JORGE REBELLA
Los créditos se van a ver perjudicados por la caída de las exportaciones, tanto en términos de volumen como de precios, por el desaceleramiento de las importaciones y, lógicamente, por la anticipación de potenciales pérdidas en los balances de las empresas, sostuvo el Cr. Pablo Sitjar, director de Renmax Sociedad de Bolsa. A continuación se publica un resumen de sus declaraciones a ECONOMIA & MERCADO, en donde analiza la situación y perspectivas del sistema bancario a nivel local y global.
-¿Podría estar la crisis financiera internacional encaminándose hacia una etapa de estabilización?
-Los primeros efectos ocasionados por la crisis hipotecaria en Estados Unidos y Europa ya han sido anticipados por los bancos centrales en términos de la ayuda que va a necesitar el sistema financiero internacional. Sin embargo, recién ahora estamos empezando a ver sus efectos sobre el sistema corporativo luego de que se ha frenado la actividad económica, siendo los casos de GM, Ford y Chrysler los más notorios en el mercado estadounidense; pero la industria automotriz no es el único sector que se verá afectado en el corto plazo. Una vez que la economía real digiera los shocks recibidos, se podrá visualizar con claridad cuál va a ser el efecto final sobre el sistema bancario.
-¿Qué efectos ha tenido la inyección de enormes sumas de dinero al sistema financiero?
-Lo han capitalizado para compensar las pérdidas causadas por el terremoto del "subprime", pero todavía no se han contabilizado grandes pérdidas de créditos corporativos. Los créditos a los gigantes automovilísticos no están aún previsionados. Habrá que ver cómo terminará esta crisis financiera afectando al sector corporativo, que está sin acceso a fondos, para saber qué industrias tendrán que reestructurarse y, entonces, evaluar sus consecuencias sobre el sistema bancario. Y esa etapa todavía no la hemos visto. Nos falta transitar un período similar al que vivió Estados Unidos después de las caídas de Enron y WorldCom, cuando los bancos perdieron dinero por su exposición directa a dichas empresas, aunque los daños fueron relativamente menores. En cambio, hoy tenemos una crisis sistémica global que va a afectar a todo el sistema financiero.
-¿Qué signos de reorientación del negocio bancario se observan a nivel internacional como consecuencia de la crisis actual?
-Hay dos aspectos que son muy innovadores. El primero es la administración de riesgos. Si algo nos ha enseñado la crisis actual es que los sofisticados modelos de riesgo cuantitativo han servido de poco en estas circunstancias. Eso no los invalida ni mucho menos, pero evidencia que deben ser utilizados en un contexto más amplio, que revalorice la experiencia pasada y los análisis de riesgo cualitativos.
El segundo aspecto se refiere a la función bancaria misma. Algunas de las medidas implementadas por la Reserva Federal (Fed) han liberado el otorgamiento de licencias bancarias, permitiendo y hasta fomentando que compañías financieras dedicadas al financiamiento al consumo se conviertan en bancos. Esto significa reconocer que muchas veces las instituciones que realizan el negocio bancario tradicional están de hecho fuera del sistema bancario. El objetivo inmediato es permitirles captar depósitos del público, para reducir sus costos de captación y asegurar mayor estabilidad en el fondeo. De esta forma, estas compañías se encontrarán más preparadas para mantener el crédito al consumo, fundamental para que no se profundice la recesión.
Sistema bancario
-¿Está en condiciones la banca uruguaya para apuntalar la actividad económica del país?
-Sobre este punto existen dudas porque estamos en las antípodas del mundo desarrollado. Mientras allí se concedían créditos hipotecarios a quienes no lo ameritaban, en el mercado uruguayo, pese a cinco años de fuerte crecimiento económico, muy pocas personas pueden acceder a préstamos para adquisición de vivienda, lo cual es una aberración. Cualesquiera sean las causas de esta limitación, es una función que no está cumpliendo el sistema bancario local. Tampoco hay ahora financiamiento para la compra de bienes durables ni para el consumo, lo cual no contribuye a reactivar la economía.
-¿Es tan sano el sistema bancario privado de Uruguay por estar en manos de filiales o subsidiarias de bancos extranjeros, como se dijo después de la crisis de 2002?
-Incluso en las difíciles circunstancias actuales, por más que las matrices de los bancos extranjeros hayan tenido problemas, el sistema bancario uruguayo es muy sólido porque las casas centrales de varias de esas sucursales que operan en la plaza local han ameritado ser asistidas o rescatadas en sus países sede.
-¿Qué habría sucedido si los bancos estuvieran controlados por capitales nacionales?
-Debemos comparar la situación actual con otra hipotética en la que no hubiera un sistema bancario controlado por instituciones extranjeras o el Estado. Partamos del hecho que el sistema bancario no ha encontrado posibilidades de colocar toda la masa de depósitos que existe en la plaza uruguaya, porque se carece de una demanda acorde de crédito de empresas uruguayas. Ese excedente obedece, en gran parte, a que Uruguay se ha constituido en una plaza financiera regional, así como a la presencia de sucursales de empresas multinacionales que tienen importantes saldos que no pueden ser destinados en su totalidad para créditos en el mercado local. Necesariamente esos capitales tienen que ser transferidos a los mercados financieros internacionales, y ahí no habría diferencia entre banca extranjera y banca nacional. Pero la primera acota más adecuadamente lo que se puede hacer con esos fondos ya que sus filiales en Uruguay recolocan dichos activos en el mundo a través de sus casas matrices.
En el caso de la actual crisis financiera, una banca exclusivamente nacional habría tenido mayor discrecionalidad en el manejo de los fondos. No es lo mismo colocar en la casa matriz de un banco aprobado por el BCU para operar en Uruguay, que comprar un bono en el mercado internacional que se contabiliza como riesgo banco, pero puede tener un riesgo subyacente que no sea evidente ante un primer análisis. No pocas instituciones bancarias de países emergentes están encontrándose hoy con la desagradable sorpresa que activos bancarios que consideraban líquidos, en las actuales circunstancias, no lo son tanto.
Créditos
-¿Podría la crisis financiera internacional afectar a las sucursales locales de los bancos extranjeros que han tenido que ser capitalizadas por diferentes gobiernos?
-Quizás el elemento más negativo consiste en que, como los bancos que operan en nuestro país pertenecen a grupos financieros internacionales, la toma de decisión es global y va a trascender los factores propiamente locales. Por lo tanto, podría decidirse en las casas matrices una restricción crediticia que determine un corte del crédito en Uruguay. Además, cabe la posibilidad de un efecto contagio que llevaría a que otras instituciones se vieran tentadas a restringir los préstamos por ser conscientes de las consecuencias que tiene una restricción de un banco grande. En una plaza muy concentrada como la uruguaya, donde pocos bancos otorgan préstamos al sector corporativo, la retracción del crédito de una institución podría crear un problema sistémico porque este mercado no es como el estadounidense que, si un banco cierra el crédito, el resto del sistema absorbe la demanda excedentaria.
-A partir de la absorción del ABN Amro por el Santander en Uruguay, la plaza bancaria local no sólo perdió una institución de primer nivel, sino que se produjo una mayor concentración del crédito. ¿Cómo se reflejará esta situación en las empresas?
-Si se observan los activos del ABN Amro y del Santander, es evidente que la institución adquirente ha pasado a tener un porcentaje de participación muy importante en el total de activos de la banca privada en Uruguay. Es normal en los procesos de fusión bancaria en el mundo que las empresas que tenían líneas de crédito en ambos bancos no mantengan la suma de los montos de ambas líneas y, por tanto, sus posibilidades de financiación se vean algo reducidas. En este caso particular, los niveles de crédito no van a aumentar, sino que a lo sumo van a mantener las cifras anteriores.
Además, la fusión de dos bancos importantes siempre aumenta la concentración en el sistema bancario y, por consiguiente, el mercado del crédito se hace menos competitivo. Como resultado, las empresas tienen menos alternativas para solicitar préstamos y, seguramente, se les encarecen sus costos financieros. Este es uno de los efectos no deseados del rescate del sistema financiero internacional: la mayor concentración entre las grandes instituciones.
-¿Cómo evolucionará el mercado local de créditos que hasta septiembre era muy activo y había batido records en cuanto a los montos de préstamos?
-Estimo que habrá una contracción del crédito bancario en Uruguay debido, básicamente, a expectativas de deterioro de la situación económica, que se traduce en restricciones crediticias a futuro. Los créditos se van a ver perjudicados por la caída de las exportaciones, tanto en términos de volumen como de precios, por el desaceleramiento de las importaciones y, lógicamente, por la anticipación de potenciales pérdidas en los balances de las empresas. En definitiva, el crédito se restringe en la plaza local por razones diferentes a lo que ha ocurrido en Estados Unidos, donde todo comenzó por la dificultad de los bancos en obtener financiamiento en los mercados mayoristas.
-¿Qué sectores serán los más afectados ante una eventual contracción del crédito en el mercado uruguayo?
-Seguramente, van a ser las industrias exportadoras que requieren financiamiento de preanticipos y la actividad inmobiliaria, pese a que el porcentaje de transacciones hipotecarias es ahora bastante menor respecto al registrado en el ciclo anterior. Por otra parte, el sistema local de créditos está menos apalancado que el sistema mundial. Esa es la ventaja de la experiencia uruguaya de la crisis de 2002 ya que ha habido una aversión total de las empresas y de los individuos a endeudarse. En paralelo, la suba extraordinaria de los precios de los commodities permitió a muchas compañías financiar su crecimiento con capital propio en base a ganancias retenidas y, de ese modo, han reducido su nivel de endeudamiento. Asimismo, las familias tienen menos deudas que antes de la crisis. Por lo tanto, cuando haya una restricción crediticia, los hogares tampoco se van a ver tan forzados a hacer liquidaciones como ocurrió hace seis años, lo que causó la caída de sus activos reales (campos, autos, viviendas, etc.).
El mercado está muy confundido respecto a la tasa de interés en pesos
-¿Puede tener la baja de las tasas de interés en los países centrales un efecto directo en la plaza financiera local?
-En la medida que gran parte de la banca privada uruguaya está controlada por instituciones extranjeras, estas están garantizando explícita o implícitamente los depósitos de sus subsidiarias locales. Por lo tanto, nunca van a pagar tasas de interés muy diferentes de las vigentes en los países centrales. Sin duda la tasa pasiva en dólares se va a ubicar en cero por ciento porque la liquidez que van a colocar en el exterior estará en un nivel similar. Por otra parte, como habrá una restricción del crédito, los bancos van a seleccionar muy bien a quienes les prestarán y se disputarán esa clientela. Es previsible, entonces, que el mercado del crédito se divida en dos sectores. Por un lado, los bancos van a conceder una tasa muy baja para empresas de primera línea. Por otro, habrá una gran restricción crediticia para el resto del mercado corporativo y, por consiguiente, las tasas van a subir mucho para ese segmento.
En la actividad de intermediación propiamente dicha, o sea la captación de depósitos y otorgamiento de créditos, el spread probablemente aumente debido a la baja de la tasa pasiva y el mantenimiento o una leve alza de la tasa activa promedio. Además, los bancos van a tener que empezar a hacer más previsiones, con lo cual se conocerá cómo se va a ver afectado el sistema bancario.
-¿Cómo prevé que evolucionen las tasas de interés en el mercado local al ingresar la economía nacional a una fase de desaceleración en un año electoral?
-Hoy nadie sabe dónde está situada la tasa de interés local. Las recientes operaciones de recompra que ha hecho el Banco Central han permitido visualizar una tasa de equilibrio en pesos a corto plazo. Se puede pensar en niveles de 15% o 20% que más que duplican la tasa fijada por el BCU como señal de una política monetaria que, supuestamente, tiene como objetivo la tasa de interés.
El mercado está muy confundido respecto a cuál es la tasa de interés en moneda nacional, lo que evidencia que es un aspecto muy poco relevante en el mercado. La tasa de interés activa en dólares probablemente suba y la señal más objetiva que existe es observar en qué niveles están operando los bonos emitidos por el gobierno uruguayo en el mercado internacional. Un título de deuda uruguayo a 30 años está rindiendo en torno al 11% y los bonos uruguayos de corto plazo con vencimiento dentro de un par de años operan con un interés del 7%. Eso actúa como piso de la tasa de crédito porque, si un banco compra un bono del gobierno no tiene que previsionar ni tiene consumo de capital y, por tanto, lo va a tomar como referencia costo/oportunidad para prestarle a las empresas. Si una compañía se financia al 8% con una Libor que va a ir bajando a niveles por debajo del 1%, estamos hablando de spreads que son importantes. En resumen, el costo absoluto de financiamiento va a descender por la baja de la tasa internacional, pero el spread va a ir en aumento debido a ese diferencial.
-¿Qué opina de la política del Banco Central de convalidar una cotización más alta para el dólar y de no aceptar tasas de interés más altas para las Letras en unidades indexadas (UI) en las licitaciones recientes?
-Si el BCU no renueva un pequeño porcentaje de esa deuda en UI que va venciendo porque no quiere convalidar tasas de interés más elevadas, en realidad está expandiendo automáticamente la base monetaria, con el resultado de que parte de esos pesos se pasan a dólares. Esa política está coadyuvando a que suba la cotización de la divisa estadounidense y facilitando la situación de competitividad de los productos uruguayos.
Riesgo país de Uruguay está capturando el riesgo de iliquidez de sus bonos
-Cuando los países de la región están devaluando sus monedas en un contexto de salida de divisas fuertes, ¿cómo debe preservar Uruguay su competitividad sin que se dispare la inflación?
-Una de las pocas ventajas que tiene esta situación es que, dada la contracción actual de la actividad global, es muy difícil que se dispare la inflación porque las presiones son deflacionarias, sobre todo en un país agroexportador como Uruguay, debido a la caída sustancial de los precios de los commodities. Como probablemente en los próximos meses se va a reducir el carácter contractivo de la política monetaria, eso daría un cierto espacio para que el peso se mueva lentamente acompañando al real, que está muy volátil y, por tanto, es muy difícil determinar dónde y cuándo se va a estabilizar. Si bien la moneda uruguaya no tiene que estar pegada a la brasileña, tampoco puede tener grandes desvíos con respecto a la de Brasil. Ya tuvimos la experiencia de 1999-2002 posterior a la devaluación del real, que dejó a la economía de nuestro país muy debilitada. Al haberse permitido al tipo de cambio flotar suficientemente en los últimos años, el BCU ha podido reducir la volatilidad de la reciente apreciación del dólar. En ese sentido, la política cambiaria va en la dirección correcta.
-A pesar de una depreciación del peso uruguayo superior al 20% registrada en los últimos meses, el sector agropecuario continúa reclamando una mayor caída del tipo de cambio. ¿Está la paridad monetaria actual situada en un nivel realista?
-Es muy difícil determinar cuál es el nivel de competitividad óptima en una situación de gran volatilidad tanto de precios como de tipos de cambios regionales e internacionales. Tampoco es conveniente efectuar cambios abruptos en esta área porque la economía uruguaya está altamente dolarizada y es muy dependiente de los productos importados y, por consiguiente, cualquier depreciación sustancial de la moneda local se va a trasladar a los precios internos. Además, no creo que los problemas del sector agropecuario se vayan a solucionar con un gran movimiento del tipo de cambio.
-¿A qué ha estado más correlacionado el tipo de cambio en Uruguay en los últimos tiempos?
-Desde inicios de los noventa, la paridad dólar-euro ha sido la variable más importante. El tipo de cambio también está muy correlacionado al comportamiento de los precios de los commodities, los cuales a su vez están muy ligados a las variaciones entre las divisas estadounidense y europea. En efecto, cuando se revirtió la apreciación del euro con respecto al dólar, también hubo una inflexión en la cotización de las materias primas y, lógicamente, Uruguay como gran exportador de carne y granos se ha visto afectado por esta situación.
-¿No inciden las variaciones del riesgo país en el tipo de cambio?
-Si se compara el riesgo país de Uruguay y Brasil, se observa que el uruguayo está muy por encima del brasileño pese a que la situación era prácticamente de paridad al comienzo de la crisis internacional. El efecto de la caída de los mercados financieros ha sido mucho más virulento para el riesgo país de Uruguay. Sin embargo, la situación del mercado cambiario es la opuesta. El real se ha depreciado mucho más rápidamente que el peso uruguayo, lo que indica un menor nivel de riesgo en el tipo de cambio. La explicación radica en que los bonos uruguayos son relativamente más ilíquidos que sus pares brasileños, por lo que se amplifican los movimientos cuando el mercado está en baja. Si depuramos este efecto liquidez, los niveles de riesgo país implícitos se acercan bastante más. Por lo tanto, el riesgo país de Uruguay no refleja objetivamente el verdadero riesgo que los inversores ven en nuestros bonos, sino que está capturando además el riesgo de iliquidez.