"El pronosticador es como un empresario", dice Roman Frydman. "Usa métodos cuantitativos, pero también estudia historia y confía en la intuición y el juicio. No es un científico". De acuerdo al economista de la Universidad de Nueva York, este hecho ha sido ignorado por los economistas contemporáneos, quienes continúan buscando el pronóstico económico perfecto a pesar de la abundante evidencia de que no existe, y de que no puede existir. Ellos desestiman sus repetidos errores de la misma forma en que los auto-educados reformistas en la Polonia natal de Frydman insistían en que el socialismo era fantástico, pero que sólo hacía falta que se implementara mejor.
En la profesión de economista los herederos líderes de esta falta de autocrítica típicamente comunista, dice Frydman, son los promotores de la teoría de las expectativas racionales, que asume que la economía y los agentes económicos actúan basándose en previsiones perfectas. Sin embargo él es igualmente crítico de otra escuela que está más de moda, la de "behavioral economics" o "economía del comportamiento", o al menos de aquellos practicantes de la misma que aducen que aunque la gente es irracional, su irracionalidad puede ser modelada tan exactamente que el futuro puede pronosticarse con gran precisión.
En un libro nuevo, "Imperfect Knowledge Economics" (Economía del Conocimiento Imperfecto), escrito con Michael Goldberg de la Universidad de New Hampshire, Frydman propone un enfoque alternativo a la predicción, en el que el predictor reconoce que su modelo inevitablemente va a ser imperfecto. Su trabajo ha recibido brillantes elogios de parte de economistas ganadores del Premio Nobel como Kenneth Arrow y Edmund Phelps, quien escribió la introducción del libro, aunque es probable que no le haya caído tan bien a Robert Lucas, ganador del Nobel por su trabajo sobre expectativas racionales.
No hay nada nuevo en economía sobre la idea de que la gente debe tomar decisiones basadas en conocimiento imperfecto. Frank Knight le dio su nombre a la "Knightian uncertainty" (o incertidumbre en el sentido de Knight) gracias a su libro de 1921, "Risk, Uncertainty and Profit" (Riesgo, Incertidumbre y Ganancia), en el que observó que la mayoría de las decisiones de negocios significan un paso hacia lo desconocido que es de cierta forma inmedible. Y John Maynard Keynes observó que "las decisiones humanas que afectan el futuro, tanto el personal como el político o el económico, no pueden depender de expectativas matemáticas estrictas, porque la base para hacer esos cálculos no existe".
Aunque refleja estas ideas, la economía del conocimiento imperfecto todavía considera que existe un rol para la teoría económica al momento de pronosticar. Frydman y Goldberg sostienen que, para que sean útiles, los modelos económicos para predecir deben basarse en regularidades cualitativas sobre la forma en que los participantes del mercado responden a información nueva, esto es, formas de comportamiento que sean observables y en cierta forma predecibles. Aunque no sean perfectas, estas regularidades normalmente dan una idea mejor del futuro que si no se hiciera ningún modelo, o se hicieran modelos basados en expectativas racionales o en la economía del comportamiento.
Tomemos por ejemplo a los analistas optimistas (bulls) y pesimistas (bears). Sus análisis de los fundamentos llevan a conclusiones opuestas acerca de a dónde se dirigen los precios. Pero hay evidencia de que la forma en que revisan sus pronósticos a la luz de los movimientos de precios pueden compartir características comunes, como por ejemplo la tendencia de volverse más averso al riesgo cuanto más se aleje el precio de un activo de lo que se considere que es su valor de largo plazo basado en sus fundamentos. Esto podría inducir a que eventualmente el valor del activo retornara a su valor fundamental, aunque también podría hacer que se desviara significativamente de este valor durante períodos largos de tiempo. Este enfoque no va a generar las predicciones exactas que tanto aman los economistas contemporáneos, pero que están predestinadas al fracaso por el conocimiento imperfecto. Pero provee una noción amplia del estado del juego, que el pronosticador emprendedor puede combinar con experiencia, intuición y demás al tomar una decisión.
Para mostrar cómo funciona esto, Frydman y Goldberg examinan las permanentes equivocaciones de los economistas al predecir movimientos en los mercados de divisas. De acuerdo a Kenneth Rogoff, un economista de Harvard que durante mucho tiempo ha intentado encontrar modelos racionales para predecir las fluctuaciones de las monedas, "es impresionante cuán difícil es explicar los movimientos en las paridades cambiarias". Todos los modelos basados en expectativas racionales ahora dicen que, tomando en cuenta los fundamentos, el euro está sobrevaluado contra el dólar, admite. ¿Pero eso significa que pronto el dólar va a subir? Rogoff dice que no tiene ni idea.
En la teoría de las expectativas racionales, una serie de variables que incluyen la inflación, las tasas de interés y el crecimiento deberían tener un impacto predecible sobre los movimientos de las divisas, pero en la práctica esta teoría ha demostrado ser menos útil para predecir que tirar una moneda. Entre los economistas racionales, el debate es sobre si "el vaso está 5% lleno o 95% vacío", dice Rogoff. Solamente a lo largo de extensos períodos -de dos a cuatro años- hay evidencia de que se pueda predecir la tasa de cambio, lo que es mucho tiempo para que les sea útil a los agentes en el mercado de cambios o a los políticos.
Por el contrario, el modelo desarrollado por Frydman y Goldman, que asume conocimiento imperfecto y aprendizaje, funciona bastante mejor que tirar una moneda, aunque no significa para nada que sea correcto todo el tiempo. Rogoff describe este trabajo como novedoso. Ahora, él cree que de todas formas tiene que demostrar que puede conservar su capacidad de explicación en forma consistente en el futuro y en una serie de mercados.
AGENCIAS CALIFICADORAS. Ahora Frydman y Goldberg están enfocando su atención en el problemático mercado de las hipotecas de mala calidad (subprime-mortgage) y en el desempeño de las agencias calificadoras. Estas agencias calificadoras, argumenta Frydman, han sido generalmente mejores al calificar bonos corporativos que al calificar obligaciones de deuda colateralizadas securitizadas. ¿Por qué? Una razón es que las agencias calificadoras usaban tanto el modelo matemático como el juicio de sus especialistas internos al predecir las probabilidades de cesación de pagos de los bonos corporativos; pero en los activos relacionados a las hipotecas de mala calidad, solo pueden usar modelos matemáticos, porque estos instrumentos son muy nuevos. "No tienen experiencia, ni intuición, ni un analista emprendedor", dice. Eso es "prueba empírica de que confiar únicamente en modelos no es inteligente"