PAULO LEVY | DESDE RIO DE JANEIRO
A partir de enero de este año, Brasil volvió a presentar déficit en la cuenta corriente del balance de pagos considerando valores acumulados en períodos de doce meses. La perspectiva es que el déficit en el 2008 sea de 1,5% del PIB. Esos resultados son posteriores a un período de cuatro años en que el país presentó superávit en cuenta corriente del orden del 1,5% del producto, lo que llevó a la eliminación de la deuda externa en términos netos y ciertamente contribuyó en forma decisiva a la obtención del grado de inversión, tal como lo analicé en mi última columna.
La reversión de la posición en cuenta corriente del balance de pagos pone de relieve algunos aspectos importantes del comportamiento reciente de la economía brasileña. Además de la apreciación cambiaria, que llevó a la tasa nominal al mismo nivel de enero de 1999, luego de la devaluación, los déficit en cuenta corriente son también consecuencia del ritmo acelerado de crecimiento de la demanda interna, con impacto significativo sobre el crecimiento de las importaciones. En el primer trimestre de este año, la demanda interna creció un 8,4% con respecto al mismo período de 2007, ritmo bastante superior al del producto, cuyo crecimiento fue del 5,8%. De esa manera, las exportaciones netas (en volumen), presentaron una contribución negativa para el crecimiento del 2,6%, en la comparación interanual, la más elevada desde el período de implementación del Plan Real. Las importaciones de bienes y servicios en el primer trimestre del año aumentaron 19% en volumen, mientras que las exportaciones cayeron un 2%.
Ese aumento del déficit en cuenta corriente refleja el problema crónico de la economía brasileña de las bajas tasas de ahorro. La inversión viene creciendo en forma significativa ya que en el primer trimestre aumentó un 15,2%, llevando la tasa de inversión al 18,3% del PIB, comparado con el 16,9% que presentara a principios del 2007. El aumento de la inversión refleja la mayor confianza en la economía a partir de los cambios de política implementados en los últimos 10 años, así como las condiciones externas que hasta hace muy poco eran bastante favorables. Sin embargo, aún creciendo en forma acelerada por nueve trimestres consecutivos, los niveles de inversión en la economía brasileña aún son insuficientes para garantizar que el crecimiento se mantenga al ritmo que presenta en la actualidad. El propio gobierno reconoce esto al incluir en la recientemente divulgada Política de Desarrollo Productivo -que pretende orientar la implementación de una política industrial en el país- la meta de elevar las inversiones al 21% del PIB para el 2010, como forma de asegurar una expansión sostenida de la economía a razón de un 5% al año. No obstante el reconocimiento, la meta parece insuficiente ante el ritmo actual de crecimiento de la productividad, más allá de que éste haya aumentado en el último período.
Así, la economía brasileña vuelve a enfrentar escasez de ahorro interno para sustentar un crecimiento más acelerado. Aún habiendo crecido cerca de cuatro puntos porcentuales del producto con respecto a los niveles observados al principio de la actual década, cuando era equivalente al 13,8% del PIB, el ahorro interno, actualmente en un 17,8%, aún es claramente insuficiente para permitir una aceleración más intensa de las inversiones sin generar con ello desequilibrios externos. O sea, la fragilidad del ahorro interno implica la necesidad de recurrir al ahorro externo. Vale contrastar esos valores con respecto a los observados en países asiáticos, como China, donde llega al 48% de su producto interno bruto.
No hay riesgo en utilizar ahorro externo siempre que sean respetadas algunas condiciones.
La primera de ellas es que ese recurso sea utilizado con moderación. O sea, no puede generar una trayectoria explosiva de aumento de los pasivos externos del país, bajo pena de generar, tarde o temprano, una interrupción súbita de los flujos de financiación y, como consecuencia, una crisis cambiaria. En un pasado reciente, Brasil llegó a presentar déficit en cuenta corriente cercanos al 5% del PIB, y eso derivó en la crisis que forzó la gran devaluación del real en 1999. La situación actual es diferente, en la medida que los déficit aún son moderados y, lo que es más importante, se generan en un contexto de cambio fluctuante, en que los ajustes en la tasa de cambio inducidos por el mercado tienden a corregir eventuales excesos.
Una segunda condición para la sustentabilidad del déficit en cuenta corriente es que tenga como contrapartida interna un aumento de las inversiones. Nuevamente, contrastando la situación actual con la del período 1995-1999, la mayor utilización del ahorro externo ha reflejado un aumento de las inversiones, mientras en el período post Real la contrapartida de los déficit externos fue un fuerte aumento del gasto público. O sea, también en esa perspectiva, los déficit externos tienden a ser más sostenibles que en el pasado. Aún en ese caso, sin embargo, es importante que las inversiones se efectúen en los sectores de bienes transables internacionalmente, o que, en caso de que se realicen en sectores de bienes no transables, estos contribuyan de alguna manera a aumentar la productividad en los sectores transables. Esa condición seguramente es más probable que sea contemplada en un régimen de cambio fluctuante que en un régimen de cambio administrado.
Finalmente, una tercera condición para determinar la sostenibilidad de los déficit en cuenta corriente es la forma de financiación. En la actual magnitud, el déficit en cuenta corriente proyectado para el 2008 y los años siguientes puede ser financiado enteramente por inversiones extranjeras directas, al contrario de lo que ocurrió en el período 1995-1999, donde la principal forma de financiación externa fue la colocación de títulos por parte del gobierno y de las empresas. Esos flujos de inversión directa no reducen la presión asociada a la remuneración del capital -considerando el fuerte aumento de las remesas de ganancias y dividendos, que pasaron de US$ 18,7 mil millones en mayo del año pasado, en el acumulado de doce meses, a US$ 30,5 mil millones en mayo último- pero, en primer lugar, tienden a ser menos volátiles y, en segundo lugar, tienen un comportamiento pro cíclico y que varía inversamente a la tasa de cambio, al contrario de los gastos con intereses, que son fijados en moneda extranjera.
Concluyendo, aunque la reversión del resultado en cuenta corriente de la balanza de pagos haya ocurrido más rápidamente que lo esperado, aún no hay motivos de preocupación. Es necesario, sin embargo, comprender que ese desequilibrio está estrechamente relacionado con la expansión de la demanda interna y con los niveles crónicamente insuficientes del ahorro interno en Brasil para hacer frente a la inversión requerida para sustentar tasas de crecimiento más elevadas. Por lo tanto, es necesario implementar políticas que hagan crecer el ahorro interno.