TELMA MAROTTO | BLOOMBERG
Ir y venir del trabajo era humillante, dice José Mario da Silva Ferreira.
Durante 26 años como ejecutivo en Sao Paulo, trabajó en el corazón financiero de la mayor ciudad de Latinoamérica. Y todos los días en la avenida Paulista, las mujeres se aferraban a su bolso cuando él pasaba a su lado.
No era por su comportamiento, su cabello gris y seguro que no era por sus trajes a rayas finas. Era por el color de su piel. Ferreira, de 43 años, es negro. Las mujeres reaccionaban como si fuera a asaltarlas, dice.
"Yo nací en Brasil y mis orígenes están en Brasil", dice Ferreira, que renunció en diciembre como gerente de planificación económica en Cia. Brasileira de Distribucao Grupo Pao de Acúcar, la mayor cadena de supermercados de Brasil. Ahora ayuda a desarrollar técnicas de recaudación de fondos como voluntario para un grupo sin fines de lucro de Sao Paulo que da apoyo a los servicios de salud.
"Es algo a lo que uno nunca se acostumbra", agrega.
EL APARTHEID MÁS FUERTE. Los brasileños se sienten orgullosos de su sociedad multicultural, en la que vive la mayor población negra fuera de África. Su comida, música y danza -como la "feijoada" (guiso de frijoles), el plato nacional, y los ritmos de samba y bossa nova- son una mezcla, legado de más de 200 pueblos indígenas, colonizadores portugueses y unos 4,5 millones de africanos que llegaron al país durante más de 350 años de esclavitud. Los matrimonios interraciales son comunes.
"Brasil tiene la característica de ser un país que acoge a todas las personas, todas las razas", dice Paulo Skaf, presidente de la Federación de Industrias del Estado de Sao Paulo. "En Brasil lo que es importante es la persona".
Tan generalizada es esta percepción de que Brasil es un modelo de armonía e igualdad racial, que vuelve al debate sobre discriminación imposible, dice Carlos Santana, legislador del Partido de los Trabajadores que representa a Río de Janeiro y encabeza el Grupo Parlamentario del Congreso Nacional para Promover la Igualdad Racial.
"En Brasil podemos hablar de todo excepto de la raza", dice Santana. "El mito de democracia racial creó un tabú".
Algunas personas fuera del Gobierno utilizan términos más duros.
"Tenemos el apartheid más fuerte, porque las personas niegan que exista el racismo", dice Humberto Adami, director del Instituto de Leyes Raciales y Ambientales, un organismo sin fines de lucro de Río de Janeiro. "Es muy difícil combatir lo que se considera inexistente".
Las estadísticas reflejan un panorama de una nación afectada por el legado de la desigualdad de oportunidades. Ciento veinte años después de convertirse en el último país del continente americano en abolir la esclavitud, Brasil sigue dividido por el color. Las personas de origen africano son "una población numerosa, pobre y discriminada", según un comunicado de la embajada de Brasil en Washington colocado en su página web en abril.
Los negros -definidos por organizaciones gubernamentales y no gubernamentales como personas que se describen a sí mismas como "pretas" (negras) o de raza mezclada "pardas" (mulatos)- representan casi la mitad de la población. De los más de 187 millones de habitantes del país, 92,7 millones son negros y 93,1 millones son blancos. Los asiáticos, indios y quienes no tienen una raza declarada constituyen el resto. En promedio ganan poco más de la mitad que los blancos: 578,2 reales (US$ 361) al mes en comparación con 1.087,1 reales para los segundos, según un informe basado en datos del 2006 de IPEA Instituto de Investigaciones Económicas Aplicadas, un grupo gubernamental de Brasilia.
Las negras son el grupo que se encuentra en especial desventaja. Según un estudio de IPEA y el Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para Mujeres basado en datos del 2003, las mujeres negras ganaban 70 por ciento menos que los hombres blancos, 35 por ciento menos que los hombres negros y casi 18 por ciento menos, en promedio, que las mujeres blancas.
Pocos negros llegan a los cargos directivos. Representan cerca de 3,5 por ciento de los ejecutivos, 17 por ciento de los gerentes y 17,4 por ciento de los supervisores en las 500 empresas más grandes del país, según el Ethos Institute, un grupo empresarial de Sao Paulo que busca promover responsabilidad social. En Estados Unidos, los negros representan cerca de 13,5 por ciento de la población y tienen alrededor de 6,3 por ciento de los cargos gerenciales, según datos del Gobierno de Estados Unidos.
LULA OPINA. De los 513 senadores y diputados en el Congreso Nacional de Brasil, 43 hombres y 3 mujeres son de origen africano, según Marcelo Paixao, profesor de la Universidad Federal de Río de Janeiro. El gabinete de 23 miembros del presidente Luiz Inácio Lula da Silva incluye a dos negros.
"Es un problema cultural", dijo el presidente Luis Inácio "Lula" da Silva en una entrevista con Bloomberg News la semana pasada. "En lugar de quejarnos de que los empresarios no contratan negros necesitamos mejorar la educación, la formación de todos, a fin de que las personas puedan tener acceso a todos los puestos posibles. Estamos avanzando en esta dirección", explicó.