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Perspectivas para el año nuevo

Javier De Haedo

Es habitual que, junto con el cambio de almanaque, se expliciten las perspectivas para el año nuevo en materia de economía, de política y de negocios. En lo macro, ámbito en el cual las perspectivas son en general coincidentes y auspiciosas, apoyadas en un mundo que nos sonríe, mis dudas se encaminan hacia posibles nuevas pérdidas en materia de competitividad, ligadas a la dureza con que se pretendan enfrentar presiones inflacionarias provocadas por la propia política económica. Creo que es en lo micro, sin embargo, donde se pueden dar las peores noticias en el correr del año, siendo la duda si sólo serán amenazas o devendrán en realidades. En cuanto a los negocios, además de lo anterior, parece haber consenso en cuanto a que este año será conflictivo, lo que parecen descontar los sindicatos y temer las empresas. La última ronda de Consejos de Salarios del período será clave en ese sentido. Y en materia política, un año previo al de las elecciones, no suele, en Uruguay, ser tranquilo, y los principales conflictos estarán en las internas partidarias, ya que es el año en el que prácticamente se van a definir las precandidaturas hacia las elecciones de junio del año que viene. En particular, la lucha por la interna del oficialismo puede complicar la gobernabilidad.

El contexto internacional se mantiene favorable. Consultoras y bancos de inversión tienden a prever que el dólar dejará de debilitarse, pero los pronósticos muestran significativa dispersión. Los precios de las materias primas de exportación parecen no detener la carrera alcista, y en los últimos años han desmentido pronósticos que los veían cediendo. Con los principales bancos centrales queriendo evitar problemas financieros, habrá la liquidez que los mercados necesiten y por lo tanto tasas tendiendo a bajar. En la región, es difícil pensar en un real aún más fuerte en términos de dólares, pero también lo era al inicio de cada uno de los últimos años. Pero en 2007 al real se le fue la mano y se fortaleció incluso contra el fortalecido euro. Con los vientos de cola, como se dice ahora, es difícil que Argentina no se vea tentada a seguir en la misma que hasta ahora, postergando el ajuste inevitable. Todavía relativamente barata, considerando la verdadera inflación se ha encarecido. Y por último, el petróleo, que cerró 2007 casi en los US$ 100 y con pronóstico incierto.

Otro frente exógeno que suele generarnos problemas es el climático. Hace dos años, impactó en la generación de electricidad; el año pasado, en los precios de frutas y verduras; este año arrancó complicado por falta de lluvias para la ganadería y la agricultura.

En materia política, en un gobierno con mayoría parlamentaria propia, y que ha descartado toda posibilidad de buscar mayorías alternativas, incluyendo a partes de la oposición, aún a costa de resignar el avance en algunos temas, es clave el mantenimiento de la gobernabilidad hacia dentro de la coalición oficial. Y este año, previo al de las elecciones, en el que se definen las precandidaturas, esa gobernabilidad se puede ver afectada. Se anticipan cambios en el gabinete, que incluirán al MEF. ¿Para dónde rumbeará la búsqueda de la gobernabilidad este año? ¿Hacia dónde convergerá el punto medio del gobierno cuando se vienen los tiempos electorales? ¿Cuánto incidirá en ese corrimiento la salida de Astori del MEF? ¿Cuál será el equilibrio de un gobierno que para cada tema o área temática, ha tenido en su propio seno al oficialismo y la oposición? ¿Tenderá a moverse hacia el centro o más a la izquierda, dependiendo del perfil de los candidatos y de la competencia con los otros partidos?

En lo macro es donde menos dudas existen. Se reiterará una buena tasa de crecimiento económico y volverán a subir empleo y salario real. Seguirán bajando pobreza e indigencia y con ellas la vulnerabilidad social. La inflación puede volver a complicar el panorama, como en 2007, aunque ahora hay dos aspectos a favor: difícilmente las materias primas de exportación repitan la extraordinaria tasa de crecimiento del año pasado y por otro lado las frutas y verduras ya están en las nubes y sólo pueden bajar. Lo negativo viene por el lado del petróleo, pero parece clara la política oficial de utilizar los impuestos como amortiguador. Fiscalmente hay resto para ello y como con la UTE en 2006 y con Ancap en 2007, este año puede volver a utilizarse este recurso. Entre los impuestos que en nuestro país son altos, se destacan los que gravan los combustibles, por lo que habiendo recursos es razonable aplicarlos a su reducción en forma permanente. En esto sí es razonable utilizar el llamado "espacio fiscal adicional" tan mentado últimamente: una rebaja permanente de impuestos altos que afectan la producción y el consumo.

Creo que si la inflación puede volver a complicar las cosas este año, no lo será tanto por razones externas, como las alegadas en el año pasado, sino internas. No dudo que este año las presiones inflacionarias vendrán desde la inconsistencia de las diferentes políticas. Después de ACDE quedó confirmado que el gasto público volará y de hecho los últimos números difundidos, a noviembre, lo confirman: en los últimos 12 meses el gasto primario del sector público no financiero (ajustado por la variación del stock de Ancap) subió 15,8%, pero en el último bimestre creció más de 20% interanual. Los salarios que se rigen por el presupuesto nacional subieron en promedio entre 15% y 17% desde este mes, por la acumulación de fórmulas generales y recuperaciones particulares. Por otra parte, es muy difícil que se revierta la indexación de los salarios privados, a los que se añaden pautas de "recuperación" que no son potables para cualquier sector. La rigidez que se debería tener en todas las líneas, sólo se mantiene en lo monetario-cambiario, por lo que en última instancia, las presiones inflacionarias serán enfrentadas con más tasa de interés y menos tipo de cambio. El año 2008 verá la pulseada entre la lucha contra la inflación (que no se debería volver a perder) y nuevas pérdidas de competitividad (que a esta altura parecen ser, para el gobierno, un daño colateral).

El referido crecimiento del gasto y aún la adopción de medidas fiscales "anti-IPC" no deberían poner en riesgo el cumplimiento de las metas fiscales, especialmente después que ellas fueron rebajadas para el bienio final. Se mantuvo el objetivo de déficit global, aún con pagos de intereses muy menguados por el menor tipo de cambio y con la recaudación inflada de la mano de niveles de actividad y consumo imprevistamente altos. En este contexto, aunque menos de lo que sería deseable y posible, la deuda pública neta de activos externos continuará su tránsito hacia niveles más bajos, reduciéndose así también la vulnerabilidad fiscal y financiera.

En cuanto al sector externo, de un tiempo a esta parte se ha vuelto más difícil leer bien el saldo de la cuenta corriente, ya que incluye contraparte en importaciones de maquinaria, de inversión extranjera directa. Depurada de ese efecto, y como consecuencia del aumento del consumo interno, la cuenta corriente tiende a mostrar un creciente déficit, pero sin llegar a niveles riesgosos.

Finalmente, alguna referencia adicional al clima de negocios, que por lo ya señalado estará marcado por una tendencia a la pérdida de competitividad y por un año conflictivo en las relaciones laborales. Sin embargo lo peor no viene por esos lados, sino por señales negativas que se siguen enviando desde esferas oficiales.

Antes de fin de año volvió a plantearse la posibilidad de limitar la exportación de trigo, con el propósito de asegurar el abastecimiento interno. Se trata de una materia prima con precio internacional y accesible en todo momento. ¿Para qué limitar la exportación si en cualquier momento se puede conseguir el producto? Y encima, justo cuando es tan rentable que, entre cultivos de soja, se está empezando a plantar trigo.

Y después está lo de la tierra, que a esta altura parece ser una obsesión. Mientras se arreglaba el entuerto unánime de permitir a Colonización adquirir un quinto de las áreas mayores a 1.500 hectáreas prometidas en venta, se empezaba a manejar la posibilidad de limitar a nacionales la propiedad en una franja de 50 quilómetros de la frontera.

Por último, la nueva capitalización de ALUR, esta vez por US$ 35 millones y por la misma Ancap que en 2007 debió perder más de 70 millones para acompañar al gobierno en la lucha contra el IPC.



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