HORACIO BAFICO Y GUSTAVO MICHELIN
La divulgación de los distintos indicadores económicos con las cifras al cierre del año que acaba de finalizar amerita un análisis que evalúe lo acontecido en los últimos doce meses, y en base a ello, proyectar lo que pueda acontecer en el futuro inmediato.
En el caso concreto de esta nota, veremos cuál fue el comportamiento del sistema financiero, concretamente cómo evolucionaron el crédito y los depósitos.
El análisis del sistema financiero de por sí es muy importante, pero en este caso en particular lo es más, ya que se trató de un año atípico, debido a la crisis financiera internacional.
Si bien ésta no impactó de lleno en las economías emergentes, en el caso uruguayo provocó una desaceleración en la tasa de crecimiento. Ese enlentecimiento se explica tanto por la menor demanda externa como por el ajuste que realizó el sector privado, ante la incertidumbre que imperó durante el primer semestre de 2009.
El crédito del sistema financiero al sector privado no pudo permanecer ajeno a esta evolución. Al mes de diciembre el stock de créditos concedidos al sector privado ascendió a US$ 7.169 millones.
Este valor está distorsionado por la alta morosidad que registra el BHU. Para evitar este inconveniente que dificulta el análisis es mejor observar el comportamiento del crédito vigente.
Al finalizar 2009 los créditos vigentes al sector privado residente ascendían a US$ 6.281 millones. Comparado con el cierre del año anterior significó un aumento del 7,4%
Ese comportamiento contrasta claramente con el observado a lo largo de 2008, al cabo del cual los préstamos concedidos se habían incrementado un 21,7% (medido en dólares corrientes), tal cual se puede apreciar en el Gráfico Nº 1.
El gráfico muestra claramente cómo se frenó de una manera brusca el crédito hacia el último trimestre de 2008 (tras el quiebre de Lehman Brothers), se contrajo durante buena parte del año que acaba de finalizar, para recuperarse hacia el fin del mismo.
RECUPERACIÓN. De hecho, en los últimos cuatro meses del pasado año (entre diciembre y agosto) las colocaciones al sector privado se incrementaron en US$ 615 millones. Se trata de una expansión anualizada del 36% medida en dólares corrientes.
La recuperación del crédito hacia fines del pasado año responde en buena medida al cambio en el humor de los agentes.
Al desatarse la crisis internacional y ante la incertidumbre que ello generó, era lógico esperar una merma en el mercado de crédito.
Los agentes privados (empresas y familias) porque no sabían a ciencia cierta cómo los iba a afectar. Y también es lógico que los bancos hayan sido más reticentes al momento de conceder préstamos, por la misma razón.
El comportamiento de la cuenta corriente de la balanza de pagos que realizáramos dos semanas atrás ayuda a entender perfectamente el desempeño del crédito. Decíamos allí que el equilibrio que alcanzó la cuenta corriente se explica por un ajuste del sector privado, que estimamos en el 5% del PIB. Necesariamente ese ajuste va de la mano de una menor demanda por créditos.
Finalizábamos el análisis diciendo que la recuperación de la confianza, la apreciación de la moneda y el bajo desempleo llevarán a que el sector privado vuelva a una posición deficitaria o a desahorrar. En términos de crédito, una mayor demanda, tal cual se comenzó a observar en los últimos meses de 2009.
SOLIDEZ. Por cierto que no estamos hablando de una situación descontrolada, que pueda desembocar en una situación complicada en el futuro. En primer lugar, porque la tasa de expansión que ha registrado el crédito en el último cuatrimestre (36% anualizado) está distorsionada por la evolución del tipo de cambio.
En efecto, en el último año aumentó la participación de los préstamos concedidos en moneda nacional en el total. En particular, dos tercios de los préstamos otorgados en el último cuatrimestre correspondieron a operaciones en moneda nacional, y el tercio restante a créditos en moneda extranjera, medidos ambos en dólares corrientes.
Dicho período coincidió con el de la apreciación del peso. Por lo tanto, si analizamos por separado, constatamos que, en términos reales, el crédito concedido en moneda nacional en el último cuatrimestre se expandió a una tasa anualizada del 12,4%.
Por su parte, los préstamos en moneda extranjera aumentaron a una tasa anualizada del 16%, medida en dólares corrientes. Por otro lado, hay que tener presente que el nivel actual del crédito es bajo.
En términos del PIB el stock de créditos vigentes se ubica en el 18%, aproximadamente en la mitad de los guarismos que registró a principios de la década, tal cual se puede apreciar en el Gráfico Nº 2.
En el gráfico se muestra también la evolución de los créditos vencidos. Se ve claramente que estos últimos llegaron a superar a los vigentes en el medio de la crisis que se desatara en el año 2002, para caer a niveles muy bajos, en el entorno al 3% del PIB en la actualidad.
El bajo nivel de morosidad, contracara de la solidez que exhibe actualmente el sistema financiero, es otro de los elementos que brinda tranquilidad y disipa dudas ante los posibles efectos negativos que pudiese traer aparejado la expansión que muestra el crédito en los últimos meses. Es más, el 95% de la morosidad corresponde a la banca pública, concretamente al BHU, que está en medio de una reestructuración y saneamiento de su cartera.
La morosidad a nivel de la banca privada es mínima, y asciende al 0,1% del PIB (1% de los créditos concedidos).
Visto el desempeño global, vale la pena analizar cuál fue la demanda de crédito a nivel de los distintos sectores de la economía.
Las familias son el sector más endeudado con el sistema financiero. Al cierre del pasado año tenían deudas vigentes con la banca por US$ 2.170 millones, lo que representa el 35% de los préstamos vigentes totales concedidos por el sistema financiero.
No sólo son las familias quienes más deben, sino que son, junto al comercio y la construcción, las principales responsables del aumento del crédito en el último año, tal cual se puede apreciar en el cuadro que acompaña esta nota.
El elevado nivel de empleo y el incremento real que experimentan los salarios las constituyen en un segmento rentable y relativamente seguro del mercado.
DEPÓSITOS. Para financiar el aumento de los préstamos concedidos, las instituciones financieras deben contar con los recursos suficientes, los que provienen de los depósitos que reciben.
Al cierre de 2009, el stock de depósitos del sector privado no financiero en el sistema bancario ascendía a US$ 15.317 millones. Este valor es el máximo en términos corrientes que se ha registrado en el país, habiéndose incrementado en el último año un 19,7% (US$ 2.522 millones).
En el Gráfico Nº 3 se presenta la evolución del grado de pesificación de los depósitos y de la participación de las colocaciones a la vista. Ambas variables muestran un comportamiento ascendente, y es lógico que así sea.
Los depósitos a la vista representan casi el 80% del total. La explicación a tan alta concentración no puede ser otra que el bajo retorno de las colocaciones a plazo fijo.
En promedio, el premio que pagaban las instituciones financieras por inmovilizar pesos por un año era a diciembre del 7,1%. Una Letra en pesos pagaba una tasa cercana al 11%.
En el caso de los depósitos en moneda extranjera, el retorno es negativo, tasas promedio del 1% en un contexto de apreciación del peso frente al dólar.
Precisamente, dada la alta participación de los depósitos a la vista, su composición por monedas responde a las expectativas de devaluación.
Al desatarse la crisis internacional, se redujo el grado de pesificación, posicionándose los agentes en dólares ante la incertidumbre reinante.
Al irse aclarando el panorama, lentamente comenzó a aumentar el grado de pesificación, fenómeno que se hizo más notorio hacia el último cuatrimestre del pasado año, cuando el peso comenzara a apreciarse sostenidamente.
En la medida que aumente la demanda por crédito y los bancos tengan que inmovilizar por un período más prolongado los depósitos que les confieren los ahorristas tendría que reverse al alza la política de bajas tasas de interés.