Los errores de Asia pueden poner fin a la fuerte expansión sostenida

| Cuando la tormenta se acerque, Asia desearía haber reparado los techos cuando el sol brillaba

WILLIAM PESEK / BLOOMBERG

Mientras los economistas susurran acerca de una recesión en Japón, las autoridades en Tokio se apresuran a atribuir culpas.

Una desaceleración global en curso es la excusa más mencionada. El efecto de la crisis de las hipotecas "subprime" o de alto riesgo es la segunda hipótesis muy cercana. Los precios del petróleo que se disparan también se consideran una fuerza ominosa que hace peligrar la prosperidad japonesa.

Aun así, si la segunda de las mayores economías del mundo se contrae este año, solo será culpa suya. La lista de heridas autoinfligidas incluye una política torpe que en los últimos doce meses golpeó a los sectores de la construcción y de préstamos al consumidor de Japón, y un escándalo de pensiones que hizo mella en la confianza de las familias.

Estos errores, tan perjudiciales, son pequeños en comparación con el mayor defecto: la negligencia. Las autoridades en Tokio han hecho poco para que esta recuperación se refuerce a sí misma, dejando a Japón altamente vulnerable a una contracción del crecimiento global.

Japón difícilmente sea el único en hacer daño a la propia economía. Diez años después de la crisis asiática, por ejemplo, la región sigue demasiado dependiente de las exportaciones para el crecimiento. De Seúl a Bangkok, Asia abunda en ejemplos de errores en materia de política económica que pueden poner en peligro la capacidad de la región de resistir una recesión mundial.

Están, por ejemplo, los generales que derrocaron al primer ministro tailandés Thaksin Shinawatra con un golpe en septiembre del 2006 y luego asustaron a los inversionistas con una política inestable. En Corea del Sur, los intentos de restringir el disparo de los precios de las propiedades y de redistribuir la riqueza nacional ahuyentaron la inversión extranjera.

DESPERDICIO. Malasia no está usando los buenos tiempos actuales para ajustar una política de acción afirmativa de 37 años que da tratamiento preferencial a las personas de etnia malasia y que lastra la competitividad de la economía. Filipinas no está atacando la corrupción lo suficiente, Indonesia no está modernizando la infraestructura y los líderes de Taiwán están trabados en reyertas políticas.

China aplazó la desaceleración de su economía para evitar un sobrecalentamiento y se ha demorado en ocuparse del problema de la contaminación, que empeora. India no ha reducido su pasmosa burocracia o alterado sus leyes laborales restrictivas.

Estos son apenas unos pocos ejemplos de cómo Asia no ha usado un crecimiento fuerte en años recientes para eliminar los vientos de proa que retardan la elevación del nivel de vida. Los estrategas lamentarán no haber actuado con mayor firmeza según se propagan las pérdidas de Estados Unidos.

Estados Unidos no está exento de responsabilidad. Hace diez años, el gobierno estadounidense sermoneó a Asia acerca de la necesidad de fortalecer los sistemas financieros y volverse más transparente. Los problemas en los mercados de crédito expusieron grietas en el capitalismo de estilo estadounidense y el contagio va rumbo al Asia.

Aun así, con todo y sus esfuerzos de apuntalar sus economías, Asia no se ha preparado para este día. Si bien la región ha recorrido un largo trecho desde fines de la década de los noventa, tiene mucho más camino por andar. Los males de Japón serán un desencanto para los inversores que esperan grandes cosas de la más prolongada recuperación de posguerra.

Si bien el crecimiento global recibe la mayor parte del crédito, las modernizaciones auspiciadas por Junichiro Koizumi, primer ministro del 2001 al 2006, ayudaron a mejorar las cosas. Con el regreso del crecimiento, empero, comenzó la fatiga con las reformas y perdió impulso la campaña de Koizumi para sacar al gobierno de la economía y estimular la competitividad de Japón.

La gestión de un año del sucesor de Koizumi, Shinzo Abe, aceleró la restauración de los métodos acostumbrados del mundo empresarial japonés. Para cuando Abe renunció en medio de escándalos y una incompetencia generalizada, la vieja práctica de las participaciones societarias cruzadas y las defensas contra las adquisiciones habían vuelto a ponerse de moda.

Muchas de las reformas necesarias han sido hechas a un lado, desde aumentar la productividad e importar mano de obra extranjera hasta alentar la iniciativa. Lo mismo se puede decir de las gestiones para eliminar la dependencia de Japón de los tipos de interés próximos a cero, los préstamos públicos masivos y una moneda débil. El actual primer ministro, Yasuo Fukuda, está demasiado preocupado con detener la caída de la popularidad del partido gobernante Liberal Demócrata como para atender la economía.

POCAS OPCIONES. Es improbable que se vuelva a la crisis de fines de la década de los noventa. El sistema bancario japonés se halla estable y las empresas han hecho una reestructuración considerable. Aun así, Japón tiene que derrotar la deflación en un momento en que las opciones son limitadas.

"A diferencia de los tres bajones grandes de ciclos empresariales que precedieron a este, ni la política fiscal ni la monetaria están disponibles para atenuar o acortar el descenso", dice Carl Weinberg, economista jefe de High Frequency Economics Ltd. en Valhalla, estado de Nueva York.

Los precios del crudo cerca de US$ 100 por barril representan un desafío adicional. "La naturaleza de la más reciente amenaza al ciclo es particularmente problemática para el Banco de Japón, conforme enfrenta el riesgo de una inflación impulsada por la oferta, en tanto la demanda real está sometida a presión bajista", dice Richard Jerram, economista jefe para Japón de Macquarie Securities Ltd. en Tokio.

TECHOS CON GOTERA. Japón no usó los cinco años de crecimiento decente para controlar una deuda pública que el gobierno dice que llegará a 147 por ciento del producto interno bruto para marzo del 2009. El gobernador del Banco de Japón, Toshihiko Fukui, no logró normalizar la estrategia monetaria.

La tasa referencial de préstamos de Japón es de 0,5 por ciento, con mucho la menor entre las economías grandes.

Ello estaría bien si los consumidores respondieran al crecimiento como se esperaba. La clave para que la recuperación de Japón se refuerce es que las familias gasten más.

Los funcionarios elegidos están ofreciendo a las familias poca confianza en que su economía no será eclipsada por China e India en los decenios futuros.

Tampoco los trabajadores están convencidos de que las empresas compartirán una mayor parte de sus ganancias. Los salarios descendieron 0,2 por ciento en octubre respecto al previo.

Dichas fallas se volverán más obvias si la tormenta en la periferia de Asia se acerca. Ello haría que Asia deseara haber reparado los techos agrietados cuando el sol brillaba.

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