ISAAC ALFIE
Ocurre desde marzo de 2007 y en general "a puro anuncio", como si el poder de la palabra pudiera obnubilar a los agentes económicos y, al mismo tiempo, la fuerza de las variables económicas relevantes nada tuvieran que ver con la realidad de lo que termina sucediendo.
Las autoridades económicas de gobierno recurrentemente nos hablan de prudencia tanto en materia fiscal como monetaria. Lamentablemente hasta el momento, con excepción de algún breve pasaje, se ha practicado exactamente lo contrario. Como la definición de prudencia fiscal puede dar lugar a discusiones bizantinas sobre qué es prudente y qué no, sea por la etapa del ciclo económico en que nos encontremos, si el PIB corriente es inferior o superior al potencial (1), si hay que mirar el resultado neto de las finanzas públicas o éste conjuntamente con los egresos, cómo es la posición en materia de endeudamiento público y dentro de éste, si consideramos la deuda bruta o la neta, cómo medimos el tipo de cambio a efectos de tener un mejor análisis, si por su precio en el mercado spot o el de "equilibrio" de largo plazo y un largo etcétera, vayamos directamente a donde las cosas, al menos a priori, son más fáciles; esto es la política monetaria. En efecto, se sabe que la actividad real no puede crecer a tasas del 25% anual y que existe una relación entre la tasa de variación de la cantidad de dinero demandado y la tasa de crecimiento de la actividad, por lo que la variación de la oferta de dinero debe adecuarse a la de su demanda. Conociendo razonablemente la correlación entre demanda de dinero y nivel de PIB, y por ende entre sus tasas de variación, se tiene cierta pauta de comportamiento predecible de la demanda monetaria. Entonces, si la tasa de crecimiento de la oferta de dinero se dispara muy por encima del crecimiento del producto, lo que tenemos seguro es inflación en puerta. De aquí que, cuando de inflación se habla, las miradas se posen sobre los bancos centrales en cualquier país del mundo. Lo cierto es que a fines de marzo del año pasado desde el BCU se anunciaron medidas para detener la suba de los precios que, en aquel entonces, sin llegar a incomodar claramente mostraban la consolidación de una tendencia al alza que tenía más de un año y medio. A fines de junio se repite el anuncio y a comienzos de septiembre nuevamente, este último ya en el marco de medidas -analizadas en su oportunidad en esta columna- que afectaban el IPC de corto plazo pero en todo caso contribuían a aumentar la presión de demanda a largo plazo. La expresión fue "la política monetaria iba a adecuarse a las circunstancias".
En su momento expresé que las "medidas" sobre el IPC sólo eran razonables como forma de lograr cierto freno a la indexación, que el propio gobierno había generado, ganando o comprando un tiempo valioso, pero siempre que se actúe de manera decidida sobre las causas de fondo. Al respecto había que corregir la política monetaria y la política fiscal, siendo contractivos en ambas ya que, si la política fiscal no cambiaba y de una buena vez comenzaba a ayudar en el manejo macroeconómico de corto plazo, dejaba con una enorme carga de trabajo a la monetaria, lo que se traduciría en una reducción del precio del dólar más allá de lo conveniente.
Dadas las circunstancias políticas y el pensamiento predominante dentro del seno del gobierno era obvio que la política fiscal no iba a acompañar y entonces todo el trabajo de corto plazo recaería, como aconteció, sobre el precio del dólar.
COMPORTAMIENTO. El cuadro adjunto nos muestra la tasa de variación de los pasivos monetarios, (como una manera de medir la oferta de dinero ante los cambios en la forma de calcular la base monetaria, sin que exista información publicada para construir una serie coherente), en el que se compara el mes indicado con un año antes. Es claro que entre marzo y junio de 2007 hubo contracción monetaria, pero enseguida se "aflojó" pasando a tasas de crecimiento del orden del 30% anual entre agosto y noviembre, para empezar a caer en diciembre. Eran precisamente estas enormes tasas de expansión de la cantidad de dinero las que me llevaron a estimar, sobre fines de noviembre, que la inflación de este 2008 estaría en el entorno del 10%. En buen romance, el anuncio de marzo de cumplió por un rato, el de junio nadie sabe por qué se hizo y el de septiembre demoró tres meses en comenzar a aplicarse. Como los efectos de la política económica no son inmediatos, ni aún los de la monetaria que son de los más rápidos, hay que ser persistente en su aplicación para lograr resultados y para ello primero hay que estar convencido que se está haciendo lo correcto. Es por eso, visto el comportamiento del pasado reciente, lo del título, "por ahora" hay apretón monetario. Veremos si continúa y entonces definitivamente tendremos una inflación alineada con las metas que el propio BCU anunció.
CIFRAS. Los datos publicados hasta fin de enero están marcando una leve desaceleración de la inflación de núcleo que resulta, como era de esperar, bastante más pronunciada que el indicador global. Así la primera, definida como la variación anual de los precios excluyendo las frutas y verduras en estado natural y los servicios y bienes tarifados cae, entre septiembre de 2007 y enero de 2008, de 9,65% a 9,15%, en tanto la global lo hace de 8,9% a 7,4%. La tendencia de fondo hay que mirarla en la primera definición (inflación de núcleo) donde se observa que el camino de suba continua que mostraba desde agosto de 2005 se detuvo y comenzó a revertirse levemente. Apenas medio punto porcentual en 4 meses pero, quizás lo más importante, al parecer sin interrupciones, lo cual es indicador de tendencia.
Si como se espera, el PIB crecerá poco más de 5% en el corriente 2008, para tener una inflación del orden de 5% (media del amplio rango establecido), y siempre que la economía no tenga un mayor grado de monetización, la cantidad de dinero no debería crecer por encima del 11%. En caso de seguir aumentando la demanda de dinero, (mayor monetización), aquella podría tener una expansión superior, aunque naturalmente nada parecido a un 25%.
FUTURO. Con las cifras conocidas todo parece indicar que las cosas, en materia de inflación comienzan a encaminarse. Habrá que esperar y observar si la conducta seguida en los últimos tres meses por parte del BCU persiste, ya que en el pasado reciente la misma ha sido no sólo errática y por ende poco predecible, sino que poco persistente. Parece descartada la ayuda desde el MEF. El gasto sigue aumentando y a tasas reales crecientes, lo que se agrava con los trascendidos desde dentro del ministerio que expresan "la próxima Rendición de Cuentas será generosa", claro que faltó decir que con el dinero de todos nosotros.
En este marco, sólo la persistencia de la política monetaria asegurará que se cumplan los objetivos. El problema y dilema de la actual política económica es que, bajo la actual coyuntura mundial, la expansión fiscal dificulta enormemente la tarea del BCU de tener la inflación bajo control, hace mucho más complicado el manejo monetario y sus efectos de corto plazo sobre una variable tan relevante como el tipo de cambio no son precisamente los mejores.