Crisis financiera internacional sacude la economía del país del sol naciente

| Las empresas japonesas apuestan a las adquisiciones en el exterior, donde la fortaleza del yen les permite concretar buenos negocios

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El País

JORGE REBELLA | JAPÓN

Mientras las bolsas de valores se desmoronan en el mundo entero, incluyendo al índice Nikkei que ha caído a sus niveles más bajos desde 1987, el diario vivir de los japoneses continúa aparentemente sin mayores cambios. Desde las primeras horas de la mañana veo salir a miles de personas de las estaciones del tren elevado y del subterráneo de Tokio, una ciudad con una arquitectura futurista, para dirigirse con paso ligero a sus empleos. En su flujo permanente, tanto los hombres, con sus trajes negros, camisas blancas y corbatas de colores oscuros, como las mujeres, vestidas y peinadas según los últimos dictados de la moda occidental, van conectados a sus equipos electrónicos portátiles. Me es imposible adivinar en la expresión de sus rostros si les preocupa más la caída en picada del valor de las acciones, la suba de hasta un 20% de los precios de los alimentos en un país que se ha caracterizado por tener deflación en los últimos años, o la noticia que la demanda de trabajo ha superado a la oferta de empleos. Tal vez, simplemente, están reservando localidades para un concierto de rock y, quizás, alguno se está enterando del recital que dio el dominicano Juan Luis Guerra en la capital nipona.

Por cierto, los japoneses saben que no saldrán indemnes de la crisis de Wall Street. "La caída de las bolsas va a afectar seriamente nuestra economía porque, entre otras cosas, va a reducir la inversión interna", afirma Masahiro Takasugi, director de la División Sudamericana de la Oficina de Asuntos Latinoamericanos y del Caribe del Ministerio de Relaciones Exteriores. Varios empresarios y académicos con quienes conversé en estos días también prevén dificultades para la actividad económica de su país. El periodista Satoru Watanabe, subdirector de la sección internacional de The Yomiuri Shimbun, el rotativo de mayor circulación de Japón con un tiraje fijo de 10,5 millones de ejemplares diarios, me entrega la edición en inglés, en cuya tapa figuran los resultados de la reconocida encuesta Tankan del Banco Central del Japón. Me entero que el índice de confianza en la economía por parte los principales industriales manufactureros arrojó un saldo negativo de 3% en el tercer trimestre de 2008 contra una cifra positiva de 5% en el trimestre anterior, siendo el nivel más bajo registrado en los últimos cinco años. Pocos días después el diario económico Nikkei anuncia que un sondeo entre empresarios mostró que el 94% de los encuestados considera que la economía japonesa se está deteriorando.

ECONOMÍA. Luego de la explosión de la burbuja financiera a mediados de la década del noventa causada por préstamos bancarios sin suficiente respaldo, la recuperación de la economía japonesa ha tenido un ritmo muy lento. Se depende mucho de la demanda externa para impulsar las inversiones productivas y, por ende, incrementar el empleo y los salarios, con el agravante de que los empresarios se han vuelto más temerosos desde que se desató la crisis hipotecaria en Estados Unidos el año pasado. El nivel de actividad de la primera mitad de 2008 sufrió una caída aguda, especialmente en el segundo trimestre.

Varios analistas especulan que también se podrían registrar cifras negativas en el tercer trimestre, con lo cual se produciría técnicamente una recesión en la segunda economía mundial en términos de PIB. "Es muy probable que el producto de Japón tenga una caída este año", afirma Nobuo Kawabe, catedrático de Historia Comercial en la prestigiosa Universidad de Waseda en Tokio. Tampoco son muy halagüeñas las perspectivas para 2009 si se confirma el comienzo de la recesión en Estados Unidos y Europa.

Esa situación ha provocado una retracción en los niveles de consumo que llevó a que el índice de confianza de los consumidores descendiera a sus niveles más bajos desde que se introdujo este indicador en 1982. No obstante, el 1º de octubre abrió sus puertas en una ciudad satélite de Tokio el megacentro comercial Aeon Lake Town, de 220.000 metros cuadrados de superficie, que congregó en su inauguración a unos 150.000 consumidores atraídos por las ofertas de sus 565 locales de venta de bienes y servicios.

Más allá de ese fenómeno puntual de marketing, la laboriosa y disciplinada población japonesa, que tiene el privilegio de contar con un PIB per cápita de US$ 34.000, denota cierta molestia porque los salarios no aumentan al mismo ritmo que los precios. En efecto, el costo de vida registró un aumento de 2,3% en los últimos doce meses a fines de agosto, con lo cual la tasa de inflación se está acercando al tope del límite aceptable en los países desarrollados. Luego de varios años de deflación como resultado de la "década perdida" de los años noventa y principios de este siglo, Japón está experimentando una inflación perniciosa ya que ese crecimiento no es consecuencia del empuje de la demanda interna, sino de los mayores costos de los commodities agrícolas y de la suba del precio del petróleo que se importa en su totalidad.

La factura del petróleo subió casi un 70% en el primer semestre de este año y representó aproximadamente la cuarta parte del monto total de importaciones. "Por ese motivo, el superávit de la balanza comercial de bienes se viene reduciendo a pasos agigantados en los últimos meses, con grandes posibilidades de que en 2008 se registre el primer déficit en veintiséis años", señala el profesor Kawabe.

POLÍTICA. Tantas alarmas en el panorama económico se han visto reflejadas en el ámbito político. A principios de septiembre el gobernante Partido Liberal Democrático (PLD), que ha regido los destinos de Japón a partir de la postguerra, salvo por un breve intervalo a mediados de la década pasada, aceptó la renuncia del primer ministro, Yasuo Fukuda. Éste, como consecuencia de haber aplicado una política basada en el cuidadoso manejo del gasto público, sufrió una pérdida de popularidad, la que había caído por debajo del 30%.

Después de varias semanas de complejas negociaciones, la mayoría de la Dieta, o sea el Parlamento japonés, conformada por el centro derechista PLD y su aliado, el Nuevo Komeito, un pequeño partido de derecha, designó como sucesor a Taro Aso, secretario general del partido oficialista y ex ministro de Relaciones Exteriores. Aso, cuyo abuelo fue dos veces primer ministro en los comienzos de la restauración democrática, ha ganado una reputación de "halcón" por abogar por una política firme hacia China y por querer aumentar el poderío de las llamadas Fuerzas de Autodefensa, dado que la Constitución de Japón no admite la existencia de un ejército regular.

Pocos días después de haber asumido, el nuevo jefe de gobierno, un conservador atípico que se caracteriza por su decidida postura de aumentar el gasto público para estimular la economía, insinuó la necesidad de votar un presupuesto suplementario para el año fiscal 2008. Entre otras medidas, Aso pretende votar exenciones impositivas para las inversiones de capital, para los gastos en I+D y para quienes son poseedores de acciones bursátiles.

Todo apunta a que el gobierno adelante un año el llamado a elecciones, probablemente en noviembre próximo, para capitalizar la tradicional "luna de miel" con la población que suele gozar un nuevo jefe de Estado. Sin embargo, no estaba en los planes del oficialismo que la crisis financiera internacional alcanzaría la actual gravedad. Ante la inminencia de tiempos muy difíciles, los electores podrían prestar oídos a las propuestas del principal partido de oposición, el Partido Democrático del Japón (PDJ), formado básicamente por disidentes del PLD y ex socialistas, cuya orientación económica está ligeramente más inclinada a la izquierda. Entre otras medidas, el PDJ propone dar un paso atrás en la amplia desregulación de la economía efectuada en los últimos años y dar mayores beneficios sociales a los ancianos, un segmento etario cada vez mayor en Japón.

ADQUISICIONES. Luego de haberse recuperado de la crisis financiera local de la década del noventa, las instituciones financieras japonesas se han reestructurado y hoy, en su mayoría, presentan una situación económica más holgada, un management más eficiente y, sobre todo, cuentan con muchos más fondos. Como las perspectivas de expansión del mercado interno son bastante escasas dado el lento crecimiento de la actividad económica local y el progresivo envejecimiento de la población, muchas empresas japonesas se están volcando a realizar adquisiciones y fusiones en los mercados externos, donde la fortaleza del yen, que está casi a la par del dólar, les permite concretar negocios a precios de liquidación.

El Asahi Shimbun, segundo diario en circulación de Japón, informó la semana pasada que las compras japonesas ya no se concentran en el mercado norteamericano, sino que se están diversificando por el mundo. En efecto, Nomura Holdings, la principal firma de brokerage del país, ha hecho una oferta por las operaciones de Lehman Brothers en Europa, Medio Oriente y Asia. No se ha quedado atrás el grupo financiero Mitsubishi UFJ (MUFJ) que está negociando la adquisición del 21% del paquete accionario de Morgan Stanley Japonese Securities en unos US$ 9.000 millones. De concretarse esta fusión, se crearía la firma mayorista de valores más grande de Japón.

Por su parte, el Norinchukin Bank invirtió US$ 300 millones en la compra de acciones del Credit Agricole de Francia a efectos de formar una alianza empresarial para realizar inversiones conjuntas en Asia y Europa. El Norinchukin, fundado en 1923, es un importante inversor institucional que cuenta con fondos masivos proporcionados por cooperativas agrarias de todo Japón. Este acuerdo ayudará al banco francés, que presta servicios financieros a cooperativas de agricultores, pescadores y forestadores, a reforzar su posición crediticia y estabilizar el valor de sus acciones.

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