Se vienen las internas

JULIO PREVE FOLLE

No se sorprendan los que me leen habitualmente. No voy a escribir sobre este tipo de temas. Lo que ocurre es que la disputa dentro del partido de gobierno por el espacio de izquierda, se plantea fuertemente con el campo por escenario, para desgracia de todos. La fracción al mando del MGAP, parece lanzada a marcar su perfil desde planteos de política agrícola supuestamente opuestos a los de sus adversarios, a los que no obstante cuesta reconocer. El agro se convierte así en campo de batalla política, y sobre él se amontonan proyectos patrocinados por el MGAP en carrera electoral. Entre ellos no se reconoce una idea nueva, una sola que suponga renovación de las discusiones. Sólo se advierte en ellas la voluntad de confrontación así como la ausencia de estudio, de reflexión, sustituido todo por preconceptos viejos y apolillados. Pobre campo; pobre país.

El MGAP que se caracterizó, en particular en su conductor anterior, por un abundante discurso populista pocas veces concretado en disposiciones de política pública, se apura ahora para dejar su testimonio progresista en un alucinante viaje al siglo pasado. Para ello plantea en rápida sucesión tres leyes.

PROTECCIÓN DEL SUELO. Una de ellas es la que refiere al cuidado de los suelos, que ya describí como un pretexto que nada tiene que ver con la edafología, que se vincula sobre todo con una especie de lucha contra la agricultura del siglo XXI, contra la aplicación de tecnologías modernas importadas, y en general contra todo lo que se asocia a progreso empresarial; un progreso notable que desde la agricultura de escala va haciendo nacer empresarios de servicios de diversa índole en rincones hasta ayer recónditos del país. Por decreto o por ley, aun no se sabe bien, la amenaza es la de someter la realización de cada chacra a las horcas caudinas de un permiso caso a caso -tal como se hace con las sociedades anónimas- concedido por la autoridad mayestática del MGAP, en base a criterios que nadie conoce.

SUBSIDIO A LA LECHE. Otro proyecto de ley refiere a un subsidio al consumidor de leche que como anticipamos oportunamente se organizó no sólo de modo contrario a la lógica económica, sino en particular de modo injusto, ilegal, y absolutamente expuesto a reclamos que ya empezaron por parte de la empresa Ecolat. El nuevo impuesto que se creó por decreto 130/08 surgió de la actual política lechera que, habiendo liberado la fijación del precio al productor por parte de las industrias, mantiene no obstante fijo el precio de la leche al público al que aquéllas venden la leche pasteurizada. Como el gobierno quiere mantener un precio al consumo que no recoja los movimientos que en el mundo han experimentado los lácteos, resolvió una injusta solución, consistente en obligar a los tamberos a solucionar la cuenta de los consumidores. Y lo hizo de la peor manera, porque no es justo que los tamberos carguen con el peso de subsidiar el precio de la leche a todos los ciudadanos, los de Carrasco y 40 Semanas, los de Punta del Este y Cerro Norte. En el decreto referido se estableció la obligación de aportar 0,06 pesos por litro de leche recibida en planta, destinado a subsidiar la leche al consumidor de leche pasteurizada en $ 0,50. Como las empresas no tienen ninguna obligación de abastecer al mercado interno al precio que les fijan, podría ocurrir que no lo hicieran, o que no estuvieran dispuestas a pagar un impuesto por no hacerlo. Para eso se encomienda al MGAP la fiscalización de la obligación referida.

Este decreto como señalé, creó un impuesto sin base legal y además estableció de hecho una detracción que como se sabe están prohibidas por ley salvo para cierto tipo de cueros. En efecto, al crearse una compensación sólo para las empresas que atienden el mercado interno, de hecho se estableció un impuesto a las exportadoras. Este error insano en lo económico, injusto y además ilegal, ahora se lo quiere establecer por ley para subsanar sus problemas formales. Debe aclararse además, que no es creíble que el ministerio se preocupe por el precio al público de la leche, en tanto promueve aumentos en frutas y verduras, en aceite, vino, pollos, o azúcar, tan de primera necesidad como aquélla.

EXTRANJEROS CON TIERRA. Finalmente tenemos el anuncio de un proyecto de ley para limitar la propiedad de la tierra a los extranjeros en la frontera, según se dice por razones sanitarias, lo que suena a un chiste. Se trata de una propuesta que supone un criterio de defensa de la soberanía, como si su ataque a través de la extranjerización siguiera pautas de ejército de infantería. En otras palabras un programa para el siglo XVII o XVIII, no más. En el momento actual, en el que las transacciones se hacen en tiempo real desde un punto del planeta a sus antípodas, donde no hay un solo lugar del territorio que diste de alguna frontera más de tres o cuatro horas de auto o quince minutos de avión, en este momento pretender que una faja de 50 kilómetros detenga algo es ridículo. Y reservar toda la franja limítrofe aduciendo que hay propietarios en ambos lados (cuántos, dónde), lo que dificulta el control sanitario, es ridículo. Paradójicamente se podría entender más desde la ideología, que se prohibiera a los extranjeros comprar campos o casas, que pararlos en una faja con criterio de trinchera de infantería, a ellos o a los virus que pudieran portar. Esto dicho sin considerar la necesidad de indemnizar a quien viera desvalorizarse su tierra por una norma de éstas. Claro está que siempre se puede hacer un saludo a la bandera y prohibir la propiedad pero hacer la excepción a quien consiga cédula, o residencia, o cualquier otro papel que se puede lograr y vivir en París. Así se hizo con las sociedades anónimas, que se las prohibió pero con excepciones de todo tipo, dejando la norma hecha flecos y con la cancha flechada.

EL ADVERSARIO. Todos estos planteos pretenden disputar el espacio de izquierda al otro polo dentro del partido de gobierno, que aparece como más compatible con otras posiciones más alejadas de esta izquierda. Por eso es que el ministro de economía saliente declara que todos los días realiza acciones de izquierda, aunque nadie sepa muy bien en qué consisten. Para mí en este sector supuestamente más moderado están los autores de la inicua reforma tributaria que grava más al trabajo que al capital, que trata por igual a quienes tienen hijos y a quienes no, y que formó una policía tributaria ajena a la forma de ser del país. Están también en él los que luchan contra la inflación a la vez que promueven más y más gasto; y los que imaginan una ley de independencia del Banco Central pero que a las primeras de cambio remueven directores para ocupar sus cargos.

En realidad el verdadero adversario del grupo del MGAP no es el del ministro saliente de economía. Su enemigo es el propio capitalismo, ni más ni menos. Se refieren al suelo, pero en realidad están contra el modelo agrícola empresarial. Se refieren al control sanitario de frontera pero en realidad están contra los extranjeros, así llamados a los vecinos, los socios, a los que quieren parar en su avance incontenible de inversión. Hablan de subsidio al consumidor de leche -el de Punta del Este y de Casabó- pero en realidad están contra el sistema de precios y no se animan a señalar, lo que en privado hacen, que están a favor de las detracciones porque los precios han subido mucho.

La disputa por el espacio político en el partido de gobierno está planteada con el agro por escenario. La izquierda del MGAP está ganando esa batalla.

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