El desacoplamiento entre Asia y Estados Unidos es solo un mito

| La indisciplina monetaria en Occidente puede socavar el poder adquisitivo de los asalariados asiáticos y afectar negativamente su nivel de vida

ANDY MUKHERJEE | BLOOMBERG

La gravedad de la crisis de las hipotecas de alto riesgo no es lo único inquietante.

También preocupa, desde una perspectiva asiática, la magnitud del plan de estímulo que se ha confeccionado para evitar que la economía de Estados Unidos caiga en una recesión.

De US$ 168.000 millones, la liberalidad es casi tres quintas partes mayor que la cifra récord de US$ 107.000 millones distribuida por veintidós países ricos en conjunto como ayuda exterior oficial en el 2005, el año tras el devastador tsunami del océano Índico.

Los asiáticos de clase media se morirían de envidia ante la "predilección interna" implícita en la munificencia del Gobierno de George W. Bush. Contrario a los 111 millones de hogares estadounidenses que recibirán algún reembolso de impuestos, los trabajadores asiáticos no encontrarán ningún cheque en el buzón.

Lo único que pueden hacer, cuando las cosas se ponen malas, es echarle la culpa al "karma"; y puesto que muchas culturas asiáticas creen en la reencarnación, siempre hay la esperanza de tener mejor suerte en la próxima vida.

En tanto la Reserva Federal de Estados Unidos reduce las tasas de interés, las economías de la región parecen vulnerables. El aumento de la inflación interna y las burbujas de activos que suelen ser secuela de la indisciplina monetaria en Occidente, pueden socavar el poder adquisitivo del asalariado asiático y agravar la desigualdad.

Al mismo tiempo, si el consumo en Estados Unidos no revive rápidamente, los exportadores de la región pueden empezar a despedir empleados. Ya hay indicios de dificultades: la tasa de desempleo de Taiwán subió inesperadamente a un máximo de siete meses en diciembre.

NO HAY DESACOPLAMIENTO. El año pasado se oyó hablar mucho de que el Asia resurgente se había "desacoplado" de la ralentizada economía estadounidense y que tomaba por su propio camino.

Tras el batacazo sincrónico de US$ 5,2 billones en los mercados de valores del mundo en enero, esas expectativas se han evaporado.

El mes pasado, tres de cuatro analistas calificaron con "suscribir" la Oferta Pública Inicial (OPI) de US$ 3.000 millones por Reliance Power Ltd., según Bloomberg. La mayor OPI de la India había atraído pedidos de 73 veces las acciones ofertadas cuando cerró el 18 de enero; aun así, las acciones bajaron hasta 21% en su estreno el 11 de febrero en la Bolsa de Bombay.

La necesidad de fluido eléctrico en la India no se ha reducido en un mes. La acción sufrió una paliza a causa de los acontecimientos que tenían lugar al otro lado del mundo.

El Asia no es aún un refugio para inversionistas. Ni es posible equiparar el rápido crecimiento económico de la región a la prosperidad occidental. Y esto es tan cierto en el orden nacional como en el individual: nacer en un país desarrollado sigue siendo, con mucho, el mayor premio de la lotería de la vida.

INCOMPARABLE. Es la conclusión a que llega el economista Branko Milanovic, del Banco Mundial, en un nuevo estudio titulado: "¿Dónde se halla usted en el mundo?"

Las circunstancias de nuestro nacimiento, dice Milanovic, pueden importar mucho más que nuestros esfuerzos.

Si la población de cada país se dividiera en veinte clases económicas, entonces la persona que subiera los primeros nueve peldaños -ardua tarea en sociedades donde los intereses creados permiten solo una limitada movilidad social- habría recorrido la misma distancia que puede cubrirse más fácilmente naciendo en un país el doble de rico.

El lugar de una persona en la distribución mundial de la renta se debe en un 60% al país en que ha nacido.

"Vivir en un país más rico es particularmente importante para las clases de bajos ingresos", dice Milanovic. El 5% menos pudiente del pueblo alemán se encuentra, como grupo, en el percentil 73 de la distribución mundial de la renta, por lo cual es más próspero per cápita que el 5% más pudiente del pueblo indio.

AYUDA EXTERIOR. Esto puede explicar por qué los países ricos les pagan a los pobres para que limiten la emigración anual a menos de 0,1% de la población de estos.

Sin embargo, esta remuneración, llamada "ayuda oficial para el desarrollo", equivale ahora a sólo un 0,3% del producto económico de las naciones ricas, y Estados Unidos contribuyó sólo un 0,17% de su renta nacional bruta en el 2006. En cambio, el plan que el Congreso de Estados Unidos ha aprobado y enviado al presidente Bush para reanimar la economía costará cerca de 1% de la renta nacional.

Este es un momento oportuno para que los países asiáticos se dejen de proclamas fanfarronas sobre su inexistente resistencia económica y exijan -junto con el África- que las naciones ricas cumplan su promesa de 1970 de destinar cuando menos un 0,7% de su renta nacional a la ayuda exterior.

La insólita demora en alcanzar esa meta ha atrasado el ajuste necesario para crear una economía mundial más equilibrada.

Mientras los trabajadores asiáticos tengan pocas esperanzas de mejorar su posición relativa en el mundo sin renacer como alemanes o estadounidenses, el desacoplamiento seguirá siendo un mito.

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