PAUL KRUGMAN | DESDE NUEVA YORK
A medida que la reforma sanitaria se acerca a la meta, hay muchos gemidos y rasgaduras de vestiduras entre los conservadores. Y no sólo hablo de los que se reúnen a tomar el té. Incluso los conservadores más tranquilos han emitido advertencias extremas de que Obama convertirá a Estados Unidos en una democracia social al estilo europeo. Y todo el mundo sabe que Europa ha perdido todo su dinamismo económico.
El tema es que lo que "todo el mundo sabe" no es cierto. Europa tiene problemas económicos, ¿quién no? Pero la historia que todos oyen todo el tiempo -de una economía estancada en la que los impuestos elevados y las generosas prestaciones sociales han debilitado a los incentivos y detenido el crecimiento y la innovación- tiene poco parecido con los hechos sorprendentemente positivos. La verdadera lección de Europa es en realidad lo opuesto a lo que dicen los conservadores: es un éxito económico, y demuestra que funciona la democracia social.
De hecho, el éxito económico europeo debería ser obvio incluso sin estadísticas. Para los estadounidenses que han estado en París: ¿les pareció pobre y atrasada? ¿Qué hay de Frankfurt o Londres? Siempre hay que tener en mente que cuando la pregunta es a quién creerle -a las estadísticas económicas oficiales o a los ojos propios-, ganan los ojos.
De cualquier forma, las estadísticas confirman lo que ven los ojos.
Es cierto que la economía estadounidense ha crecido con mayor rapidez que la europea en la última generación. Desde 1980, cuando nuestra política dio un giro drástico hacia la derecha, mientras la europea no, el Producto Interno Bruto estadounidense real ha aumentado, en promedio, 3% anual. Mientras tanto, la Unión Europea 15 -el bloque de quince países que fueron miembros de la Unión Europea antes de que fuera ampliada para dar lugar a naciones que fueron comunistas- ha crecido tan solo al 2,2% anual. ¡Gana Estados Unidos!
O quizá no. Todo lo que esto dice realmente es que tuvimos un crecimiento poblacional más rápido. Desde 1980, el Producto Interno Bruto real per cápita, que es lo que importa para medir los estándares de vida, se ha incrementado más o menos a la misma tasa en Estados Unidos y en la Unión Europea 15: 1,95 por ciento anual aquí, 1,83 por ciento allá.
¿Qué hay de la tecnología? A finales de los 1990 se podía argumentar que la revolución informática dejaba atrás a Europa. Sin embargo, desde entonces, se ha puesto al día en muchas formas. En particular, la banda ancha está casi tan generalizadacomo en Estados Unidos, y es más rápida y más barata.
¿Y qué hay con el empleo? Aquí, podría decirse que a Estados Unidos le va mejor: las tasas de desempleo europeas son, por lo general, sustancialmente más altas, y más reducida la fracción empleada de la población. Sin embargo, si la visión es de millones de adultos en la mejor edad para trabajar ociosos, que cobran subsidio por cesantía, hay que repensarlo. En 2008, el 80% de los adultos de entre 25 y 54 años en la Unión Europea 15 tenía empleo (y 83% en Francia). Es casi lo mismo que en Estados Unidos. Los europeos son menos propensos a trabajar de jóvenes o viejos que nosotros, ¿pero es esto algo totalmente negativo?
Y los europeos son también bastante productivos: trabajan menos horas, pero la producción por hora en Francia y Alemania es cercana a los niveles estadounidenses.
El punto no es que Europa sea la utopía. Como Estados Unidos, tiene problemas al tratar de resolver la crisis financiera actual. Al igual que Estados Unidos, los grandes países europeos enfrentan graves problemas fiscales a largo plazo, y como algunos estados estadounidenses en particular, algunos países europeos se tambalean al borde de la crisis fiscal. Sin embargo, con una visión de largo plazo, la economía europea funciona; crece; es dinámica; o sea es en general, como la nuestra.
Entonces, ¿por qué muchos expertos dan panoramas tan diferentes? Porque según el dogma económico prevaleciente en este país -y hablo de muchos demócratas tanto como, esencialmente, de todos los republicanos- la democracia social estilo europeo debería ser un desastre total. Y la gente tiende a ver lo que quiere ver.
Después de todo, mientras que los informes del deceso económico europeo son enormemente exagerados, los de sus impuestos elevados y prestaciones generosas no lo son. Los impuestos en los principales países europeos van del 36 al 44% del Producto Interno Bruto, en comparación con el 28% en Estados Unidos. La atención de la salud es, digamos, universal. El gasto social es muchísimo más grande que aquí.
Así que si hubiera algo de verdad en los supuestos económicos que dominan la discusión pública en Estados Unidos -sobre todo, la creencia de que hasta los impuestos modestamente más altos para los ricos y los beneficios para los más necesitados debilitarían drásticamente los incentivos para trabajar, invertir e innovar-, Europa sería la economía estancada, en decadencia, de la leyenda. Sin embargo, no lo es.
Es frecuente que se ponga de ejemplo a Europa como advertencia, una demostración de que si se trata de que la economía sea menos brutal, de atender mejor a los compatriotas cuando les ha ido mal, se termina por acabar con el progreso económico. Sin embargo, lo que en realidad demuestra la experiencia europea es lo opuesto: la justicia social y el progreso pueden ir de la mano. THE NEW YORK TIMES