por lo tanto, la solución consiste en balancear esos dos fines: minimizar las distorsiones para el logro de una sociedad adecuadamente igualitaria.

Aportes

-¿Cuál sería el costo de un seguro completo, es decir que cubra totalmente al trabajador con independencia de la cantidad de años que aportó al sistema?

-Esa posibilidad presenta un serio inconveniente porque hay un incentivo para no contribuir al fondo previsional. Debido al riesgo moral que implica este caso, los seguros jubilatorios son típicamente parciales, es decir que se hace al asegurado corresponsable del resultado. En el fondo, se aplica el mismo razonamiento que en los deducibles de los seguros tradicionales a efectos de mantener la responsabilidad del asegurado.

En cambio, el sistema de prestaciones acordes con la cantidad de años de aportes del afiliado no ofrece un seguro contra el riesgo de que ese trabajador pierda el empleo más allá de su voluntad. Por lo tanto, las soluciones tienen que ser intermedias, o sea que tengan en cuenta a estas dos fuerzas que van en sentidos opuestos.

-¿Qué opina de la posibilidad de que el Estado uruguayo le asegure los aportes jubilatorios a los trabajadores en caso de quedar cesantes en sus empleos?

-El tiempo en que un trabajador está cubierto por el seguro de desempleo se computa a los efectos del cálculo de la pasividad, es decir que mientras está amparado por ese régimen acumula meses de servicio para la jubilación. Lo percibido por seguro de desempleo sólo se considera para el cálculo de la jubilación si resulta beneficioso para el trabajador. Este tema está relacionado con dos cambios que se introdujeron al régimen de la seguridad social en 2008. Uno es la flexibilización en las condiciones de acceso a la jubilación y el otro se refiere a ciertas modificaciones en el seguro de desempleo. Ambos cambios combinados pueden tener un impacto relativamente importante, incluso sobre la edad mínima de retiro. En concreto se estableció la posibilidad de acceder al seguro de desempleo durante dos años a los trabajadores de 58 años de edad que hubieran estado desempleados en los últimos doce meses y que hubieran hecho aportes durante 28 años. A este grupo en particular el Estado le efectúa los aportes previsionales correspondientes.

Tasas de actividad

-¿Cuál es la tendencia mundial en cuanto a la edad de retiro?

-Se ha observado en los países desarrollados durante las últimas décadas una disminución importante en la proporción de hombres mayores -digamos de 55 años y más- que trabaja. Esto dice que se está adelantando el retiro. Esta caída de la tasa de actividad de los hombres maduros llama la atención de los especialistas porque se hubiera esperado lo contrario cuando los índices de longevidad están aumentando sensiblemente en todo el mundo. Si la gente es ahora más sana y vive más tiempo, sería razonable esperar que trabajase más tiempo.

-¿Cómo se explica ese fenómeno mundial?

-La literatura especializada ofrece básicamente dos explicaciones de la caída de las tasas de actividad. Se argumenta, por un lado, que la reducción de la tasa de actividad de los adultos mayores y el retiro más temprano son parte de un proceso de aumento del consumo de ocio que se produce como consecuencia del aumento de la riqueza. Por otro lado, se afirma que los sistemas de seguridad social están induciendo al retiro más temprano porque se ha incrementado su generosidad, es decir ofrecen una mayor cantidad de beneficios.

Otro tipo de evidencia tiene que ver con el hecho de que los sistemas previsionales castigan a quienes se retiran tardíamente. Por su diseño actual, la inmensa mayoría de los sistemas jubilatorios le cobran un impuesto implícito, es decir le imponen un costo, a quienes continúan trabajando después de la edad mínima para el retiro. Esas pérdidas pueden llegar a ser muy importantes e inducen a mucha gente a jubilarse antes.

Ficha técnica

Álvaro Forteza, uruguayo, 52 años, se doctoró en economía en la Universidad de Gotemburgo (Suecia). Es docente e investigador del Departamento de Economía de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República. Actualmente es también coordinador del Área de Macroeconomía de dicho centro de estudios. Ha sido profesor invitado en varias universidades europeas y consultor de organismos internacionales como el Banco Mundial, Cepal, FAO y OIT.

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