En el año móvil cerrado a julio, las cuentas del sector público estuvieron prácticamente equilibradas. En dicho período el gobierno registró un leve superávit equivalente al 0,05% del PIB.
Este resultado es consecuencia de un superávit primario equivalente al 4,13% del producto y pagos de intereses por aproximadamente 4,08%.
Para tomar como referencia, el gobierno había programado para el año un déficit del 0,4% del PIB generado por un superávit primario del 3,8% e intereses del 4,2% del producto.
El resultado primario, mejor al esperado, responde a las empresas públicas, fundamentalmente Ancap, cuyo manejo de stocks ha estado por debajo del planificado. Sin embargo, el MEF ha anunciado que ello se irá normalizando a lo largo del año y que el saldo de las cuentas públicas al cierre del 2007 se ubicará en los niveles estimados.
Tampoco hay que olvidar la incidencia del ciclo económico, que repercute favorablemente en la recaudación. Si bien en las últimas semanas los mercados financieros internacionales mostraron algunas turbulencias, su impacto en el sector real aun es difícil de discernir, pero en todo caso no habrá de sentirse en el futuro inmediato, al menos hasta entrado el próximo año.
En el caso de los intereses, el menor pago relativo responde a un efecto coyuntural que mejoró transitoriamente la cuenta a pagar en los primeros meses del año. Concretamente, se trata del canje de deuda en el mercado internacional y la cancelación de obligaciones con organismos internacionales, que han modificado los vencimientos y la fecha de desembolso de intereses. Además hay que tener en cuenta la evolución del tipo de cambio, que en lo que va del año se ha apreciado, factor que influye positivamente dado que la mayor parte de la deuda está denominada en moneda extranjera.
EGRESOS. Pero más allá de fenómenos coyunturales, hay una decisión política de alcanzar un resultado primario en el entorno del 4% del PIB, y en tal sentido el manejo del gasto global ha estado en consonancia.
En el Gráfico Nº 1 se observa que partiendo del año 2006, para considerar el período en el que rige el Presupuesto de la actual administración, los egresos primarios corrientes del Gobierno Central consolidado (incluido el BPS) se han situado en torno al 22,7% del producto. El salto que se observa en marzo del presente año se debe al doble pago de salarios, pasividades en dicho mes para anticipar el feriado de la semana de turismo que coincidió con el inicio de abril, situación que se corrigió en los meses siguientes.
Pero que la participación de los egresos no haya sufrido mayores variaciones no quiere decir que su composición no se haya visto alterada. Por el contrario, la estructura del gasto ha sufrido variaciones de importancia.
PASIVIDADES. Comencemos por la seguridad social, el rubro más importante, ya que la mayor parte del ajuste del gasto público en los últimos años tiene aquí su explicación. En efecto, si se comparan los egresos primarios totales actuales con los vigentes en el año 2000, se constata que cayeron en el equivalente a 5,5 puntos del PIB. Las pasividades contribuyeron con 3,7 puntos a esa reducción.
Estas erogaciones vienen perdiendo peso relativo desde el año 2002 (ver Gráfico Nº 2). La razón no es otra que el desplome que sufrieron entonces los salarios reales, variable en función de la cual se ajustan las pasividades en virtud de la Reforma Constitucional del año 1989. Si bien a partir del año 2004 las remuneraciones reales de los trabajadores comenzaron a recuperarse, aún se encuentran por debajo de aquellos niveles.
Por cierto que no todo el ajuste en el gasto de las pasividades responde a la pérdida del poder adquisitivo de los salarios. Transcurridos diez años de la reforma del sistema previsional, sus efectos ya han comenzado a sentirse.
Uno de las variables que más preocupa a la población, y también al gobierno, es la inflación, que se está acelerando. Además de las razones obvias que el aumento de precios tiene en el bolsillo de la gente, y las confusas señales que en materia de precios relativos se trasmiten al mercado, lo que desalienta la inversión, el aumento de la inflación puede llegar a incidir indirectamente en las pasividades, y con ello en el gasto público.
Por mandato constitucional, las pasividades no sólo se deben ajustar en función del Índice Medio de Salarios (IMS), sino que la oportunidad en que ello ocurra será al momento en que se aumenten las remuneraciones en el sector público.
En la medida que la inflación acumulada en los últimos doce meses no supere el 10%, los salarios de la Administración Central se ajustan una vez al año, en enero. Si supera ese límite los ajusten serán semestrales. Si así aconteciera, las pasividades también aumentarían cada seis meses.
Por lo pronto el gobierno mantiene en línea las remuneraciones, que en términos del producto se mantienen relativamente estables. Pero si la inflación no cede, difícilmente en el sector privado se pueda resistir las presiones de los trabajadores reclamando mayores salarios, lo que impulsará al alza al IMS y con ello las pasividades. Otro aspecto más para preocuparse por la aceleración del IPC.
GASTOS. Que las pasividades pierdan peso relativo y las remuneraciones permanezcan estables (en términos del PIB), significa que para que los egresos totales no cambien otros rubros deben aumentar. Esos componentes son los gastos no personales y las transferencias.
Desde la entrada en vigencia del presupuesto de la actual Administración, el gasto ha aumentado a un ritmo superior al del producto, tal cual se puede apreciar en el Gráfico Nº 3. A los efectos de hacer una comparación realista, se corrigió el efecto del doble pago de gastos en el pasado mes de marzo.
El Plan de Emergencia explica buena parte de ese aumento, pero también contribuyeron las erogaciones de la Administración Central, que hasta el primer trimestre del presente año siempre crecieron a un ritmo superior que el producto. No así el gasto en educación, que durante el 2006 se redujo en términos reales, situación que se revirtió en el primer trimestre del presente ejercicio.
Este es un aspecto muy importante: que el gasto suba a ese ritmo es inconsistente con una meta de inflación descendente; por el contrario es otro de los factores que contribuye a acelerarla a través de los pesos que se inyectan al mercado por esas operaciones, y el impacto que ello genera en la demanda.
No hay que olvidar tampoco las implicancias que ese aumento pueda tener en el resultado fiscal en caso de revertirse el ciclo económico, máxime cuando el gobierno ha comprometido un aumento importante del gasto para el año próximo.
En los últimos meses, seguramente ante el aumento del IPC superior al previsto, se revirtió la tendencia del gasto, al punto tal que en los últimos tres meses a julio presentó un descenso de 4,9% en relación a igual período del 2006.
Las transferencias siguen una evolución muy parecida a la de los gastos personales, creciendo a un ritmo superior al del PIB, con la diferencia que no revirtieron su tendencia en el último trimestre y continuaron aumentando. Aquí se destacan sobremanera una serie de erogaciones que están en la órbita del BPS, concretamente las asignaciones familiares y los seguros de enfermedad y de desempleo, cuya evolución en términos del producto se muestra en el Gráfico Nº 4. La propia característica de estos programas, fundamentalmente en el caso de las asignaciones familiares y el seguro de desempleo, determina que su expansión también impacte en la demanda interna, e indirectamente a través de esta vía en el IPC.