Los mercados en crisis suelen pedir a gritos la asistencia del Estado

| Mientras persista la inestabilidad financiera actual, los gobiernos por sí solos no podrán restablecer la confianza en el sistema bancario

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El País

JORGE REBELLA

El ex presidente brasileño Fernando Henrique Cardoso, cofundador y presidente honorífico del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) dialogó con ECONOMIA & MERCADO en Punta del Este, donde participó en el Encuentro "Tendiendo Puentes II" organizado por la Fundación "Círculo de Montevideo" a fines de noviembre. A continuación se publica un resumen de la entrevista.

-Los bancos privados de los países centrales han tenido que recurrir al Estado para sobrevivir a los embates de la actual crisis económica internacional. ¿Constituye este rescate de los sistemas financieros de Estados Unidos, Europa y Asia por parte de sus gobiernos una refundación del capitalismo?

-Diría que podría ser un nuevo punto de inflexión en la historia del capitalismo, ya que en los momentos de crisis, los mercados suelen pedir a gritos la asistencia del Estado. Hoy el problema es más grave porque el sistema financiero está internacionalizado y, por ahora, no hay soluciones globales. Si fuera una crisis normal, los organismos multilaterales de crédito, como el Banco Mundial o el FMI, estarían actuando; pero, en este caso particular, esas instituciones se han abstenido de intervenir. Por eso, todo depende de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) que actúa como si fuera el banco central de los bancos centrales, ofreciendo préstamos, incluso a quienes no los solicitaron como ocurrió con los US$ 30.000 millones concedidos a Corea del Sur. Además, la Fed ha comenzado a operar con "commercial papers" como si fuera un banco comercial.

Por lo tanto, hay varios problemas que se entremezclan. Primero, es necesario que funcione una institución global que sea capaz de enfrentarse a una crisis financiera mundial porque esa tarea hasta ahora la han asumido los gobiernos locales con resultados aún inciertos. En segundo lugar, la desconfianza es de tal magnitud que los centenares de miles de millones de dólares que han sido puestos en circulación para proporcionar liquidez no han sido suficientes para fortalecer la credibilidad del sistema financiero. Por consiguiente, los bancos no se conceden créditos entre sí, lo cual ha llevado a que la Fed empiece a funcionar como un banco comercial.

-¿Cómo se recupera la confianza en las actuales circunstancias?

-La credibilidad en el sistema financiero debe ser recuperada conjuntamente por los gobiernos y los propios actores económicos. La primera señal en ese sentido la dio el primer ministro británico Gordon Brown cuando capitalizó a los bancos de su país para poder manejarlos directamente. Algo similar sucedió en el continente europeo luego que diversos gobiernos garantizaron los depósitos bancarios. En cambio, la administración Bush propuso otra solución, que tuvo que ser modificada a mitad de camino porque se vio que la decisión tomada por Brown era más eficaz. Curiosamente, la iliquidez no se debe a la falta de capitales, sino a la desconfianza existente entre los propios banqueros. Mientras no se reconstruyan esos canales y persistan los síntomas de inestabilidad, los gobiernos por sí solos no serán capaces de restablecer la credibilidad del sistema financiero.

-¿Qué etapa de la crisis financiera internacional intuye que estamos atravesando?

-En estos momentos se está tratando de controlar el incendio, pero el humo no deja ver qué parte del edificio ha quedado en pie. No se sabe con certeza cuánto ha sido destruido por este siniestro. Eso es muy grave porque afecta la confianza de la gente que se despierta cada mañana con malas noticias por los efectos de esta crisis, que tienen consecuencias negativas de mediano plazo sobre variables claves.

Gasto público

-¿Qué opina de la propuesta de Paul Krugman para apuntalar a la economía real mediante el incremento del gasto gubernamental dejando de lado la preocupación por el déficit presupuestario?

-Coincido con la política propuesta por Krugman para aplicar en Estados Unidos; pero eso no se puede generalizar porque depende de la situación económica de cada país. Sin duda su idea está basada en el New Deal, aunque hay que reconocer que esa política no logró poner fin a la Gran Depresión en Estados Unidos. Sí redujo las altas tasas de desempleo, pero no consiguió que la economía estadounidense despegase sostenidamente hasta el comienzo de la Segunda Guerra Mundial. Con esos resultados a la vista, el presidente Roosevelt empezó a controlar el gasto público. Espero que ahora nadie proponga un conflicto bélico internacional como solución para reactivar la economía global.

-De eso se desprende que Ud. es contrario al aumento del gasto público, ¿no es cierto?

-Todo depende del destino que se le dé a ese dinero. Si el aumento del gasto público apunta sólo al asistencialismo, entonces va a aliviar la situación económica de los individuos temporalmente. Por eso, Krugman agregó que la continuidad de la reactivación requiere de una corriente de inversiones en infraestructura.

EE.UU. y China

-¿De qué dependerá que la economía estadounidense se recupere en un período relativamente corto o que la recesión sea profunda y prolongada?

-La recuperación surgirá de las políticas internas de ese país. Las primeras declaraciones de Barak Obama como presidente electo apuntan a la dirección correcta. Por otra parte, la economía estadounidense se caracteriza por su gran dinamismo y las decisiones de los norteamericanos, tanto de su gobierno como del sector privado, son muy rápidas, lo cual podría acortar la recesión.

-Pero hoy existe un factor externo de mucho peso que es China. ¿Cómo espera que reaccione su economía?

-Hasta hace muy poco tiempo, la demanda del país asiático movía la economía mundial. Algunos analistas sostienen que por más profunda que resulte la crisis en Estados Unidos, China va a continuar importando grandes cantidades de commodities y, en menor medida, de bienes intermedios.

Sin embargo, los propios chinos han reducido sus proyecciones de crecimiento de 12% a 6%-8%. Tampoco me ilusiono demasiado con la fortaleza de las finanzas de China, ya que tienen colocados unos US$ 500.000 millones en las agencias hipotecarias Freddie Mac y Fanny Mae. Por lo tanto, es aún muy temprano para pronosticar si esta crisis va a ser de corto o largo plazo. Creo que va a durar bastante más de lo que muchos prevén.

-El endeudamiento del gobierno de Estados Unidos, que era colosal antes de la crisis, ahora crece en forma incontrolable para salvar al sector financiero. Como los "treasuries" están denominados en la propia moneda norteamericana, ¿no solucionaría una fuerte devaluación del dólar varios problemas con que se encontrará la nueva administración?

-Ese es un riesgo cierto. Sería una forma de pasarle la cuenta al resto del mundo, lo cual los norteamericanos ya han hecho en ocasiones anteriores. Una alternativa totalmente diferente, aunque de efectos de mediano plazo, consiste en que la administración demócrata aumentara la tasa de interés, aplicara una política de austeridad y redujera el nivel de consumo interno, entre otras medidas.

América Latina

-¿Cómo afectará la crisis financiera internacional a la región?

-La crisis ya está afectando las exportaciones de América Latina, lo que eventualmente podría crear problemas en la balanza de pagos.

Asimismo, se observa una falta extendida de crédito, lo que perjudica a las inversiones y las exportaciones. Finalmente, otra consecuencia de la crisis la están padeciendo algunas empresas que hicieron apuestas equivocadas con respecto a la evolución del tipo de cambio y tienen deudas en dólares, que ahora son considerablemente más altas traducidas a las monedas locales. Por lo tanto, la tasa de crecimiento económico de los países de la región seguramente va a disminuir el año próximo y no está nada claro si la tendencia descendente podrá revertirse en 2010.

-¿Qué pueden hacer los gobiernos latinoamericanos para atenuar los impactos negativos?

-Curiosamente, la actual crisis podría tener algún efecto positivo de largo plazo en los países latinoamericanos ya que sus gobiernos deberán planificar políticas para los próximos veinte años. Como ya sabemos que la región tendrá que competir duramente con China en la manufactura de bienes y con India en la prestación de servicios, el liderazgo político de América Latina debe tener la visión estratégica para dar respuesta a ciertas interrogantes claves como, por ejemplo, cuál será la propuesta de desarrollo futuro y en qué se podrá basar. Hay que definir si la región va a estar en condiciones de ingresar a la economía del conocimiento, explotar nuevas fuentes de energía, etc.

El gobierno brasileño no puede convertirse en el financista de la actividad interna

-¿Podría Brasil reducir los efectos de una recesión mundial si apunta a un desarrollo intenso de su mercado interno?

-Los impactos de la crisis de 1929, que recién se sintieron al año siguiente en Brasil, tuvieron un efecto favorable porque el descenso abrupto del comercio internacional actuó como una especie de barrera arancelaria y dio un impulso a la industrialización nacional. Pero hoy ya no se puede pensar de ese modo porque las economías de todos los países están estrechamente interconectadas. El mercado brasileño puede atenuar los impactos negativos de la crisis en cuanto al empleo si se mantiene el crédito, que es fundamental para la sostenibilidad de la economía contemporánea. Aunque Brasil tiene un gran potencial de consumo, el gobierno carece de los instrumentos necesarios para convertirse en el financista de la actividad económica interna.

-Sin embargo, el gobierno de Lula va a otorgar una ayuda financiera importante al sector automotor...

-La industria automotriz brasileña ha venido creciendo con tasas muy altas durante los últimos cinco años en base a la venta a crédito. La extensión de los plazos llegaba hasta noventa meses y las tasas de interés eran relativamente bajas porque, en muchos casos, eran contratos de leasing. Pero, las cuotas para la compra de bienes durables se han reducido drásticamente en los últimos meses. Por eso, el gobierno federal y el del estado paulista han anunciado que pondrán a disposición del sector automotor un fondo de US$ 4.000 millones, al que contribuirán por partes iguales. La razón principal es que esta industria ofrece muchos empleos y representa una fuente importante de recursos fiscales. A pesar de esa inyección de capital, los resultados no van a ser espectaculares porque la economía brasileña no tiene suficiente fuerza para contrarrestar las tendencias globales.

-¿No se previeron acciones para fortalecer la economía brasileña en caso de que se produjera una reversión del ciclo positivo?

-En los años de bonanza, se aumentaron los gastos corrientes, que le generan mucha rigidez al presupuesto nacional, y se desperdició una oportunidad única para hacer inversiones en infraestructura. Recién ahora, después de seis años de interminables debates, el gobierno brasileño ha aceptado que el sector privado pueda invertir en la construcción de puertos, carreteras, etc. Queda por verse si se encuentran capitales privados disponibles y dispuestos a embarcarse en esa tarea en este momento.

-A pesar de que la administración Lula destacaba la fortaleza de la economía brasileña, la crisis internacional provocó importantes salidas de capitales en Brasil, estimándose que se fugaron por lo menos unos US$ 15.000 millones en pocas semanas, el índice Bovespa cayó 50% y el real se devaluó un 40%. ¿Por qué el gobierno brasileño no pudo detener el ataque especulativo contra su moneda?

-A diferencia de la situación actual, las crisis que tuve que enfrentar cuando yo era presidente apuntaban al tipo de cambio como reflejo de fuertes volatilidades en mercados emergentes (México, sudeste asiático, Rusia, etc.). Hoy la crisis proviene de un país central como Estados Unidos debido a la falta de crédito y de confianza en los sistemas bancarios de todo el mundo. Por eso, el gobierno brasileño trató de postergar la toma de conciencia por razones políticas para mantener el ánimo de la gente, ya que era imposible impedir la fuga de capitales. Tampoco el gobierno ruso, que disponía de más de US$ 500.000 millones en reservas internacionales, o sea más que el doble que Brasil, ha podido hacer mucho para detener la huida de los fondos especulativos. Hay que entender que la moneda no es sólo el reflejo de la política monetaria local, sino que también es la caja de resonancia de las condiciones económicas globales. Cuando se produce un terremoto financiero mundial, los capitales buscan refugios más seguros y el apetito de hacer inversiones disminuye.

Ante el bloqueo de los puentes, Lula no ha actuado de la mejor manera posible

-¿Se podrían coordinar políticas comunes en el Mercosur dirigidas específicamente a sostener a las economías de los países miembros ante los impactos de la crisis financiera internacional?

-Sin duda, la crisis global va a tener un cierto peso en la discusión futura del Mercosur, pero no veo acciones coordinadas en el horizonte cercano dados los distintos enfoques de los socios. Francamente, el gobierno argentino no tiene una visión actualizada del manejo de la política económica debido a su excesiva preocupación por aplicar medidas proteccionistas, lo que no ayuda al bloque regional a dar un paso adelante en materia de integración.

-Entonces, ¿cuándo va a cumplir el Mercosur su objetivo de lograr una integración económica regional?

-Hasta ahora sólo se han suscrito acuerdos de desgravación arancelaria que son constantemente "perforados", ya que en cada reunión de Ministros de Economía se aprueba una nueva excepción al libre comercio intrarregional. Más grave aún es que los socios no han tenido la visión de los europeos que supieron "repartir" soberanía. En el Mercosur, el razonamiento de cada país apunta al crecimiento de la producción nacional exclusivamente. Yo querría que se estableciera una política de complementación industrial y que hubiera fusiones de capitales argentino-brasileños, en vez de la actual tendencia de adquisición de fábricas argentinas por empresas brasileñas. El proceso productivo se desarrollaría mejor si la instalación de nuevas plantas se distribuyera en forma equilibrada en la región y no se concentrara en el socio más grande. Esa aspiración no es fácil de lograr porque las multinacionales han hecho una apuesta muy fuerte en Brasil.

De todos modos, no quiero parecer pesimista porque se ha avanzado mucho con respecto a lo que era América del Sur hace treinta años en cuanto a la capacidad de convergencia política, intercambio cultural, tránsito de personas, etc.

-Usted acaba de mencionar el libre tránsito de personas como uno de los progresos logrados por el Mercosur. Sin embargo, Brasil ha ignorado las reiteradas denuncias del gobierno uruguayo por el bloqueo argentino de los puentes binacionales sobre el río Uruguay que ya dura tres años. ¿Cómo puede el presidente Lula aspirar a tener un liderazgo en América del Sur actuando de ese modo?

-Oportunamente declaré que esa situación es inaceptable. Ocurre que el gobierno brasileño por su visión "satélite" de la relación con Argentina no se atrevió a decir nada. Al callarse abrió espacios para que interviniera un país extrarregional, como es España. Si bien esa fue una decisión de política exterior de la administración Lula, no ha sido nada positiva para el Mercosur. A mi juicio, Brasil no ha actuado en este episodio específico de la mejor manera posible.

-¿Es cierto que Brasil ha perdido influencia política en la región debido al ascendiente que tiene Chávez en varios países?

-En los últimos años, han surgido algunos gobiernos en América del Sur, primeramente el de Venezuela, que tienen una postura antiglobalización y anticapitalista, pero no señalan con claridad la vía por la que pretenden transitar. Esa retórica, con matices populistas, ha jugado en contra del rol que Brasil podría desempeñar en la región. Incluso algunos países sudamericanos han adoptado medidas arbitrarias contra empresas brasileñas, como es el caso de la negativa del gobierno ecuatoriano de pagar una deuda que tiene con la firma Odebrecht por la construcción de una planta hidroeléctrica. También el gobierno de Bolivia, por más simpatía que uno pueda tener por la trayectoria de Evo Morales, ha actuado en forma muy desconsiderada con Brasil por el modo como se decidió la expropiación de Petrobras. En realidad, le faltó capacidad al gobierno brasileño para dialogar con el presidente boliviano con más persuasión y mayor firmeza a efectos de lograr una solución satisfactoria para ambos países.

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