DANIEL ARTANA | DESDE BUENOS AIRES
Los datos del cuarto trimestre del año insinuaban que, de la mano de excelentes condiciones externas, la economía argentina podía recuperarse este año a un ritmo superior al 5%. Pero los desaciertos detrás de dos Decretos de Necesidad y Urgencia (DNU) pueden cambiar ese panorama si el conflicto político que se ha generado no se resuelve en forma rápida y eficaz.
Cuando ocurrió el conflicto con el campo en el año 2008 la Argentina tenía un fuerte superávit comercial y un resultado fiscal primario "genuino" del orden de US$ 8.500 millones. Aún cuando la economía rebote fuerte en el año 2010 el superávit comercial se mantendrá en alrededor de US$ 1.200 millones al mes. La gran diferencia con aquel momento es que hoy hay déficit fiscal y ello puede motivar un comportamiento más cauteloso de los depositantes si el conflicto no se soluciona pronto.
La cadena de desaciertos empieza cuando, a pocos días de cerrar las sesiones ordinarias del Congreso la presidenta de la Argentina dicta un DNU para supuestamente garantizar los vencimientos de deuda pública externa. No es claro cuál era la urgencia para pagar vencimientos concentrados en el segundo semestre del año, máxime cuando unas pocas semanas atrás se había aprobado el presupuesto para el año 2010 que, en caso de cumplirse, contaba con los fondos para tal fin.
En verdad el DNU permite utilizar las reservas de "libre disponibilidad" para atender servicios de deuda externa. Bajo este concepto entran alrededor de US$ 18.000 millones o tres veces el monto que integraría el Fondo del Bicentenario. Y además no era para garantizar el pago sino para atenderlo directamente. De esa forma, el Ejecutivo podía reasignar los fondos previstos en el presupuesto para otros fines y, presumiblemente, seguir aumentando el gasto por encima del 12% aprobado en el presupuesto.
Y aquí está el meollo del problema. El gasto público argentino aumentó a tasas anuales de 15% por encima de la inflación real durante el período 2003-2008, y continuó a un ritmo similar durante el año 2009 de recesión. La lógica de la política fiscal keynesiana anticíclica es que se gaste más en el receso pero se debe volver a la normalidad en la fase de la recuperación. En Estados Unidos se discute hoy cuándo es conveniente que se revierta el estímulo fiscal. Esa discusión es válida porque es una economía grande y que ha sufrido una crisis financiera doméstica. En la Argentina, las condiciones externas son más importantes para determinar el curso de la economía y no ha habido problemas en el sistema financiero local. Por ello, es prudente normalizar el fisco en la etapa de la recuperación que ha empezado desde mediados del 2009 y se ha acelerado en el último trimestre; en ese proceso de normalización no hay riesgos de frenar la actividad que viene fuertemente impulsada "desde afuera".
Ello se puede lograr pautando que el gasto público aumente al ritmo de la inflación y como la recuperación aumentará los recursos por encima de ésta, la brecha se va cerrando a un ritmo cercano a 1% del PIB por año.
Si se excluye el financiamiento del BCRA y los ingresos de una sola vez como los DEG recibidos por la ampliación del capital del FMI, el sector público nacional tuvo un déficit primario de 0.7% del PIB en el año 2009. Un objetivo razonable es volver a un superávit del orden de 2% del PIB. Con prudencia fiscal ello puede lograrse en tres años. Si en cambio, el ordenamiento se posterga y se usan reservas del Banco Central para financiar más gasto, el gobierno que asuma a finales de 2011 posiblemente deberá hacerse cargo de un "ajustazo" que puede terminar en una crisis de expectativas.
Si bien el riesgo de default de corto plazo es muy bajo no debe perderse de vista que para financiar el tremendo aumento de gasto público de los tres niveles de gobierno que se dio desde 2003 en adelante, primero se aumentó la presión tributaria a niveles récord para la historia argentina recurriendo a impuestos muy nocivos, luego se estatizaron los ahorros de los trabajadores en sus cuentas de capitalización, en el ínterin se utilizó una parte de las ganancias que obtiene el Banco Central por el impuesto inflacionario y ahora se va por las reservas acumuladas que reflejan el resto del impuesto inflacionario y el señoreaje de años previos.
La estrategia de gastar hoy porque mañana, mágicamente, se resolverán los problemas fiscales ha sido una de las razones de la decadencia argentina. Curiosamente, la oposición no parece demasiado preocupada por tener que pagar la cuenta de la fiesta kirchnerista. Sí parece interesada en mejorar las formas para que el traspaso de reservas sea menos vulnerable a embargos y cuente con algún control del Congreso. Esto es positivo pero insuficiente para que este innecesario conflicto se resuelva en forma rápida y eficaz.