ISAAC ALFIE
Es conocido que la actual administración ha hecho de la retórica acerca del por qué de sus impuestos su centro de gravedad. Basta hablar con, o escuchar a cualquier legislador, ministro o funcionario de menor rango para que, ante la menor discrepancia sobre la política impositiva éste, casi como acto reflejo acuse a su interlocutor, como mínimo de "no solidario". Lamentablemente las cosas no son así y, desde mi punto de vista en este tema, las autoridades no aplican las más elementales reglas del razonamiento económico, no el que hacen los economistas, sino el que día a día, de manera automática y muchas veces inconsciente, realizan todos los seres humanos.
ARGUMENTACIÓN. Los anunciados cambios en el IRPF -aún se desconoce el proyecto- hacen un simulacro de "mejora" que no corrige para nada el corazón de los perjuicios, a la vez que genera tres nuevas fuentes de desigualdad. La primera, que el mínimo no imponible no es en función de la familia en sí, sino de cómo y cuántos generan los ingresos; como si las necesidades a cubrir fueran diferentes. Implícitamente se "incentiva" determinado estilo de vida, en lugar de dejar, como lo hacemos quienes realmente creemos en la libertad de las personas, que cada uno elija el suyo. La segunda, también en relación a la forma en que se generan los ingresos, hará que muchas familias continuarán por conveniencia tributando individualmente; y la tercera consiste en que, a igualdad de ingresos, la mayoría de quienes los perciben por pasividades quedarán más gravados que los activos, siendo esto un contrasentido único o quizás un castigo al grupo más desvalido de la población. Todo bajo el falaz argumento de la "justicia" y la "solidaridad".
El mismo argumento dio pie al Fonasa. En su momento, mi oposición y la de mi partido se basaron tanto en argumentos teóricos que brindan los libros de texto básicos de finanzas públicas como, especialmente, en la concluyente evidencia empírica. Cuando todo el sistema de salud se vuelve público, el control del usuario desaparece o queda reducido a la mínima expresión, con el riesgo de que, cuando el Estado tenga "problemas de caja", cosa recurrente sino permanente, los flujos de fondos disminuyen, se atrasan, etc. He expresado que, "el ajuste será por la calidad y se medirá por el largo de la cola para acceder a los servicios". Ciertamente pensé que los efectos se comenzarían a notar en 18 a 24 meses, jamás imaginé que en apenas 6 meses ya hubieran llegado. Sucede que, basado en el falso argumento de las "economías de escala", casi no se aumentaron las tarifas en enero y el aumento de julio se dilata en el tiempo. En la salud, como en casi todas las actividades, el 100% de los gastos son variables a mediano plazo pero, en un servicio de demanda tan estable y predecible, donde no es razonable que haya gran capacidad ociosa, lo son aún en el corto plazo.
Hoy tenemos una salud pública igual que antes y un sistema mutual peor, con el agravante que se gasta más y con más impuestos al trabajo.
EL OLVIDO. Renglones atrás hablaba de "razonamiento económico"; veamos. Suponga el lector un caso común, de gente común que se "hace desde abajo", con sacrificio de trabajo, estudio y ahorro. Esas personas suelen empezar en trabajos de poca calificación y por ende poco remunerados, de esos que no pagan IRPF, pero luego en función de su esfuerzo comienza a mejorar su situación. Un buen día decide casarse y, como casi todos los de su condición alquila una vivienda modesta. Desde hace un año esta persona se encuentra con que el precio del alquiler le subió más de 13%, por encima del normal reajuste, dado el naciente IRPF. Porque así funcionan las cosas en el mercado de inversiones, siendo la vivienda un activo más del inversor cuyo retorno, ajustado por riesgo, arbitra con el resto de los activos. Por ende, al hipotético habitante le queda menos capacidad de consumo y ahorro. Supongamos, a su vez, que esta persona tiene un hijo y su ingreso, para solventar su núcleo familiar, es de $ 25.000 nominales al mes, (poco más de $ 20.000 líquidos, antes de pagar IRPF y Fonasa). Como con ese dinero se subsiste pero no se progresa, los jóvenes emprendedores trabajan duro para lograr mejoras en sus ingresos y de esa manera progresar, pero ¿qué resulta? Antes, el descuento era 18,125% cualquiera fuera su retribución, ahora la consecuencia de su esfuerzo es que si logra un aumento de su salario de $ 5.000, considerando lo que paga de IRPF, el Fonasa, su aporte jubilatorio y el aporte patronal de la empresa (que integra el costo laboral total) a la persona de los $ 5.000 le quedan aproximadamente $ 2.950 en la mano y a la empresa le cuesta $ 5.630. O sea recibe algo así como el 52% y el Estado se lleva el 48% de su esfuerzo. Permítame el lector la licencia, como canta la hinchada en el estadio, "si sos de la Caja Bancaria, te querés matar", porque el 48% de impuestos se transforma en más de 60%. El ejemplo es para personas que viven apenas con decoro y el Estado les quita la mitad de su esfuerzo cuando su único patrimonio es tener aspiraciones de progreso, el más importante sin dudas, pero ¿cómo se hace para progresar cuando el impuesto al crecimiento personal es expropiatorio?
Si a usted le sonó parecido a alguna realidad, propia o cercana, imagínese en esa situación unos años atrás y piense qué decisión hubiera tomado.
Es éste el único razonamiento válido; así piensa la gente común, es el análisis marginal, en este caso cuánto me remunera el sacrificio marginal, no valiendo los argumentos que "igual lo harán" porque lo harán por necesidad, pero buscarán no hacerlo o no pagar. Dejemos de lado los sofismas que nos muestran cuántos pagan y cuántos no, mucho menos el argumento barato y demagógico de la "solidaridad", que lo único que genera es rencor y envidia, a la vez que nos condena a la igualación hacia la pobreza
A todo lo anterior adicione el despropósito de la patente de rodados, al menos en Montevideo, los impuestos de puerta, saneamiento, alumbrado, contribución y cualquier otro invento. Súmele el IVA y el Imesi y verá cuánto del ingreso, de quienes son el motor de la sociedad pueden llegar a dedicar al pago de impuestos.
La pregunta inmediata es ¿para qué? Si la respuesta es para tener 12.000 nuevos funcionarios públicos (1), pretender crear 9.000 adicionales en el año electoral más un sinnúmero de contratos, aumentar los sueldos de estos funcionarios al barrer por la mera "presión", generar nuevas "agencias", regulaciones estériles y burocracia, sin que nadie sienta que mejoran los servicios públicos, sean éstos de salud, educación, seguridad, infraestructura vial o simplemente limpieza y barrido, la insatisfacción crece y ésta se manifiesta silenciosamente en el mercado de trabajo, votando con el pasaporte y dejando vacío de personal calificado a nuestro país.
EL MERCADO. El mundo de hoy sólo paga la capacidad y el talento. Para ello no hay mercado local. Sin desconocer que los mercados no son perfectos, simplemente porque la información no lo es, la tecnología nos ha acercado mucho a esa situación ideal. Así, los jóvenes y los que no lo son tanto, navegan frente a una pantalla en búsqueda de oportunidades en cualquier parte del mundo. Es barato y eficiente. A su vez, la misma tecnología nos abarató, hasta ser casi gratis, el costo de la comunicación cuando estamos lejos. Por último, el mismo factor acortó enormemente las distancias y abarató los costos de transporte, en especial por avión. Esto último, que hoy se ha revertido algo en función del precio de los combustibles, si se lo compara con el costo de un viaje de larga distancia hace 30 años, encontraremos que su costo en relación al ingreso es apenas un 1/6 (poco más del 16%).
Por tanto, emigrar, que siempre es un costo, es hoy mucho menos costoso no ya que 70 o 100 años atrás, sino que apenas un cuarto de siglo ha. Y no sólo por aspectos monetarios, sino porque ahora no es "para nunca más volver ni jamás ver a su familia". Por tanto, la prima que todo ser humano exige para alejarse de lo conocido, de su familia y amigos ha caído dramáticamente dando como resultado que el proceso de movilidad de las personas, y con ello la emigración, sea mucho más fácil.
A su vez, las personas demandadas en el mundo, como decíamos, las poseedoras de capacidad, estudios y talento, usualmente no son las menos pudientes, ni suelen estar desempleadas, sino que pertenecen a estratos de ingreso medios, medios altos y altos que buscan el progreso. Uruguay tiene un mercado doméstico pequeño, donde los costos fijos pesan y mucho, además su productividad está entre baja y muy baja, por tanto es poco atractivo. El resultado es bajos salarios. Si a esos salarios encima los castigamos con impuestos marginales tan elevados, "los liquidamos" y la gente se siente más estimulada a irse. Es que desde su óptica se le redujo el costo de emigrar, porque aumentó el diferencial de ingresos entre el exterior y el local.
Es este el mayor drama de un mal impuesto que eufemísticamente se le llama "a la renta" y sus adicionales.
Los estudios empíricos y el conocimiento científico nos enseñan que este tipo de tributación es la peor manera de redistribuir el ingreso, porque no lo logra y termina matando la principal fuente de crecimiento, el capital humano. Es este, desde mi óptica, el error que se comete. El final es conocido, todos terminaremos más pobres, sin levante.
La opción es clara, no se le puede quitar a quienes son la clave de la movilidad social, a quienes se sacrifican para progresar y con ello hacen progresar al resto de la sociedad. Si no cambiamos rápido esta realidad, en muy pocos años tendremos un país aún más partido y vaciado. Estos impuestos deben se derogados, ya que, aunque fueran adecuadamente diseñados, su recaudación sería casi nula y el costo de administrarlos grande.
(1) Implica, considerando las bajas naturales, un ingreso de poco más de 30.000 funcionarios en 3 años.