La creación de un cartel del arroz es una idea muy poco inteligente

| Puede ser beneficioso para los productores, pero causaría perjuicios a los consumidores

WILLIAM PESEK | BLOOMBERG

Hasta la semana pasada, el próximo petróleo -el recurso crítico que se vuelve cada vez más escaso y desencadena conductas desesperadas para asegurarse suministros- era el agua. Resulta que es el arroz.

Eso es al menos lo que creen algunos líderes asiáticos. Hete aquí el plan en el Sudeste de Asia para crear un cartel similar a la OPEP para administrar las provisiones del arroz en medio de precios sin precedente. Tailandia y Vietnam representan casi la mitad de las exportaciones globales de arroz. Agréguese Camboya, Laos y Myanmar, y el cartel de Asia esgrimiría incluso un mayor poder sobre los precios de la comida que la OPEP sobre los precios del petróleo.

Es una idea terrible. Por lo pronto, una Organización de Países Exportadores del Arroz, u OPEA, presumiblemente favorecería precios altos. Eso puede beneficiar a los productores, pero perjudicaría a los consumidores en todas partes. Asimismo, el momento elegido es desafortunado por cuanto los precios de la materia prima han alcanzado niveles sin precedente.

Haruhiko Kuroda, presidente del Banco de Fomento Asiático (ADB, por su sigla en inglés) en Manila, dice que el "mercado de la agricultura debería ser impulsado por el mercado" y que "ninguna clase de cartel es buena para los exportadores e importadores". El senador filipino Edgardo Angara dice que "crearía un oligopolio y va contra la humanidad".

Es difícil ver incluso cómo funcionaría un cartel del arroz. Con el petróleo, hay reservas, un almacenamiento concreto de la materia prima. En cambio, al arroz hay que cosecharlo. Su producción depende del tiempo, del costo del fertilizante y de la disponibilidad de tierra cultivable y agua. ¿Y cómo exactamente se puede controlar que los agricultores produzcan, o no, el arroz?

DESESPERACIÓN. Las economías dispares de Asia tampoco son reconocidas por su cooperación. Entre los países del delta del Mekong hay una monarquía constitucional, una democracia multipartidaria inmadura, dos estados comunistas y un régimen militar, todos en muy diferentes niveles de desarrollo. En serio, amigos, mucha suerte para lograr que eso funcione.

La verdadera historia aquí es esta: la mera idea de un cartel del arroz refleja la desesperación con la cual Asia trata las tendencias de precios de comidas.

La seguridad alimenticia secuestró las recientes reuniones del ADB y la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (Asean, por su sigla en inglés). En el acto del ADB en Madrid, se habló de manera vaga, aunque preocupante, de crisis similares a la de 1997 en ciertos países asiáticos. No una crisis regional que se contagia al resto del mundo, sino algunas dispersas.

Una señal de la ansiedad existente en Asia son las versiones de que India suspenderá el comercio de más futuros de comidas conforme aumente la presión política. India ya ha detenido el comercio del trigo, del arroz y las lentejas. Ahora hay presión para prohibir el comercio de aceite de cocina, azúcar y otras materias primas.

PROHIBICIÓN DE COMERCIO. La idea de prohibir el comercio de materias primas suena traída de los cabellos. Los mercados desempeñan un papel importante en la valuación de los bienes y su redistribución. Aun así, la especulación desde el petróleo hasta el oro y la comida está sacándoles espuma a los precios. Hay una burbuja especulativa con la especulación.

Es simbólico del enloquecido ambiente del mercado en el cual vivimos que George Soros salga súbitamente del retiro y se meta en él. Es una buena oportunidad, también: se calcula que Soros ganó US$ 2.900 millones el año pasado, de acuerdo con la revista Alpha de Institutional Investor.

"Si equivocadamente o no la gente tiene la impresión de que el comercio de futuros de materias primas contribuye a una suba de los precios impulsada por la especulación, entonces en una democracia uno tendrá que escuchar esa voz", dijo el ministro de Hacienda de India, Palaniappan Chidambaram, a Bloomberg el 4 de mayo.

Esto hace que uno se pregunte por qué las bolsas no comienzan a exigir que los compradores reciban los envíos de las materias primas con que comercian. Lo importante es que Wall Street no advierte el efecto que los precios de la comida tienen en el mundo en vías de desarrollo.

CRISIS ALIMENTICIA. Las especies sobre prohibiciones de comercio son suficientes para causarles escalofríos a los discípulos de Milton Friedman. Aun así, se podría argüir que son delirantes quienes creen que el mercado fija los precios del petróleo. En última instancia, la OPEP controla el valor del petróleo, no los operadores.

Asia es especialmente vulnerable a los crecientes costos de los alimentos. Allí vive la mayor parte de la población mundial y la mayoría de las familias sumidas en la pobreza. También están allí los mercados más promisorios.

Los precios globales de los alimentos se dispararon 57 por ciento en marzo desde el año previo, de acuerdo con Naciones Unidas. Los funcionarios del ADB calculan que el gasto en la comida constituye 60 por ciento de los expendios hogareños de las familias pobres, y 75 por ciento cuando se añaden los costos del combustible.

No es difícil ver por qué Asia considera medidas drásticas. Para muchos en la región, crear un cartel del arroz no parece más irracional que el rescate del colapso de Bear Stearns Cos. por parte de la Reserva Federal. Con todo, la influencia de la OPEP es un cuento con moraleja.

UN CARTEL NO AYUDARÁ. El presidente George W. Bush recorrió en enero el golfo Pérsico implorando por un aumento de la producción de petróleo para darles un alivio a los consumidores en Estados Unidos. Los ruegos de Bush cayeron en oídos sordos.

En la campaña electoral, Hillary Clinton ha caldeado su discurso sobre la OPEP. Al tiempo que la propuesta de los candidatos Clinton y John McCain de una exención impositiva para la gasolina en el verano boreal es simplemente estúpida, ella está en lo cierto cuando pone en tela de juicio el cartel más observado del mundo.

"Ya no pueden ser un cartel, un monopolio que se reúne una vez cada dos meses en alguna sala de conferencias en un lugar elegante del mundo y decide cuánto petróleo van a producir y qué precio le van a poner", dijo esta semana en el estado de Indiana.

En vista de cómo los mercados mundiales son cautivos de la OPEP, un cartel del arroz difícilmente sea una medida inteligente.

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