Un informe oficial que confunde

JULIO PREVE FOLLE

El Ministerio de Economía a través de su llamada área de "Defensa de la Competencia y del Consumidor", ha realizado algo infrecuente, que consiste en difundir las pobres conclusiones de un modesto trabajo de investigación que, con el apoyo económico del BID, recomienda medidas que poco tienen que ver con lo técnico, pero que no obstante y como se busca, al ocupar titulares de diarios, generan hechos políticos que engañan, que confunden. Es este el caso del trabajo encargado el año pasado y culminado en éste sobre la existencia de colusión entre las industrias frigoríficas en la compra de hacienda. En definitiva, sobre la falta de transparencia en la formación de los precios.

REFLEJO ANTIGANADERO. Confieso que me llama la atención la selección de la cadena cárnica como objeto de estudio. Me sorprende que se pueda pensar que existe algún tipo de manejo no competitivo en el precio del ganado cuando actúan -al menos al encargarse el estudio- más de treinta frigoríficos, remates feria reales o virtuales, infinidad de negocios con miles de operadores, y exportación en pie. Por si todo esto fuera poco las cotizaciones de los distintos tipos de ganado aparecen en los diarios, en las revistas, con cotizaciones al contado, a plazos, en dólares y en pesos. Es más; no debe haber ningún otro mercado tan transparente y competitivo en el Uruguay como el del ganado, aunque hay que recordar no obstante que ello no siempre fue así.

Esta oficina del Ministerio de Economía podría haberse ocupado antes de otros mercados en los que la ausencia de competencia externa bien merece una medición oficial. Por ejemplo el azúcar, el aceite, la energía, las telecomunicaciones, el vino, las frutas y verduras, el pollo, la chatarra, los autos. Estos casos lo son de producciones en las que el encierro económico obliga al pago por parte del consumidor de un sobreprecio. Sería una buena cosa que el MEF difundiera cuánto le cuesta al ciudadano mantener estas políticas; la del buque insignia del país productivo -el azúcar- y todas las otras, en especial el encierro de frutas y verduras que dañó durante todo este largo invierno especialmente a la gente más humilde, al igual que con el pollo. Más aún; lo peor es que el MEF tiene buena parte de esos datos, también calculados con ayuda del BID, y no ha tenido el arrojo de difundirlos; en la carne sugestivamente sí.

O podría haberse ocupado de otros rubros en los que aunque hay apertura y por ende competencia externa, -lo que para mí sería suficiente como para no mirarlos-, hay también un solo actor preponderante o excluyente como en la lechería, el arroz, la cebada, o los automóviles. Es más; el informe señala como peligro que la faena está hoy concentrada, "altamente concentrada", porque una empresa dispone de un tercio de la misma. Este porcentaje es francamente menor al de los actores dominantes en todos, absolutamente todos los rubros agroindustriales. Insisto; en todos.

O podría haber advertido que los acuerdos de precios propiciados por el MGAP son el punto de partida para una colusión en este caso fomentada oficialmente.

Nada de eso hizo; pudo más el reflejo antiganadero.

UN INFORME OLVIDABLE. Desde el punto de vista técnico no dice absolutamente nada nuevo. Incluso afirma que no se puede demostrar la existencia de colusión, algo obvio por otra parte, por las características del mercado que ya referí, aunque ahora haya nuevos jugadores de mayor porte.

Pero luego el trabajo, abandonando el campo de lo técnico, aporta conclusiones, incluye sospechas que son las que motivan los títulos de los diarios, cuando afirma que "no se ha demostrado la existencia de colusión, pero tampoco se puede descartar" (sic); es la sospecha por las dudas. Señala asimismo que hay "importantes incentivos para coludir y escasos para no hacerlo", recomendando en este sentido penalizaciones fuertes. Y finalmente -aquí viene lo mejor- señala que si se logra bajar un centavo el precio del ganado ello significaría un sobrebeneficio para algunas plantas de 900 mil dólares. Este monto operaría como un gran estímulo para la colusión.

Hay en este trabajo toda una serie de errores y de ignorancia culpable, que pueden no obstante desconocerse por parte de la gente común. Vamos primero a lo más grave y luego a lo anecdótico. Lo más grave es desconocer importantes contribuciones de especialistas -Chiara, Peyrou, Sader, Picerno- que han estudiado en detalle la creciente participación del productor en el precio final de la carne en el tiempo, lo que prueba de modo inequívoco la fuerte competencia y por ende la transparencia en la formación de los precios. La distribución de valor en la cadena es algo probado y fuera de toda duda, al menos a nivel profesional. Es más; puede probarse que el aumento del precio de exportación ha sido apropiado crecientemente por el ganadero. Esta omisión es muy grave y debería conocerla el MEF. Solo ella ya motivaría que se quitara del sitio web oficial este trabajo. Pero hay más. Como es sabido es libre la exportación de ganado en pie, lo que establece un piso al precio del ganado que impide la colusión, al menos por debajo de ese precio.

Y finalmente el trabajo, como si fuera realizado en otro país, olvida un fenómeno reciente sobre el que abundantemente escribí en mi columna anterior: la feroz disputa por la tierra que padece hoy la pecuaria desde la lechería, la forestación y sobre todo la agricultura. En las condiciones actuales, si la industria pudiera resolver pagar menos de lo que lo hace, acentuaría un proceso de desplazamiento de la misma desde las mejores zonas a las peores, poniendo en peligro todo el negocio. Es la razón por la cual no hay más ganado de carne en Dolores, Palmitas, amplias zonas de Colonia, etc. En definitiva las plantas frigoríficas no solo compiten entre ellas, sino muy duramente hoy con los otros rubros que ofrecen alternativas ventajosas a los ganaderos.

Además está lo anecdótico. El trabajo señala el estímulo para coludir que señalé líneas arriba. En realidad le llama estímulo a coludir a lo que no es más que el estímulo de la ganancia que opera como motor de todo el sistema de precios en una economía de mercado. Además, si un centavo menos pagado al ganadero puede generar como se señala una ganancia de 900 mil dólares, también podría decirse que un centavo más podría generar una pérdida del mismo monto… Hacer estas cuentas de aritmética elemental no constituye propiamente un trabajo técnico; y advertir sobre eventuales peligros a partir de ellas no es más que un abuso que no califica al autor sino a la autoridad que dispone su uso público.

El informe señala también que deben facilitarse los mecanismos para el ingreso de nuevos jugadores al sistema, cuando es obvio que en los últimos quince años se deben haber sustituido casi todos los empresarios del negocio cárnico, cuando se están instalando plantas nuevas, etc.

OTRA VEZ LA NACIONALIDAD. Además el informe advierte sobre temas vinculados a la nacionalidad de los industriales, algo que nada tiene que ver con un estudio técnico de competencia, y termina con algo francamente ridículo como es advertir sobre posibles colusiones al norte del Río Negro por la posibilidad de asociaciones entre empresarios cuyo factor de colusión sería que poseen la misma nacionalidad.

Finalmente debo confesar también mi perplejidad por la anuencia del BID al uso político de un inexacto trabajo técnico.

En realidad el área correspondiente del MEF logró algo: ocupar con sospechas infundadas la primera plana de los diarios. En cambio Doña Ramona y Don Fermín siguen esperando que alguien, quizás de esa misma oficina, les cuente cuánto pagan de más por problemas de competencia las frutas y verduras, el vino, el pollo, las comunicaciones, los autos, la chatarra, el combustible, el aceite, antes la leche, el azúcar -buque insignia del país productivo-, la cerveza, las bebidas cola, los lentes, alguna ropa, etc. Esto sí que sería útil.

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