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Organización lechera en crisis

JULIO PREVE FOLLE

Allá por el mes de septiembre advertí desde estas columnas que nos encaminábamos hacia un punto en el cual, o bien las regulaciones de la lechería se dejaban de lado operando a favor de la libertad, o bien habría que inventar nuevas y peores reglas, si se carecía del arrojo o de la capacidad suficientes como para modificar la arcaica política actual de fijación administrativa de precios.

También señalaba -esto hoy es ya un hecho- que me parecía imposible que el gobierno se inclinara por una solución de mayor libertad económica, como implicaría abandonar la fijación del precio de la leche al público, y dejar a todas las empresas competir libremente por la oferta de los productores. Durante esta administración no se ha dado ningún caso de mayor libertad conferida a la gente, por tanto muy raro hubiera sido que esto ocurriera en la lechería. Y no ocurrió.

Sucede en cambio que la inoperancia del gobierno -no hacer nada al respecto- se está convirtiendo en una grave injusticia para con los tamberos chicos y para con nuestra principal empresa. Y si no se hace nada la injusticia se agravará a causa solo y exclusivamente del gobierno; de éste, en particular de su ministerio sectorial.

La política lechera supone la fijación administrativa del precio al público de la leche pasteurizada, lo que se corresponde con la fijación del precio al productor de una fracción de su producción de leche. Básicamente, la fracción de la producción industrial que se pasteuriza, se corresponde con la fracción de la producción del tambero cuyo precio también se fija; esta es la llamada "leche cuota". En el caso de la leche al público su precio lo fija el MEF. En el caso de la leche del tambero cuyo precio corresponde fijar, lo hace el MGAP; en la restante el precio es libre. En grades números el precio del 14% de la leche remitida a plantas se fija por decreto.

En su origen, el precio de la leche cuota fijado al tambero por el gobierno, representaba un valor que debía reconocer el costo de producir, valor que se transfería al público en la fijación del precio de la leche pasteurizada. Con los años, este beneficio recibido por el tambero a partir del bolsillo de la gente, se fue desvirtuando por completo hasta llegar a la situación actual. En efecto hoy, en tanto el precio pagado al tambero por la leche cuota es de 30 centavos de dólar, el costo de producción no pasa de 15 centavos como lo reconocen varias publicaciones oficiales. Este continuo forzar hacia arriba el valor del litro cuota supuso la concreción de un fenomenal subsidio pagado por el consumidor, que hasta hace un par de años se estimaba en unos 25 millones de dólares anuales. Durante más de siete décadas el precio de la cuota superó al precio de la leche libre llamada leche industria, discutiéndose quién se llevaba realmente este beneficio: si el tambero o las industrias. Es claro en mi concepto que una fracción importante de este subsidio no lo percibía el tambero común, ya que la existencia de este precio artificialmente elevado por las fijaciones, permitía a las empresas pagar menos por la leche industria -materia prima de todos sus productos- comparada por ejemplo con otras empresas regionales. Cuanto más alto fuera el precio de la leche cuota, más bajo podía ser el precio de la leche industria para mantener un mismo precio promedio. Dicho de otra forma; en tanto una parte importante del ingreso del tambero dependiera de los ministerios, menor debía ser el esfuerzo por pagar al productor por la leche materia prima de los demás productos lácteos. Estos se elaboraron con el subsidio implícito en el régimen de doble precio.

Los tamberos que con seguridad se beneficiaban de la fijación del precio de la leche fueron hasta ahora los tamberos chicos, quienes dado el demagógico sistema de distribución de cuotas, poseían una fracción de su producción remunerada a valor cuota, mucho mayor a la de todos los lecheros. En otras palabras los tamberos chicos poseen mucho más cuota -algunos solo cuota- que la mayoría de sus colegas.

Lo que hoy ocurre es que, por la estampida de los precios internacionales de los lácteos, por primera vez en más de setenta años la leche industria, que es la materia prima de todos los lácteos a excepción de la leche pasteurizada, ha superado al precio de la leche cuota, por más tironeos y acciones rebuscadas que se han hecho por parte del gobierno para mantenerla más arriba de lo debido: hoy nada menos que al doble del costo de producción, que era su filosofía original.

Así las cosas se da que los tamberos chicos, al tener una mayor proporción de cuota, reciben menos precio que el resto de los tamberos. Entonces, si al gobierno no lo mueve el entusiasmo por la libertad para matar la cuota, quizás lo mueva la justicia para con los tamberos chicos, hoy injustamente postergados.

Pero queda el tema de las industrias. Durante mucho tiempo nuestra empresa mayor defendió a capa y espada el subsidio que recibió a través del régimen de doble precio, limitando con él la competencia con otro tipo de empresas locales y extranjeras que no participan del mismo. Hoy se encuentra en una situación de tensión. En efecto las empresas que no tienen acceso a cuota -que la política lechera se lo negó- hoy pueden pagar a sus tamberos por toda su leche y así lo están haciendo, 35 centavos de dólar. Este valor, las empresas que poseen cuota no lo pueden pagar ya que se fijó en 30. Para empardar los 35 de las demás, deberían pagar mucho más por la leche industria -materia prima de sus negocios- para promediar con aquellos 30 los 35 de las demás empresas, que así compiten confortablemente por los tamberos. Es más; las nuevas firmas internacionales instalándose en el país -Bongosto, General Meals y quizás otras de Nueva Zelanda- jugadoras formidables en el mundo, no solo quizás puedan pagar por la materia prima un precio superior al de nuestras industrias tradicionales porque éstas producen solo commodities y aquéllas no, sino que además no están obligadas a pasteurizar leche, y menos aún a venderla a un precio administrado, que hoy resulta inferior al percibido por vender otros lácteos en el país o en el mundo.

Si este proceso en los precios internacionales de los lácteos se sostiene como yo creo, en poco tiempo más es posible que vuelva a subir lo que pagan a los tamberos las industrias que no están obligadas por la cuota doméstica. Si esto ocurre, la competencia con las industrias instaladas será muy pesada para éstas que perderán tamberos; además ser lechero chico será una gran injusticia. Y en definitiva no liberar los precios de la leche será muy grave.

Ya el MGAP amenazó con gravar las exportaciones e incluso con limitar el acceso al país de empresas lecheras extranjeras. Si la demencia que significa empezar a transitar el camino argentino de gravar exportaciones no prospera, entonces el gobierno, o libera todos los precios, o vuelve imposible a nuestra empresa mayor y sus análogas competir. Aún así no les resultará nada fácil ya que para pagar lo que el mundo paga hay que tener una estructura y un desempeño industrial del tipo de las multinacionales que quieren nuestra leche. Y además, si no se ponen a rueda, también corren el riesgo de la disputa por la tierra desde la agricultura. Por otra parte, si el gobierno decidiera aplacar el precio de la leche por temor a tener que aumentarla al público, no haría otra cosa que generar un proceso por ahora incipiente de agriculturización de las cuencas lecheras.

El régimen de la política lechera actual debe desaparecer. Hace muchos años que pienso y escribo que se trata de un régimen de subsidios cruzados que van desde el consumidor hacia donde no deben, limitando todas las oportunidades, las posibilidades que la competencia desarrolla. Ahora pienso además que si al MGAP no lo sensibiliza la libertad, deberá hacerlo la justicia. En cualquier caso contará con nuestro apoyo; en bien de los tamberos chicos, de las empresas nacionales y del país.

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