Los K: cada vez más desconfianza

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ROBERTO | CACHANOSKY | DESDE BUENOS AIRES

En la última nota que publiqué en este suplemento, el 23 del pasado mes de noviembre, al final de la misma me preguntaba cuánta mayor capacidad de daño tenía Néstor Kirchner para intentar sostener el escaso poder que aún le queda. Es que tanto Néstor Kirchner como Cristina Fernández tiene una muy alta imagen negativa en la población, rondando, en el mejor de los casos el 60%. Incluso superan este porcentaje de acuerdo a algunas encuestas. Por otro lado han perdido el control del Congreso y la Justicia parece despertarse de una larga siesta. Si en lo político hay una nueva realidad, en lo económico los números fiscales son cada vez más horribles a pesar de todo el maquillaje que le ponen para intentar mostrar un déficit fiscal menor al real.

La respuesta a este interrogante no demoró mucho. A los pocos días de entrar en receso el nuevo Congreso, Cristina Fernández firmó un decreto de necesidad y urgencia (DNU) por el cual creó el Fondo del Bicentenario para, supuestamente, solucionar el problema de los hold outs, que son aquellos acreedores que no aceptaron el canje de la deuda hecha en 2005 por el gobierno argentino y todavía siguen litigando en los estrados judiciales de Estados Unidos.

Cabe recordar que antes de iniciar el canje de la deuda en 2005, el gobierno de Néstor Kirchner impulsó lo que se denominó la ley cerrojo. Por esta ley quienes no aceptaban la oferta que formulaba el gobierno argentino no podrían cobrar nada porque no habría más arreglos para los que quedaran afuera.

Por esas cosas de la vida y la incapacidad del matrimonio, resulta que el año pasado, ante el creciente déficit fiscal, el gobierno impulsó otra ley para derogar la ley cerrojo y tratar de arreglar con los hold outs y, de esta manera, intentar colocar nueva deuda en el mercado voluntario para cubrir el déficit de las cuentas públicas.

En rigor ese fue el argumento esgrimido en el discurso de la presidenta y en los considerandos del DNU, pero la realidad es que el gobierno necesita desesperadamente fondos para financiar los gastos corrientes, situación que acaba de reconocer mediante una presentación hecha a la Corte Suprema de Justicia.

Lo concreto es que lo que busca el gobierno es apropiarse de parte de las reservas del Banco Central (BCRA) para financiar los gastos corrientes. Para ello inventó este Fondo del Bicentenario y la justificación está en que el BCRA tiene reservas excedentes. Dado que ya no estamos en un régimen de convertibilidad, la pregunta obvia es: ¿reservas excedentes respecto a qué? En un régimen de convertibilidad el BCRA tiene que tener la cantidad de reservas que permita cubrir lo que los economistas llamamos la base monetaria, que está compuesta por los pesos en circulación más los encajes que los bancos tienen que constituir en el BCRA. Por ejemplo, cuando teníamos convertibilidad, tenía que haber un dólar de reserva por cada peso de base monetaria. Si el BCRA hubiese tenido más reservas que base monetaria, podía entenderse el concepto de reservas excedentes. Pero, insisto, ya no tenemos convertibilidad.

¿Qué pirueta contable inventó el matrimonio para decir que hay reservas excedentes? Simplemente tomó el total de reservas que informa el BCRA, la dividió por la base monetaria en pesos y eso le dio un tipo de cambio que es inferior al tipo de cambio de valuación en dólares que hace el BCRA. Por ejemplo, al 31 de diciembre de 2009 tomaron los US$ 47.218 millones de reservas que informa el BCRA, los dividieron por la base monetaria que era de $ 122.350 millones y les dio que por cada dólar de reserva tenía $ 2,59 de base monetaria. Como el tipo de cambio de valuación que informaba el BCRA era de $ 3,80, dijeron nos sobran reservas. El pasivo que tenemos es menor al de la valuación del BCRA así que este tiene US$ 18.000 millones de reservas excedentes de las cuales vamos a usar US$ 6.500 millones para constituir el Fondo del Bicentenario y, según ellos, arreglar la deuda con los hold outs y volver al mercado voluntario de deuda.

El problema es que ni el BCRA tiene las reservas que dice tener ni los pasivos por los que divide son los que tiene que tomar para hacer la cuenta.

En efecto, dentro de las reservas están incluidos US$ 7.737 millones que son encajes en dólares que los bancos constituyeron en el BCRA y que este se los debe a los bancos y los bancos se los deben a sus depositantes. Por lo tanto, el Central no tiene reservas propias por US$ 47.218 millones sino que a ese número hay que restarle este pasivo por encajes en dólares quedándole US$ 39.481 millones, sin entrar en mayores detalles, porque en rigor las reservas propias aún son menores si se computan deudas con organismos internacionales. Pero, para no complicar más las cuentas, dejemos ese nivel de reservas propias.

¿Qué pasivos tiene que cubrir el BCRA con las reservas propias? La base monetaria más una serie de bonos emitidos por dicha institución. El problema es el siguiente. Dado que el gobierno no tiene superávit fiscal, el sostenimiento del tipo de cambio "competitivo" queda a cargo del Central, el que emite pesos para comprar divisas y evitar que baje. Ahora bien, como esa emisión es muy alta, lo que ha hecho el BCRA es emitir pesos y luego quitar de circulación parte de los pesos emitiendo títulos como LEBACs, NOBACs y pases pasivos. En definitiva, esa es deuda que colocó el BCRA para comprar las divisas. Primero las compró con emisión de pesos y luego cambió parte de los pesos emitidos por estos bonos. Por lo tanto, el pasivo a respaldar con las reservas es la base monetaria más el stock de esta deuda. El total suma $ 174.173 millones contra reservas propias del Central por US$ 39.481 millones. La simple división de todos estos pasivos que denominamos base monetaria amplia y las reservas propias da que por cada dólar de reservas hay $ 4,41 de pasivos, muy por encima de los 3,80 que el BCRA informa como valor de mercado. Resultado, el BCRA no tiene reservas excedentes, en todo caso le faltan reservas para respaldar la base amplia al tipo de cambio de valuación.

Como el presidente del BCRA se negó a entregar las divisas, Cristina Fernández lo despidió mediante otro DNU, lo cual es inconstitucional porque por ley, antes de despedir al presidente del BCRA debe consultar con el Congreso, algo que no hizo. Es decir, los Kirchner, con su inmensa capacidad para destruir cometieron dos errores, uno de carácter institucional al no seguir los pasos correspondientes para remover a Martín Redrado, presidente del BCRA, y el otro fue dejarle picando la pelota delante del arco y sin arquero a los hold outs para que pidan el embargo de las reservas del BCRA que hasta ahora no eran embargables porque se entendía que por ley el BCRA era autónomo del Poder Ejecutivo. Con los dos DNU, implícitamente Cristina Fernández dijo que el BCRA no era autónomo y ella decide sobre dicha institución. El resultado fue que los Kirchner se compraron el embargo del juez Griesa de Nueva York, embargo que fue transitoriamente levantado hasta que se aclare la situación porque, encima, tanto el uso de las reservas del BCRA como la remoción de Redrado están en la Justicia argentina.

Lo delirante es que el matrimonio quiso vender este Fondo del Bicentenario como una forma de regularizar la deuda pública y bajar el riesgo país. ¿Qué consiguió? Un lío jurídico a nivel internacional. Dejar en claro que la plata la necesitan para financiar el gasto público y aumentar el riesgo país, más un lío jurídico a nivel interno y un Congreso que se le opone a ambas medidas.

No me queda otra alternativa que terminar la nota de la misma forma que la anterior: ¿cuánta mayor capacidad de daño tiene Néstor Kirchner para intentar sostener el escaso poder que aún le queda?

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