LI CUI (*)
El auge del comercio exterior de China es la clave de su asombrosa evolución económica en los últimos treinta años. Pero la opinión reinante es que el crecimiento ha sido esencialmente interno, y que China no es sino un taller mundial en el que una abundante mano de obra convierte insumos importados en bienes de consumo poco sofisticados y bienes de capital exportables.
El tráfico de perfeccionamiento no suele agregar mucho valor a la economía interna debido al alto contenido importado de las exportaciones. La teoría es que las variaciones de la demanda mundial o del tipo de cambio tendrán poca incidencia directa en el saldo comercial o en el crecimiento económico porque los cambios en las exportaciones y en las importaciones en general se anularán.
El comercio contribuye al crecimiento al transferir mejor tecnología. En muchos análisis formales y debates de políticas se caricaturiza el comercio chino, incluso con corroboraciones empíricas. Por ejemplo, se señala que las variaciones de los precios relativos han tenido un efecto pequeño en las exportaciones y el saldo comercial de China porque el país es un centro de procesamiento.
Esta interpretación no refleja la realidad actual. Quizá fue acertada al comienzo de la reforma de la economía china, cuando, debido a la ausencia de conocimientos técnicos, la producción y las exportaciones del país dependían de la importación de productos intermedios y bienes de capital; pero la situación puede haber cambiado en años recientes. El contenido nacional y el grado de sofisticación de las exportaciones chinas han aumentado, en parte gracias a cuantiosas inversiones y mejoras. La mayor integración vertical a escala regional ha ayudado a incrementar el valor agregado que China aporta a la cadena mundial de abastecimiento, sobre todo en los sectores menos sofisticados. Esta tendencia, junto con la nueva composición de los productos exportables, que podría hacerlos más susceptibles a los shocks externos, implica que el saldo comercial y el crecimiento económico son más sensibles a las variaciones de la demanda externa y de los tipos de cambio de lo que en general indicaban los promedios históricos. Esta tendencia probablemente continuará conforme su estructura comercial siga evolucionando.
EL SUPERÁVIT COMERCIAL. El superávit comercial de China se disparó en los últimos cuatro años, y, de un promedio de aproximadamente 3% del PIB registrado entre 2000 y 2004, subió en 2006 a más del 8% del PIB, o alrededor de US$ 218.000 millones. La causa fue un fuerte aumento del superávit en el sector manufacturero. El crecimiento del superávit obedece sobre todo a una fuerte caída de las importaciones, cuyo crecimiento empezó a rezagarse frente al de las exportaciones desde comienzos de 2005. En cambio, durante la mayor parte de la década pasada, el crecimiento de ambos rubros fue en general uniforme y típico para un centro de procesamiento. Los bienes intermedios -partes y componentes y productos semielaborados- sufrieron la mayor desaceleración, que equivalió a más de la mitad de la desaceleración de las importaciones totales entre 2003 y 2005 y a la mayor parte de la diferencia de crecimiento entre importaciones y exportaciones. El efecto en el comercio chino con el resto de Asia ha sido directo y puede estar alterando el orden en las cadenas regionales de producción. Si bien el superávit frente a Estados Unidos y la Unión Europea sigue creciendo, el déficit con Asia, que tradicionalmente ha sido un contrapeso, ha disminuido en los últimos dos años, preocupando a las economías asiáticas cuyo reciente crecimiento económico ha dependido de las exportaciones a China.
La desaceleración de las importaciones coincidió con un auge de la inversión, ya que el aumento de la capacidad interna de China ha permitido una mayor producción interna de bienes intermedios. Las empresas pueden optar por importar una parte o la totalidad de los bienes intermedios, obtener el resto de proveedores nacionales y reexportar los productos acabados con exenciones tributarias aplicadas a los insumos importados.
Con la mayor oferta interna, China está reemplazando las operaciones de ensamblaje con otras que aprovechan los insumos nacionales.
COMPOSICIÓN DE COMERCIO. La fuerte inversión interna en bienes de capital, la cuantiosa IED y las mejoras tecnológicas también han alterado la composición del comercio. Los bienes de uso intensivo de mano de obra -ropa y juguetes- solían dominar las exportaciones chinas, pero su proporción en las exportaciones totales se ha reducido en más de 20 puntos porcentuales en la última década. Las exportaciones de bienes de capital, partes y componentes se han disparado, y representan más del 40% de las exportaciones totales, frente a 10-15% hace 10 años. Este giro indica que en China la estructura del comercio y la producción están avanzando hacia los productos de uso intensivo de capital y de alta tecnología.
SENSIBILIDAD COMERCIAL. El aumento del contenido nacional y del grado de sofisticación de las exportaciones influye en la sensibilidad del saldo comercial a los shocks internos, y al respecto surgen dos preguntas.
¿Se han desvinculado las importaciones de las exportaciones? Mediante una serie de análisis estadísticos, se observa una relación positiva entre las importaciones de partes y componentes y las exportaciones de productos acabados de una misma industria en todo el período, pero la relación es estadísticamente significativa solo en la primera mitad de la década. En concordancia con la teoría de la reciente desvinculación, la relación no es estadísticamente fuerte en la segunda mitad. En el último período, la relación que se ha tornado más positiva es entre los insumos importados y la demanda interna, lo que hace pensar que China cada vez importa más partes y componentes para atender necesidades internas de producción. Por lo tanto, la idea de que China es ante todo un centro de ensamblaje ha perdido validez. Es posible que los shocks externos repercutan más gravemente en el saldo comercial y en la economía interna de China, ya que un descenso de las exportaciones podría no conllevar una disminución equivalente de las importaciones. Además, lo que impulsa las importaciones es el crecimiento económico del país, y no tanto la necesidad de insumos directos para los productos exportables.
¿Influye el grado de sofisticación en la sensibilidad del comercio? En lo que se refiere a las exportaciones, se observó que cuanto más sofisticado es un producto, su exportación tiende a aumentar en respuesta a un incremento dado de la demanda externa y a disminuir en respuesta a una apreciación del tipo de cambio efectivo real. En cambio, cuanto más sofisticado es un producto, su importación tiende a aumentar en respuesta a una subida de la demanda interna, pero no tanto en repuesta a una apreciación dada del tipo de cambio efectivo real. Esto indica que ahora las exportaciones y el saldo comercial son más sensibles que en el pasado a las fluctuaciones de la demanda y del precio.
¿CAMBIO DE PAPELES? El aporte de las exportaciones netas al crecimiento de China ha aumentado mucho en años recientes, como lo demuestra el mayor superávit comercial como proporción del PIB.
Buena parte del aumento se debe a cambios estructurales en la economía y, en particular, al mayor contenido nacional de las exportaciones. Las dos tendencias descritas indican que China es ahora más vulnerable a los shocks externos -como una apreciación del tipo de cambio real o una desaceleración de la demanda externa- de lo que se suele suponer. Resulta imperativo procurar que el reequilibrio del crecimiento de China se base menos en las exportaciones netas potencialmente volátiles y más en un impulso sostenible de la demanda interna.
Los cambios estructurales también afectan mucho al comercio intrarregional y a la evolución de las redes regionales de producción. En los últimos años, China ha desplazado a Estados Unidos como principal destino de las exportaciones de cada vez más países asiáticos y ha dado un impulso crucial al comercio intrarregional y a la IED, sobre todo en lo relativo a los bienes intermedios que circulan por las redes de las empresas multinacionales. De hecho, esos bienes representan casi tres quintos del aumento del comercio dentro de Asia en la última década. Pero conforme China vaya especializándose en más segmentos de la cadena de producción, su importación de insumos regionales podría empezar a disminuir.
En forma aislada, estas tendencias podrían debilitar los vínculos comerciales intrarregionales. Pero la expansión potencial del mercado chino crea oportunidades para las economías regionales, por ejemplo en el sector de productos de alta tecnología. Es evidente la necesidad de que las economías regionales impulsen la innovación tecnológica y asciendan en la cadena de calidad. Además, a medida que evolucione la ventaja comparativa de China y aumenten los costos de su mano de obra, los países de ingreso más bajo de Asia sudoriental podrían ir ocupando los vacíos que deje China.
(*)Li Cui es Economista Principal del Departamento de Asia y el Pacífico del FMI (Finanzas & Desarrollo - FMI).