El PJ y la UCR pueden volver a ser los ejes cardinales de la política argentina

| Tanto el justicialismo como el radicalismo están ante una oportunidad notable para encarar su reorganización y recuperar su credibilidad

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JORGE REBELLA

La derrota electoral del oficialismo le va a exigir a la presidenta Cristina Kirchner buscar acuerdos políticos puntuales para lograr la gobernabilidad porque un gobierno con minoría parlamentaria difícilmente pueda gobernar por decreto, sostuvo el sociólogo argentino Manuel Mora y Araujo. En diálogo con ECONOMIA & MERCADO, el entrevistado, presidente de la Universidad Torcuato Di Tella y fundador de las consultoras Ipsos-Mora y Araujo y Mora y Araujo Grupo de Comunicación, analizó la situación política argentina luego de las elecciones legislativas y las perspectivas de los principales dirigentes políticos con miras a los comicios presidenciales de 2011. A continuación se publica un resumen de la entrevista.

-¿Cómo evalúa los resultados de las elecciones legislativas del pasado 28 de junio?

-Los resultados mostraron, en general, un retroceso electoral del oficialismo, un voto distribuido entre diferentes expresiones opositoras, y distintos partidos ganando en distintas provincias. Contra lo que esperaba Néstor Kirchner, la elección no se "nacionalizó", es decir no hubo un plebiscito a favor o en contra del gobierno nacional. Cada distrito votó en función de los temas y candidaturas locales. Si bien en algunas provincias ganó el candidato oficialista, esa victoria no puede tomarse necesariamente como un aval a Kirchner porque, en muchos casos, se debió a un apoyo al gobierno local. Lo decisivo en la derrota del gobierno, marginalmente hablando, es que Kirchner obtuvo menos votos de los esperados en el Gran Buenos Aires, que constituye su principal baluarte electoral.

-Luego de esta derrota oficialista, ¿se podría dar por concluida la etapa de liderazgo del matrimonio Kirchner que ejerce el poder desde 2003?

-Creo que sí. El ex presidente Kirchner ha renunciado a la jefatura del partido Justicialista y lo sucederá su compañero de fórmula Daniel Scioli. Aunque no lo hubiese hecho, su liderazgo habría quedado tan mermado que en los hechos sería inexistente.

-¿Se reunificará el partido Justicialista (PJ) con esta renuncia de Néstor Kirchner?

-No lo veo factible porque difícilmente el PJ, con toda su diversidad de tendencias, acepte a un presidente del partido designado "a dedo" por el propio Kirchner. Si no se convoca a una elección interna en los próximos meses, la jefatura de Scioli, pese a su reconocida capacidad de diálogo, va a ser meramente transitoria.

Gobernabilidad

-Al haber perdido el oficialismo la mayoría absoluta en el Congreso de la Nación, ¿podría la presidenta Cristina Kirchner gobernar por decreto?

-Es improbable que un gobierno con minoría parlamentaria pueda gobernar por decreto. La Presidenta anunció en la conferencia de prensa realizada al día siguiente de las elecciones que el resultado va a exigir acuerdos para lograr la gobernabilidad. Posiblemente, deberá resignar los poderes especiales que le fueron asignados por el Poder Legislativo y avenirse a un diálogo frecuente con los gobernadores.

-¿Con qué sectores va el gobierno a buscar alianzas?

-Si Cristina Kirchner sale a buscar alianzas extrapartidarias, por cierto no las va a encontrar porque ningún partido opositor querrá exponerse a juntar fuerzas con un gobierno desacreditado que, además, ha quedado en minoría en el Congreso. En cambio, sí podría conseguir acuerdos puntuales con diferentes partidos para votar leyes fundamentales.

-¿No podría el gobierno lograr el apoyo de algunos partidos de izquierda?

-Estos partidos van a tener unos pocos diputados por la Capital Federal y la provincia de Buenos Aires; por lo tanto, no van a tener ningún peso en el Congreso.

-¿Es posible que la oposición formada por peronistas disidentes -de Narváez y Solá- junto con Mauricio Macri en la Unión Pro y por grupos centroizquierdistas y radicales de la Alianza Cívica y Social actúe coordinadamente para bloquear al Poder Ejecutivo?

-Veo difícil esa posibilidad. Todo indica que la fragmentación de la oposición es un hecho y que distintos grupos que existen en ella tienen proyectos distintos. Lo ideal sería que se alcanzaran acuerdos básicos, pero no estoy seguro que eso ocurra.

-En ese escenario, ¿qué rol habrá de desempeñar el vicepresidente Julio Cobos?

-Cobos era, hasta antes de esta elección, el político con mejor imagen. Supongo que sigue siéndolo. Puede ser el artífice de consensos básicos, porque está en la línea de impulsarlos. Además, en caso de que se produjese alguna crisis institucional -lo que no creo factible- sería el árbitro de la salida.

Gobierno y agro

-Los analistas asignan la caída de la votación del oficialista Frente para la Victoria en la provincia de Buenos Aires a la pérdida del apoyo del interior de la provincia, que representa un tercio del padrón electoral de provincial. En consecuencia, ¿puede esperarse un intento de conciliación de parte del gobierno con el empresariado rural mediante la negociación de nuevas bases de relacionamiento?

-Es posible una conciliación, pero también podría darse lo contrario, es decir que prosiga el conflicto con el campo. En todo caso, la continuación del diferendo estaba descontada de antemano. La negociación debe pasar necesariamente por solucionar un tema tributario, que consiste en la rebaja gradual de las retenciones a las exportaciones de productos primarios y sus derivados, destrabar el control del comercio exterior, que hoy obstaculiza las ventas al exterior de productos alimenticios para favorecer supuestamente al mercado interno, y resolver la fijación de precios máximos internos.

-¿Podrían los siete u ocho productores agropecuarios que resultaron electos radicalizar aún más las posiciones en el conflicto campo-gobierno?

-Si bien también hay otros diputados electos que están muy cercanos al agro, no creo que la confrontación se agudice más porque todos los sectores políticos, excepto el oficialista, han introducido las demandas del campo en sus agendas. Esto indica que existe una voluntad de la oposición, que ahora cuenta con votos suficientes, para encontrarle una solución a este conflicto.

Presidenciables

-¿Cómo han quedado posicionados los principales dirigentes peronistas antikirchneristas para postularse a la presidencia en las elecciones de 2011?

-Dentro del espacio peronista, Reutemann es el que emerge con más fuerza. Fue ganador en su provincia, Santa Fe, aunque por estrecho margen. Tiene una buena imagen en distintos sectores del peronismo, así como en el electorado independiente. Está ubicado ligeramente a la derecha del centro político por estar más cerca de los productores agropecuarios y por considerar que no se debe molestar demasiado a los inversores. Además, es del Interior.

-¿Qué importancia reviste la calidad de ser del Interior para una eventual postulación de Reutemann a candidato presidencial?

-Desde hace un siglo y medio, es decir desde la conformación de la República Argentina, hay una línea de conflicto basada en la dicotomía: las provincias versus el puerto. Ese antagonismo tradicional aparece en forma intermitente. Justamente, este es un momento en que el federalismo ha vuelto a pasar al primer plano motivado por la reasignación de los recursos fiscales que hizo el ex presidente Kirchner, favoreciendo al gobierno de la Nación en detrimento de las provincias. En las actuales circunstancias, esa condición de Reutemann podría favorecerlo porque el electorado de las provincias se siente molesto por esa discriminación.

-¿Podría el Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y líder de Propuesta Republicana, Mauricio Macri, competir con éxito por la candidatura del peronismo no kirchnerista?

-A pesar de la victoria de la coalición Unión Pro en la Capital Federal y en la provincia de Buenos Aires, hay un triunfalismo exagerado de parte del grupo de Macri porque su votación no fue tan buena. Adujo que no se ha podido ver todavía una mejora notoria de la ciudad de Buenos Aires al no recibir casi asistencia del gobierno nacional. Ese mensaje suena más bien a una excusa para los votantes y, lógicamente, le hizo perder votos. Por otra parte, Macri es considerado del "puerto" y no es peronista, aunque actúa como un aliado del PJ. Quizás, podría ser un candidato extrapartidario, pero eso no depende tanto de él mismo como de la dirigencia peronista.

-¿En qué medida debería preocupar a Macri la popularidad de su aliado, Francisco de Narváez, dado que este no puede aspirar a la presidencia de la Nación por ser colombiano?

-No está claro que Macri tenga un proyecto presidencial serio. Creo que más bien será un tomador de oportunidades y, para que la oportunidad se le presente, necesita a de Narváez. Cuanta mayor popularidad este conserve, tanto mejor será para Macri.

-¿Cree que los votos que cosechó de Narváez son propios o, más bien, fueron votos antiKirchner?

-De Narváez hizo una excelente campaña electoral que le valió el triunfo en la provincia de Buenos Aires. Por supuesto, muchos votos fueron más bien antiKirchner y, justamente, con ese enfoque se basó su campaña, o sea que no le ocurrió nada que él no hubiese buscado. Eso no quita que pueda intentar, a partir de ahora, convertir esos votos en capital político propio.

-¿A qué apunta la estrategia del exitoso empresario y ahora ascendente dirigente político?

-Su estrategia apunta, en primer lugar, a la gobernación de Buenos Aires y, en segundo lugar, a desempeñar un rol muy central en el armado de las opciones políticas nacionales con vistas a las elecciones de 2011.

-¿Cómo evalúa la votación del Acuerdo Cívico y Social, compuesto por la Coalición Cívica y Social de Elisa Carrió y la Unión Cívica Radical (UCR), así como las perspectivas de que alguno de sus integrantes se convierta en un presidenciable con posibilidades de éxito en las elecciones de 2011?

-Elisa Carrió fue una de las grandes perdedoras de esta elección. Los dos distritos en los que actuó e hizo campaña -Capital Federal y provincia de Buenos Aires- le dieron la espalda en una medida impresionante. En cambio, la Coalición y la UCR hicieron muy buena elección en varias provincias en donde ella no tuvo ninguna intervención. Incluso el triunfo de esta coalición fue contundente en el caso de la provincia de Mendoza, donde la persona gravitante fue Julio Cobos. Este grupo está llamado a jugar a un papel central en los próximos años. Por lo pronto, será la segunda minoría en el Congreso, pero dudo que Carrió sea su líder ni su candidata presidencial. En todo caso, Julio Cobos está hoy más cerca de ese lugar.

-¿Cuál será el futuro de los partidos políticos tradicionales -el PJ y la UCR- luego de los resultados de los comicios parlamentarios?

-Veo con más optimismo el futuro de esos dos partidos. Ambos están en situación complicada, ya que los dos carecen de líderes fuertes y dominantes: el PJ después de la declinación de Kirchner y la UCR desde mucho antes. Tanto el justicialismo como el radicalismo están ante una oportunidad notable para encarar su reorganización, democratización interna y reconstitución como cuerpos representativos de amplios sectores ciudadanos. El hecho de que no hay liderazgos fuertes es la mejor noticia para ambos grupos: sólo pueden reorganizarse sobre la base de consensos genuinos. Si lo hacen, pueden recuperar credibilidad y volver a ser los ejes cardinales de la política argentina. Para ello, los consensos son condición esencial, porque los dos partidos son fuerzas muy plurales, que contienen diversidad de intereses sociales y de corrientes de ideas.

-¿Está Eduardo Duhalde en condiciones de tomar las riendas del PJ luego de los resultados de las elecciones legislativas para perfilarse como candidato presidencial del peronismo?

-Duhalde no tiene recuperación posible. El hecho de haberse hecho cargo del gobierno en un momento de crisis, como fue el año 2002, aumentó su impopularidad porque no debemos olvidar que había sido derrotado en las urnas en 1999. Puede ser un operador político clave, pero no lo veo como candidato posible, entre otras razones, porque fue responsable de la llegada de Kirchner a la presidencia.

Tinellización

-Se ha mencionado que la parodia de Gran Cuñado del programa de Marcelo Tinelli influyó considerablemente en el apoyo de la gente a los candidatos de las elecciones legislativas. ¿Qué opina al respecto?

-Mi percepción es que el programa de Tinelli tuvo un alto rating, pero escasa influencia en el voto. No conozco evidencia que demuestre lo contrario. Por ejemplo, Julio Cobos y Carlos Reutemann, cuyas figuras resultaron desmerecidas en esa sátira, ganaron en sus respectivas provincias, siendo particularmente arrollador el triunfo del partido del vicepresidente en Mendoza.

-¿No ha puesto en evidencia el rating de ese programa el vacío de contenido de las propuestas de los partidos políticos argentinos y la falta de comunicación de los actores políticos con el electorado?

-Coincido en que la atención excesiva al programa de Tinelli es un síntoma de vacío político. Pero el problema lo advierto en los medios de prensa que magnifican la importancia de Gran Cuñado, ya que creen, por lo general, que todo lo mediático es muy influyente. Insisto en que pocos votantes se han dejado influir por esa parodia al momento de votar aunque, desde luego, lo miren porque les parece divertido.

Predomina un moderado estatismo

-¿En qué medida la reciente campaña electoral estuvo marcada por la economía?

-No hubo un factor único que haya incidido en el resultado. El alza del costo de vida fue un tema de peso, aunque atenuado desde que la economía se ha enfriado, no tanto por las cifras del Indec, sino por la inflación real. También la caída del salario real se sumó a un factor para muchos más importante: el creciente desempleo. Pero el problema del agro fue el "turning point" decisivo en la suerte que corrió el gobierno.

-Dada la exaltación de la intervención del Estado en la economía en todos los discursos de campaña de Kirchner, ¿prevé que el gobierno avance más sobre el sector privado?

-La sociedad argentina está muy dividida en cuanto el tema privatizaciones o nacionalizaciones. Seguramente, habrá candidatos que tratarán de instalar esa dicotomía en el debate de las próximas elecciones presidenciales, pero habrá otros que no lo harán y hoy es difícil saber qué temas prevalecerán. En todo caso, el humor general de los argentinos, a partir de ese disenso que señalo, va más bien en la línea de un moderado estatismo, aunque difícilmente se aceptaría que las empresas que producen bienes fuesen expropiadas por el gobierno. En cambio, la privatización de empresas que prestan servicios públicos podría ser motivo de debate y la decisión estaría sujeta a cada caso en particular. En resumen, va a predominar la ambigüedad en esta materia.

La falta de ideología definida no es atribuible a los partidos, sino a la sociedad argentina

-Desde la Semana Trágica de enero de 1919 hasta la caída de Fernando de la Rúa en diciembre del 2001, la izquierda fue el motor y el combustible de cuanto movimiento social estremeciera las bases del orden político existente en Argentina. Sin embargo, nunca tuvo la capacidad de traducir esa participación en términos políticos de poder, dice el historiador Horacio Tarcus de la Universidad Nacional de Córdoba. Más allá de la buena votación de Pino Solanas en la Capital Federal y del socialista Rubén Giustiniani en la provincia de Santa Fe, ¿dónde estuvo el domingo 28 de junio el voto de la izquierda a nivel nacional?

-Considero que Tarcus magnifica la importancia de la izquierda en la historia argentina. Algunas veces conmovió las "bases del orden", pero no fueron tantas veces ni fue tanta la conmoción. Con la excepción, claro está, de la insurrección armada de los años sesenta y setenta, que tuvo tanto o más ingredientes de peronismo combativo y de nacionalismo que de una izquierda doctrinaria.

La izquierda argentina es electoralmente insignificante. Giustiniani expresa la tradición más moderada de la socialdemocracia argentina, que constituye una corriente que siempre existió en el partido Socialista. Martín Sabbatella, el joven intendente del partido de Morón, es algo parecido. Tanto este como los socialistas santafecinos ponen más acento en el concepto de gestión pública que en la ideología.

-Sin embargo, el candidato del Movimiento Proyecto Sur, Fernando "Pino" Solanas, que obtuvo el 24% de los votos en la Capital Federal, planteó una campaña con fuertes tintes ideológicos. ¿No es cierto?

-Solanas representa la expresión típica de una izquierda intelectual que existe en muchas provincias, pero que no logra trascender en las elecciones provinciales. A veces logra asomar en la Ciudad de Buenos Aires. Es interesante que la izquierda aparezca con alto relieve, como ocurrió esta vez con Pino, quien encarna un estilo, que independientemente de sus ideas, atrae a un electorado de más amplia extracción ideológica. No obstante, me parece más probable que su actuación sea algo fugaz y no que se trate de un emergente llamado a crear una organización, un proyecto claro y un programa para gobernar.

-A diferencia de Chile y Uruguay, no existe un partido izquierdista con suficiente capacidad de convocatoria para llegar al poder en Argentina. ¿Podría atribuirse ese hecho a la falta de ideologías definidas de los partidos políticos argentinos?

-La falta de ideología definida no es atribuible a los partidos, sino a la sociedad argentina. Los partidos reflejan eso, y no al revés. En efecto, las corrientes moderadamente de izquierda suelen encontrar mejor expresión en corrientes internas de los partidos tradicionales que en agrupaciones ideológicas. Y esto es, en buena medida, porque su "izquierdismo" es muy moderado. El socialismo de Santa Fe hoy es una expresión -que ya existió en otros lugares en el pasado- de una izquierda moderada que se expresa a través de un partido que es él mismo moderado. Pero ese partido no tiene demasiada proyección como socialista; hoy se sustenta en su gestión y no en su izquierdismo. Por eso, para competir electoralmente forma alianzas con otros partidos -como con la UCR- y adopta otros nombres. Es nada más que una corriente de izquierda socialdemócrata, que puede confluir con otras; por lo demás, también tiene internamente una corriente aún más moderada -la del actual intendente de Rosario, Miguel Lifschitz- y otra ligeramente menos moderada que es la de Giustiniani.

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