Economías latinoamericanas van a crecer en 2010

-¿Qué han aprendido los países latinoamericanos de la crisis global reciente?

-Todo indica que América Latina ya había tomado debida cuenta de las lecciones que dejaron las crisis financieras internacionales de los últimos quince años. Por eso, los países latinoamericanos se han desdolarizado en mayor o menor grado y han logrado cifras positivas en sus balances de cuenta corriente. Si bien la crisis global afectó el nivel de producción de la región, los ajustes que debieron hacerse fueron mínimos, salvo en México cuya economía ha sido seriamente contagiada por su proximidad con Estados Unidos, especialmente por la alta participación de las exportaciones mexicanas que se dirigen hacia ese país.

-A pesar de esa "buena conducta", muy pocas economías latinoamericanas crecieron en 2009. ¿A qué obedecen esos magros resultados?

-Puede atribuirse al congelamiento imprevisto del crédito a nivel internacional. Eso explicaría por qué la crisis le pegó tan duro a Chile, que es el caso emblemático de buen manejo macroeconómico en América Latina. Ese impacto también podría haberse recibido si nuestra región tuviese una economía más diversificada porque el crédito, un factor financiero clave hoy día, está muy relacionado con la integración de cualquier país al mercado internacional. Así como el capital puede llegar rápidamente a un país, también puede partir con la misma o mayor velocidad. Más allá de los resultados poco alentadores registrados el año pasado, es razonable esperar que las economías latinoamericanas crezcan significativamente en 2010.

-¿En qué se basa ese pronóstico?

-Nuestros países han enfrentado los efectos de la crisis global con sus propias reservas, no han contraído deudas con el FMI y no tuvieron que rescatar a ningún banco. A pesar de haberse hecho un buen manejo macroeconómico en la región, hay que reconocer que difícilmente se puedan evitar los efectos de un colapso financiero global de la magnitud del registrado en 2008. Sin embargo, la salida será más rápida en América Latina que en los países desarrollados porque no se ha tenido que romper ningún contrato financiero, lo que ocurre normalmente en las crisis bancarias.

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