El negocio bancario tiene posibilidades de crecer más de 10% en activos y utilidades de ahora al fin de la década, señala un informe de la consultora McKinsey. Ese avance será impulsado principalmente por cuatro factores: un PIB capaz de crecer a razón de 4%-5% anual en las economías mayores, baja de tasas, ampliación de plazos y una clase media con más poder adquisitivo y proclividad a endeudarse.
Mientras tanto, aumentará la competencia. Por un lado, los bancos internacionales invierten más, esperando sacarle mercado a los jugadores locales o regionales. Los concurrentes con sistemas de negocios especializados persiguen lo mismo. En particular cuando se trata de banca minorista y tarjetas.
Una serie de cambios que tuvo lugar a partir de mediados de los años ochenta afectó contextos regulatorios, demográficos y políticos en forma generalmente positiva. Por consiguiente, han mejorado variables macroeconómicas esenciales para el desarrollo de la banca privada como el producto por habitante y menores déficit fiscales. Ahora bien, ¿cómo influyen sobre los bancos locales e internacionales? Para competir con los segundos, los primeros tienen ventajas tales como economías de escala, mayor imagen de marca, redes y familiaridad con sus propios mercados. El éxito puede ayudarlos a seguir independientes. En cuanto a los bancos internacionales o multinacionales, ya han hecho pie en la región y algunos continúan expandiéndose.
BUENOS NÚMEROS. Durante 2006, apunta el trabajo de McKinsey, la tasa de inflación ponderada se mantuvo alrededor del 6% en las principales economías de la región, salvo excepciones. Actualmente los gobiernos manejan el presupuesto con más responsabilidad, sin tener en cuenta su color político. El déficit fiscal en siete países alcanzaba apenas el 0.8% del PIB en 2005. En rigor, Argentina, Venezuela y Chile mostraban -y aún muestran- superávit.
En el frente externo, la situación también mejoró. En 2002-2005, las exportaciones subieron 60% y el déficit en cuenta corriente cedió a 30% del PIB como promedio. Por ende, las tasas de interés siguen bajando y los plazos financieros se estiran. En la mayoría de los países se ha recreado un mercado para deuda pública a largo plazo.
En los últimos quince años, la actividad fue escenario activo de fusiones y adquisiciones en las mayores economías. Las dificultades de la larga transición hicieron que los bancos grandes se expandieran y los más débiles fuesen comprados o liquidados, a veces en medio de escándalos locales.
OPCIONES. Ante el interés internacional, casi todos los bancos latinoamericanos -salvo en Argentina y Brasil- corren riesgo de ser comprados o absorbidos. Para mantenerse independientes, tienen tres opciones:
1. Tornarse muy caro. Un banco puede elevar su coeficiente de valorización por encima de potenciales adquirentes, lo cual lo haría demasiado costoso.
2. Hacerse muy grande. Es otra estrategia consistente en aumentar la capitalización de mercado mediante crecimiento agresivo o fusiones con rivales locales, sin sacrificar rentabilidad bursátil. Si la capitalización de mercado es excesiva, sólo los mayores bancos del mundo podrían hacer el intento. Bradesco es un buen ejemplo: costaría unos US$ 37.000 millones.
3. Combinar ambas estrategias, como hace el Banco Itaú. Con US$ 40.000 millones de capitalización bursátil y una relación precios/ganancias futuras de 17 en 2005, se ha tornado demasiado grande y caro de adquirir. Incluso, hasta podría mutar en banco multinacional apelando a su presencia y management en la región. Eso ya lo han hecho BBVA y Banco Santander.
La clave del éxito consiste en equilibrar ventajas y redes en escala para cubrir un país, ofrecer más servicios y reducir costos operativos. También se requiere aptitudes para innovar o mejorar la oferta en líneas con mayor potencial de crecimiento.
Fuente: Revista MERCADO (Argentina)