El discurso electoral y la realidad

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JORGE CAUMONT

Antiguamente la relación entre el hombre y la verdad se manejaba como algo puramente intelectual y aunque en la vida afectiva de una persona no toda afirmación es sustentada en un proceso racional, había resistencia a llamar verdad a cualquier afirmación que no tuviera ese sustento. Discrepando, Pascal se planteaba un sentido no puramente intelectual de la verdad: hay razones del corazón que la razón no entiende. Adam Smith -el padre de la Economía- va más allá en la "Riqueza de las Naciones" y en "Teoría de los Sentimientos Morales" e indica que la verdad es una adecuación del pensamiento y la realidad. Como todo economista sabe y reconoce desde Adam Smith, una verdad económica es tal cuando una aseveración fruto de un proceso racional es comprobable a través de la evidencia empírica. Si la realidad no ratifica la afirmación que emerge de un razonamiento que puede ser adecuado, entonces no hay verdad y la afirmación pasa a ser simplemente un deseo o eventualmente una conclusión normativa. En varias declaraciones recientes, el ex Ministro de Economía Danilo Astori ha intentado convencer sobre determinadas cosas que se apartan de la realidad. La verdad pretendida tras un pseudo intelectualismo no ha dejado de ser un conjunto de palabras huecas con un objetivo electoral evidente. Al menos dos de esas declaraciones no sustentadas por la realidad y que se cobijan en el manto de un probadamente simplón conocimiento económico en momentos electorales, merecen breve consideración.

LA INVERSIÓN. La inversión con productividad positiva es una de las fuentes del crecimiento económico. Las variaciones netas en las dotaciones de bienes de capital, de trabajo en todas sus formas y de otros de los numerosos factores de producción que existen, son las que permiten elevar o no, el potencial de crecimiento de una economía. Uruguay, como otros países de baja expansión, ha tenido una inversión privada anual prácticamente igual a la necesaria para reponer lo que se deprecia. En los últimos años sin embargo, ha recibido un flujo de inversiones relativamente más importante que en el pasado. Una serie de emprendimientos como Botnia; inversiones en el campo debido a los altos precios internacionales y a las distorsiones que impone Argentina sobre la comercialización de productos agrícolas; la relación de precios favorables de nuestro país frente a los brasileños: el bajísimo costo de oportunidad de los montos invertidos en la construcción y en otros sectores al ser durante mucho tiempo muy bajos los rendimientos y los costos financieros y hasta la sustitución de trabajo encarecido por maquinaria y equipos, han sido razones principales para la alta inversión entre 2004 y 2008. Las razones invocadas para la inversión reciente no tienen parangón en acción específica alguna de la administración actual. La virtud estatal -que como ocurre en otros casos es el reconocimiento muchos años después de algo que desde siempre negaran los presentes administradores-, ha sido el mantenimiento de las condiciones básicas para el desarrollo de la inversión: libertad de precios, cambios, y tasas de interés. En otros países, con administraciones económicas diferentes, la inversión ha sido importante por iguales razones que en el caso uruguayo, evidencia de un fenómeno que se ha generalizado en el mundo en el lapso indicado.

Pero los ciclos económicos existen y con la menor actividad regional y mundial -y por supuesto menor demanda por productos-; con la reducción de los precios internacionales y debido a la crisis financiera externa con declinación del crédito, efecto riqueza negativo y otros factores por el estilo, las inversiones en nuestro país han caído en los primeros seis meses del año. La permanente alusión del ya referido ex Ministro al aumento de las inversiones se ha quedado sin el respaldo de la evidencia empírica. Por más que se "machaque" que los proyectos de inversión presentados al gobierno han crecido en este primer semestre, lo que uno observa por otro lado es diferente. De acuerdo con la información oficial en las cuentas nacionales del primer trimestre publicadas por el Banco Central, la inversión privada ha caído en ese lapso en relación con el mismo del año anterior. Se ha conocido, aunque no de fuentes oficiales, que ha seguido declinando en el segundo trimestre. Las "impactantes" declaraciones de aumento de la inversión desde el oficialismo no dejan de ser anuncios incompletos: ¿cuánto es para sustituir lo que se deprecia?, ¿cuánto es realmente la inversión privada?, ¿cuánto de esa inversión se debe a lo que ha hecho el tal Ministro o a la actual administración y no a las condiciones del mercado? Si miramos a nuestro lado veremos que la inversión privada en Argentina -con una muy diferente política económica que desconoce en numerosos casos el derecho de propiedad privada-, ha sido más alta que en nuestro país lo que avala lo que ya indicara: la "verdad" económica marcha por otro lado, son las circunstancias externas las que han llevado a una alta inversión en el mundo beneficiando a Uruguay "de rebote".

MANEJO SERIO. El manejo serio de las variables fiscales es otra "verdad" del ex Ministro que tampoco la realidad ratifica y que no pocos economistas y analistas internalizan sin cuestionar. Pero, ¿ha sido realmente así? No obstante el aumento de la actividad privada doméstica impulsada por factores externos desde 2004 hasta 2008, en los últimos 18 meses en cartera, el ahora candidato a presidente del Senado decidió -innecesariamente para el país y en beneficio de su carrera electoral-, reforzar la situación con una política fiscal de gran expansión del gasto público. El gasto primario del gobierno central -excluidos los pagos de intereses- escaló 1.660 millones de dólares o 42,3% en los últimos doce meses de la administración económica del ahora candidato. De ellos 20% fueron a mayores salarios. El déficit del gobierno central se ubica en 447 millones de dólares -y en ascenso-, bien por encima del déficit de los doce meses finales del gobierno anterior cuando fuera 204 millones. Pero la actual administración permitió además, que en el último año de actuación del ex Ministro, el sector público total aumentara su gasto primario en 2.103 millones de dólares o 39,7% por lo que el resultado fiscal pasó de un superávit de 221 millones de dólares en doce meses a septiembre de 2007 a un déficit de 190 millones en los doce meses siguientes. Buena parte de todo esto se ha financiado con deuda pública que compromete a la actual y a futuras generaciones que deberán soportar una mayor presión fiscal. Aunque hay otras perlas para este collar de "seriedad" sui generis en el manejo de las finanzas públicas -la supuesta simplificación del sistema tributario se transformó con el IRPF en más de 105 mil declaraciones de contribuyentes y su recaudación que se estimaba oficialmente en 170 millones de dólares supera en la realidad a 600 millones, etc.- el espacio sólo da para estos ejemplos de una "verdad" intelectual con conspicuo interés pero muy alejada de la realidad.

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