Las Olimpíadas 2008 avanzan hacia una gran decepción

| China debe aceptar la politización de los Juegos y no presionar a la prensa, para no empeorar las cosas

WILLIAM PESEK | BLOOMBERG

He aquí una pregunta antagonista con relación a las Olimpíadas 2008 en Pekín: ¿A quién le importan?

Seguro, es un gran acontecimiento: los medios nos lo dicen. Faltando un año somos bombardeados por artículos de cuenta regresiva sobre que acontecimiento grandioso e histórico será: masivos proyectos de construcción, un ejército de periodistas extranjeros, un magnífico espectáculo dirigido por Steven Spielberg y, ah sí, algunos actos deportivos.

China ve los juegos como una fiesta de presentación en sociedad, una exhibición de su creciente talla de potencia mundial. Los críticos los ven como la oportunidad perfecta para empujar a China a una mayor apertura, más tolerancia para el disenso y para que se convierta en mejor ciudadano del mundo.

Todas las partes podrían tener que acostumbrarse a las decepciones. Las Olimpíadas podrían no dar como resultado nada de lo anterior.

En primer lugar, excepto alguien que haya vivido en una cueva por los últimos diez años, ¿quién piensa realmente que China necesita una fiesta de presentación en sociedad?

Para gente de negocios e inversores, China se está convirtiendo en el centro de su mundo. Pregúntele, simplemente, a la periodista Sara Bongiorni, de Baton Rouge, estado de Luisiana, cuyo reciente libro "A Year Without `Made in China´" ("Un año sin `Hecho en China´") demuestra la futilidad de existir sin productos chinos.

SUFICIENTES ALABANZAS. Esta no es una crítica al rápidamente creciente papel de China en la economía global, sino solo un recordatorio de que la nación de 1.300 millones de personas apenas si necesita más atención o alabanzas de los inversores, periodistas o comentaristas sociales. Una fiesta de presentación en sociedad para China sería un hito tan significativo como que Japón súbitamente anunciara que fabrica automóviles.

Los críticos también deben bajar sus expectativas. La forma en que muchos observan a China es semejante a la de unos padres ansiosos mirando fijamente a su bebé a la espera de que se pare y atraviese caminando la sala. Para bien o para mal, el sistema político chino en 2009 probablemente se parezca mucho al de 2007.

Los activistas deberían usar las Olimpíadas para incomodar a China. Si el Partido Comunista insiste seriamente con su consigna "Un mundo, un sueño", será atacado por sus políticas hacia el Tíbet y Taiwán y por la creciente brecha entre pobres y ricos en China.

"OLIMPÍADAS GENOCIDAS". Sudán es otro tema. China encuentra crecientemente difícil ocultar el hecho de que, en su búsqueda de energía, está contribuyendo a fortalecer algunos regímenes africanos mal intencionados. De ahí la campaña de la actriz Mia Farrow y otros para denominar los juegos del año próximo "Olimpíadas genocidas" Está funcionando: una búsqueda de la expresión en inglés "China, Genocide Olympics" en Google produjo 1,2 millones de artículos.

Las cosas solo van a empeorar, en particular si China trata de controlar más aún los medios. Los chinos continentales generalmente no pueden buscar en Internet noticias sobre protestas contra Pekín 2008 y los múltiples llamados a un boicot. Ese es también un problema económico. ¿Cómo una nación que necesita más emprendimientos les da poder a los innovadores al tiempo que controla el flujo de información?

China debe aceptar asimismo la politización de los Juegos. Si se celebraran en Estados Unidos, las protestas contra la guerra en Irak estarían en todas partes. Como vio el mundo en Berlín 1936 (propaganda de Adolf Hitler), Helsinki 1952 (inicio de la Guerra Fría), Melbourne 1956 (boicots), Ciudad de México 1968 (el saludo del "Black Power"), Munich 1972 (atletas israelíes asesinados), Montreal 1976 (China logró impedir que Taiwán compitiera), Moscú 1980 (boicots), Los Ángeles 1984 (boicots), los Juegos SON políticos.

NO ES UNA PANACEA. Los atletas a menudo no lo son. ¿Arriesgarán los deportistas olímpicos -que esperan capitalizar sus logros en Pekín- irritar a los patrocinadores empresariales para intentar humillar a China? Algunos podrían hacerlo; la mayoría, probablemente, no. Lo mismo vale para las compañías que desembolsan grandes sumas para promover el evento.

Es revelador que hasta Jacques Rogge, presidente del Comité Olímpico Internacional, haya dicho repetidas veces que los Juegos de Pekín "solo pueden ser un catalizador para el cambio, no una panacea".

Dada la magnitud de las necesidades chinas de desarrollo, las chances tienden a favorecer un lento avance hacia las libertades personales en la nación más populosa del mundo. La política monetaria de China por sí sola muestra cuánto les importa la estabilidad a los jerarcas del Partido Comunista. Un yuan más fuerte frenaría las presiones inflacionarias y les daría a los estrategas mayor control sobre el crecimiento. Aun así, se considera más importante crear empleos para las masas, sin mecer el barco.

ESTABILIDAD ES LA CLAVE. La estabilidad y el control serán tan importantes para China de aquí a un año como lo fueron un año atrás. Tal vez, hasta más, conforme el empeoramiento de la contaminación desestabiliza la China rural y se amplía la brecha de la riqueza en la nación. Asimismo, la crisis de la calidad china podría conducir a una incluso menor libertad de prensa.

La medida que tomó recientemente Mattel Inc., el mayor fabricante de juguetes del mundo, de retirar 18,2 millones de productos fabricados en China nos recuerda que este es un problema creciente y potencialmente devastador para la economía. Lo último que quiere China son periodistas, nacionales o extranjeros, tratando de revelar nuevos ejemplos de productos falsificados, defectuosos o contaminados a diario.

Los Juegos duran un par de semanas y se celebran cada cuatro años. Puede ser una gran cosa que tengan lugar en China, aunque no tan grande como muchos pretenden.

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