El agua amenaza la urbanización y prosperidad de las ciudades asiáticas

| La primera medida a adoptar a nivel gubernamental es darle su precio correcto, pero es también lo más difícil de hacer

ANDY MUKHERJEE | BLOOMBERG

La materia prima que representa la mayor amenaza para la prosperidad de largo plazo en Asia no es el petróleo, es el agua.

Los estrategas de la región se deberían de preocupar menos de la probabilidad de que las ciudades asiáticas se queden sin agua corriente y más sobre el peligro mayor de ser abrumadas por las aguas servidas.

La capacidad para tratar las aguas cloacales antes de que se permita que fluyan a lagos, ríos y océanos no está creciendo con la suficiente rapidez. A menhakeros que se encare de manera inmediata esta deficiencia crucial, puede terminar siendo un disuasivo para la urbanización.

"La continuación de la tendencia presente hará que las reservas de agua disponibles estén cada vez más contaminadas y que la provisión de agua limpia sea cada vez más cara como también más compleja y difícil de gestionar", dijo este mes en un informe el Banco de Fomento Asiático, con sede en Manila, o ADB (por su sigla en inglés).

Los países que se pongan a la altura de las circunstancias crearán ciudades más habitables para su población como también nuevas oportunidades cautivantes para los inversionistas; quienes dejen pasar la iniciativa pagarán un caro precio.

El problema hubiera sido más fácil de encarar si se limitara a algunas ciudades grandes.

NO ES EL CASO. Entre ahora y el 2025, la población urbana de Asia crecerá sesenta por ciento. Una gran parte de esta expansión ocurrirá en aglomeraciones de 500.000 personas o menos.

La tecnología, financiación, conocimiento experto y apoyo político necesarios para gestionar los recursos hídricos con prudencia pueden ser relativamente más fáciles de conseguir en Dacca, Karachi, Mumbai y Yakarta que en las zonas urbanas menores que están creciendo a una velocidad cuatro veces superior a la de las megaciudades de Asia.

ANOMALÍA EXTRAÑA. "Es una anomalía extraña que estos centros menores están recibiendo notablemente menos atención de los estrategas nacionales e internacionales", nota el estudio de ADB.

"A menos que la estrategia y foco presentes cambien de manera radical, es probable que estos centros sean importantes `agujeros negros´ del futuro en materia de agua y aguas servidas", dice.

El primer paso encaminado a una administración eficiente del agua es darle su precio correcto. Es también lo más difícil de hacer.

"No hay duda de que, a largo plazo, ya ha terminado la era en que el agua potable podía proveerse a todos de manera gratuita o a tarifas altamente subsidiadas", dice Asit Biswas, presidente del Centro del Tercer Mundo para el Manejo del Agua, con sede en Ciudad de México, y uno de los autores del informe de ADB.

CONTRA LOS POBRES. El agua subsidiada no hace nada por los pobres.

Las empresas de servicios públicos que no pueden recuperar el costo de sus prestaciones no pueden recaudar dinero para expandir sus redes o mejorar la administración de aguas residuales. Después de cierto plazo, ni siquiera logran mantener los patrones existentes de su servicio.

Los ricos urbanos pueden poder invertir en sistemas caros de almacenamiento y purificación que convierten suministros intermitentes y de baja calidad en una fuente estable de agua potable. Los pobres no tienen tales opciones y son quienes más sufren por la tendencia de los políticos de tratar el agua como un artículo de beneficencia.

A instancias del Gobierno en Pekín, las ciudades de China han mostrado una predisposición a mejorar la tasación.

Entre 1949 y 1985, la municipalidad de Tianjin en el nordeste de China les cobró a los residentes una tarifa inalterada de 0,08 yuanes -alrededor de tres centavos de dólar estadounidense en aquellos días- por metro cúbico de agua.

Cuando la ciudad comprendió que estas tarifas altamente subsidiadas eran un obstáculo tanto para la producción como para la conservación del agua, elevó la tarifa ocho veces en los veinte años siguientes.

VIAJE LENTO. Esto hizo que Tianjin consiguiera inversiones tan necesarias en el tratamiento y distribución del agua. En septiembre, Veolia Environnement SA, de París, la mayor compañía de agua del mundo, ganó un contrato de treinta años y de un valor de 2.650 millones de euros (US$ 3.900 millones) para suministrar agua potable a tres millones de personas en la ciudad.

Hyflux Ltd., la mayor compañía de tratamiento del agua en Singapur, está construyendo una planta en Tianjin para reciclar las aguas cloacales.

Merrill Lynch & Co. tiene el China Water Index, un índice del agua en China. Éste comprende compañías con la mayor probabilidad de beneficiarse según mejoran las ganancias en el sector de provisión de agua en el país y hay una mayor apertura del negocio a proveedores no estatales del servicio.

Estas metas no se lograrán a los apurones: apenas un puñado de ciudades chinas han aumentado las tarifas a un nivel en el que los inversionistas puedan recuperar su costo total. En suma, empero, China está encaminada por la senda correcta.

India, que necesitará US$ 37.000 millones en el próximo decenio para darles agua limpia y salubridad a los residentes urbanos, también está conciente de la necesidad de tarifas más realistas.

Con todo, la ejecución de las buenas intenciones queda atrapada en un pantanal político.

ACTITUDES POLÍTICAS. Al promover que la empresa de servicios públicos de propiedad estatal en Nueva Delhi le permita al sector privado usar su infraestructura para llevar agua a la ciudad, el Banco Mundial recomendó que los aumentos de tarifas se vinculen con mejoras en el servicio.

El proyecto nunca despegó; de hecho, se convirtió en catalizador de las condenas de activistas sociales al Banco Mundial por impulsar la privatización a escondidas.

¿Pero qué otra opción hay? ¿Cómo se empieza a enmendar una compañía de servicios públicos de propiedad del Estado que distribuye solo sesenta por ciento del agua entubada que produce y cobra apenas ochenta por ciento de las facturas que emite? Y sin mejoras en eficiencia, ¿cómo se consigue apoyo popular para aumentos de precios en una ciudad donde la empresa en el mejor de los casos puede suministrar agua por unas pocas horas al día?

El momento para responder a estas preguntas es ahora. Está en juego la supervivencia de las ciudades asiáticas.

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