Cruje la reciente reforma tributaria

JULIO PREVE FOLLE

Siempre pensé que andado el tiempo de vigencia de la reforma, la percepción cada vez mayor de su injusticia, así como la sensación de agobio en los nuevos contribuyentes por su complejidad, iban a ir lentamente generándole más y más detractores. Pero me equivoqué en los tiempos, porque ese efecto ha sido inmediato. En efecto, habiéndose realizado hasta ahora tan solo un pago de su buque insignia, el Impuesto a la Renta de las Personas Físicas (IRPF), la reforma ha empezado a crujir por todos lados.

En realidad es lógico que sea así. Ya desde el comienzo resultó muy claro que las mayorías con las que se aprobó eran no solo exiguas sino inestables. En su contra estaban el Partido Nacional, el Partido Colorado, las asociaciones de jubilados, las asociaciones de profesionales, el colegio de abogados, de a ratos algunos sindicatos, la clase media, muchos padres de familia, algunas organizaciones sin fines de lucro, varios expertos incluso pertenecientes a las filas del gobierno, las asociaciones gremiales del agro, muchos exportadores, etc. Más aún; reputados especialistas han sostenido nada menos que su inconstitucionalidad. Se han presentado recursos por esta causa, y se anuncian varios mecanismos de recolección de firmas para su derogación, la que ya aparece en una plataforma política presentada por el presidente anterior. Todos sabemos además, que algunos partidos de la coalición de gobierno aprobaron la reforma a regañadientes, esperando su primer tropiezo para dejar al Ministro de Economía y su grupo como únicos responsables de la misma, lo que ya parece instalado así en la consideración pública.

En tan poco tiempo entonces, ya se empiezan a anunciar reformas que contribuyen al caos que todos sentimos cuando queremos saber en definitiva cuánto tendremos que pagar, sin tener que consultar en cada caso a un experto. Es posible que se eleve el mínimo no imponible, quizás se deroguen otros tributos, a lo mejor se incluye al núcleo familiar. No se sabe nada, solo que la reforma va sumando gente en contra a partir de los que por ella se ve que sentían poco entusiasmo: por ejemplo el director de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto, el partido comunista y hasta el propio presidente. Cruje; y va un solo pago.

DIVISIÓN DE LA SOCIEDAD. Yo creo que si hay algo claro respecto de esta reforma es que era absolutamente innecesaria, que responde más bien a un compromiso ideológico autoimpuesto, pero que la sociedad no consideraba para nada a este tema como uno relevante. Es más. Si se parte del supuesto de que todos queremos que el sistema tributario sea justo, y que grave más a los que más pueden pagar, las discusiones tributarias en el fondo no deberían ser otra cosa más que devaneos técnicos más o menos ilustrados sobre el mejor modo de alcanzar aquel objetivo: una discusión en esencia instrumental. Como si los uruguayos no tuviéramos bastantes motivos de división, haber incorporado uno más me parece imperdonable. La verdad que si es mejor un sistema tributario basado en impuestos directos o indirectos, en la renta real o presunta, en el consumo o en la renta personal, me parece un tema en el fondo bastante menor: pueden concebirse sistemas relativamente justos en todos los casos. En definitiva me parece que esta división política que se ha instalado a causa del gobierno le hace mal al país. Yo tengo una preferencia manifiesta que he fundamentado desde estas columnas por los impuestos indirectos, pero en el fondo el tema no debería dar para tanto.

Es como si nos peleáramos por el sistema métrico decimal o por las propiedades físicas del agua: una insensatez.

ATAQUE A LA FAMILIA. Este sí es un tema imposible de pasar por alto. Esta reforma no solo hace tributar más las rentas del trabajo que las de capital, sino que no reconoce la existencia de hijos, la constitución del núcleo familiar, en definitiva las deducciones de renta necesarias para sacar adelante un país vacío, con apenas tres millones de habitantes. O que un padre de familia numerosa, exclusivamente con ingresos salariales o de honorarios, termine pagando más que un solterón dedicado a disfrutar de algunas rentas de alquileres o depósitos. Como padre uruguayo debo confesar mi perplejidad.

Pero hay algo peor; se ha señalado que hay dificultades prácticas para considerar las deducciones por núcleo familiar, que con el tiempo se tomarán en cuenta. Precisamente ésta es toda un definición de prioridades: primero lo instrumental, después la justicia para las familias. Se trata de un orden de precedencia que califica no a los impuestos directos o a los impuestos a la renta. Nada de eso; lo que se califica es al sistema de valores implícito, nada más ni nada menos.

SENCILLEZ. Agravia a la inteligencia de los uruguayos afirmar que el nuevo sistema es más sencillo solo porque se compone de menos impuestos, sin considerar cómo se liquidan los nuevos y sobre todo cómo se administran. Leía hace unos días que el sistema va ya en trescientos ochenta artículos, con anuncios por parte del gobierno de cambios para fin de año. Es una barbaridad, pero eso no es todo. Da pena, verdaderamente da pena, recorrer la prensa viendo cómo se realizan cursos para contadores, demostrándose así que liquidar impuestos no solo se ha convertido en un tema de profesionales sino incluso de especialistas. Es una situación que discriminará a los contribuyentes y a sus profesionales en función de quién es capaz de encontrar el mejor modo de pagar menos. Se reinstala así el deporte por llamarlo de alguna manera de cómo tributar: de un lado la gente y sus profesionales, de otro una Dirección General Impositiva hipertrofiada a causa de sus nuevos roles. Estos la van metiendo cada vez más en nuestras vidas privadas, haciéndola cada vez más policíaca, divorciando cada vez más al funcionario de la gente, que somos todos los uruguayos. Ver una administración tributaria con las dimensiones que ha cobrado la nuestra no solo asusta, sino que califica a la propia reforma. Un sistema que requiere de esta policía, que a lo mejor se tolera en otras latitudes, es inaceptable aquí y me hace valorar cada vez más a los impuestos indirectos.

EMPRESAS Y CONSUMIDORES. Se ha señalado que las reformas alientan la inversión y no es así. En el mejor de los casos, tanto para empresas agropecuarias como

industriales y comerciales, a lo mejor hay un efecto neutro. Pero rápidamente desaparece en el conjunto de ataques a la empresa privada que estamos viviendo y que bien se listaron al visitante norteamericano de la semana pasada: los desbordes sindicales, los ataques al derecho de propiedad incluso con ocupaciones, la inexistencia de política exterior, un gasto público en crecimiento, un retraso cambiario con algo de causas ajenas pero mucho de culpas propias, todas ellas son acciones más importantes para el clima de inversión y negocios que cualquier referencia tributaria. Y en cuanto al consumidor también parece algo increíble que por este lado se defienda la reforma al haberse derogado el Cofis y reducido en un punto el IVA. Técnicamente sabemos que una rebaja tributaria no implica, a menos que la policía de precios se imponga, que deba bajar el precio del bien gravado. Ello depende de las estructuras de mercado, de la oferta y la demanda de ese bien en cada momento. Además, cuando la inflación se encamina a los dos dígitos, en momentos en los que por razones ajenas al gobierno en algunos alimentos pero debidas a él en otros, los precios se van para arriba, recordar al consumidor por un par de puntos que se le trasladan o no, resulta un argumento muy débil.

RECAUDACIÓN. Finalmente me parecen impresionantes las reflexiones sobre la recaudación. Distintos opinantes del gobierno están difiriendo no ya sobre algún par de millones de dólares de recaudación, sino también sobre el signo: no se sabe si recauda más o menos, ni ahora ni para fin de año; incluso alguno sostiene que hay que esperar más. No es posible que no conozcamos buenas estimaciones ni que tengamos que aceptar que lo que pase sea fruto del azar; no parece muy responsable todo este manejo según el cual pueden estar pasando cosas no solo diferentes sino opuestas. Y recuerdo que en la cuenta final habrá que agregar también la modificación de la devolución de impuestos, que se había prometido sería de todos ellos, para terminar siéndolo solo de algunos y que arroja un ahorro del orden de los sesenta millones de dólares.

Pero no hay que perder las esperanzas. La reforma cruje apenas incoada. En poco tiempo más aumentará el mínimo no imponible, o bajarán las tasas o aumentarán las exoneraciones, o las familias serán consideradas. Ya va a ser muy tarde para cerrar heridas de una discusión en un tema que debió ser instrumental, como elegir el quilómetro o la milla para medir la pista de Maroñas.

Pero a lo mejor el sistema queda algo más justo y al final capaz que incoloro, inodoro e insípido; como las propiedades físicas del agua.

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