La economía china crece sin parar, en cambio las remuneraciones no

| La situación de los trabajadores debe mejorar para prevenir futuros problemas sociales

China tendrá pronto siete de los diez shopping malls más grandes del mundo. Sin embargo, los hogares chinos no son ni remotamente los compradores más ávidos. El consumo ha caído desde el 47% del PIB a principios de los noventa, hasta solamente el 36% en el 2006, la proporción más baja de cualquier economía grande (ver gráfico). En el otro extremo, los hogares estadounidenses consumen el 70% del producto.

Hay un consenso general respecto a que China necesita un equilibrio diferente en su economía, a favor del consumo y menos dependiente de las exportaciones. Esto no solamente significaría un crecimiento futuro más sostenible, sino que también reduciría el gran superávit comercial chino. Sin embargo, para impulsar el aumento del consumo, primero hay que entender por qué se ha reducido. La explicación más común es que los hogares chinos han estado ahorrando una porción cada vez mayor de sus ingresos debido a una incertidumbre también creciente sobre el futuro de las jubilaciones, la salud y la educación. Esto lleva a que los economistas se enfoquen en cómo incentivar a los hogares a gastar una porción mayor de sus ingresos.

El problema con esta teoría es que en la década pasada la tasa de ahorro de los hogares ha disminuido, no aumentado. De acuerdo a Louis Kuijs (1), un economista de la oficina de Pekín del Banco Mundial, el ahorro de los hogares cayó desde el 21% del PIB a mediados de los noventa, al 15% en el 2006. En relación al ingreso personal disponible, la tasa de ahorro cayó desde más del 30% al 25%. Esta cifra es muy alta en comparación con Estados Unidos, donde los hogares ahorran menos del 1% de sus ingresos, pero es menor que la tasa de ahorro de los hogares en India. La tasa de ahorro doméstica total de China es más alta y ha aumentado fuertemente desde fines de los noventa, pero todo este incremento, dice Kuijs, proviene de las empresas y del gobierno.

La disminución en el ratio del consumo sobre el producto no refleja un incremento en el ahorro; en cambio sí es explicado por una caída importante en la proporción del ingreso nacional que llega a los hogares (en forma de salarios, transferencias gubernamentales e ingresos de inversiones), mientras que la proporción de ganancias e ingresos del gobierno ha crecido. Más dramática ha sido la reducción en la proporción del PIB que corresponde a salarios. El Banco Mundial estima que esta cifra ha caído desde el 53% en 1998 hasta el 41% en el 2005 (ver gráfico), y los datos del sector industrial sugieren que cayó aún más en el 2006. En Estados Unidos, supuestamente el paradigma del capitalismo, los salarios se llevan el 56% del ingreso nacional.

DEMASIADO CAPITAL. Muchos países han registrado una caída en la proporción del PIB que representan los ingresos por trabajo en los últimos años, pero en ninguna parte el derrumbe ha sido tan importante como en China. Esto parcialmente es reflejo de su enorme superávit laboral, que ha deprimido los salarios en relación con las grandes ganancias de productividad de la economía. Pero sería de esperar que si los salarios son bajos en relación con la productividad de los trabajadores, las empresas contrataran más personal, lo que moderaría la disminución de la proporción de los salarios en el producto. En cambio, el aumento de los puestos de trabajo ha sido inusualmente bajo. Un trabajo de investigación del Fondo Monetario Internacional (2) adjudica esta lenta suba en el empleo a la debilidad del sector financiero. Las grandes empresas tienen fácil acceso al crédito, pero las empresas privadas pequeñas encuentran difícil obtener financiación para su capital de trabajo, lo que a su vez restringe sus posibilidades de contratar personal.

Kuijs remarca una razón potencialmente más importante para el lento aumento de la creación de puestos de trabajo: un modelo de crecimiento fuertemente intensivo en capital. Las bajas tasas de interés también han incentivado esta modalidad. La inversión ha sido impulsada por el hecho de que las empresas estatales no pagan dividendos al gobierno, permitiéndoles gastar todas sus ganancias en inversiones de capital. El gobierno ha promovido asimismo el desarrollo capital-intensivo al favorecer la manufactura sobre el sector de servicios -que es más intensivo en trabajo-, al mantener bajos los precios de insumos tales como la tierra y la energía. La renuencia a permitir un aumento más acelerado en la cotización del yuan también ha estimulado la producción de bienes manufacturados.

En Estados Unidos, la caída de los últimos años en la proporción de salarios en el PIB ha sido contrarrestada por una creciente rentabilidad de las inversiones, de forma que el ingreso total de los hogares se ha mantenido bastante estable en relación al producto. En China, sin embargo, el ingreso por concepto de inversiones de los hogares es pequeño y ha disminuido a solamente el 2% del PIB en el 2005, comparado con aproximadamente el 15% en Estados Unidos. Las tasas de interés de los depósitos bancarios son muy bajas en comparación con el crecimiento del producto y la participación accionaria de los hogares en las empresas es muy modesta. Una proporción pequeña de las compañías cotizan en bolsa, e incluso aquellas que lo hacen han podido retener la mayor parte de sus ganancias en lugar de distribuir dividendos, debido a que la presión de los accionistas es muy débil.

La consecuencia de todo esto es que si China modificara la composición del crecimiento en favor del consumo, instar a los hogares a gastar más de sus ingresos no sería suficiente; el gobierno debería también incrementar la proporción del ingreso nacional que llega a los hogares. Kuijs sostiene que esto requeriría un cambio en la composición del crecimiento desde manufacturas intensivas en capital hacia los servicios trabajo-intensivos. Recomienda para ello un paquete de reformas que incluye: liberalización financiera para aumentar el costo del capital; eliminación de las distorsiones del sistema tributario que favorecen la manufactura sobre los servicios; aumento de los precios de insumos industriales como la energía; remoción de las restricciones en el desarrollo de servicios trabajo-intensivos a través de, por ejemplo, la eliminación de los monopolios; y un tipo de cambio más fuerte para estimular la producción de las empresas domésticas de servicios. Un aumento del gasto público en salud, educación y seguridad social también llevaría a los hogares a ahorrar menos y gastar más.

Un crecimiento más trabajo-intensivo impulsaría el ingreso de los hogares y el consumo como proporción del PIB y ayudaría a reducir el superávit comercial. Pero probablemente más importante es que, al permitirle a los trabajadores disfrutar más de los beneficios del rápido crecimiento podría ayudar a prevenir futuros problemas sociales, y reduciría la contaminación mientras la economía se vuelve menos dependiente de las industrias devoradoras de energía.

(1) "How Will China`s Saving-Investment Balance Evolve?" World Bank Policy Research Working Paper 3958, y (con Jianwu He) "Rebalancing China`s Economy-Modelling a Policy Package". World Bank China Research Paper No. 7.

(2) "Explaining China`s Low Consumption: The Neglected Role of Household Income" por Jahangir Aziz y Li Cui. IMF Working Paper 07/181.

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