"Miles de millones de dólares se invierten en el sector de biocombustibles. Los altos precios de hidrocarburos y el apoyo de varios gobiernos deparan al sector márgenes saludables y recuperación de inversiones en lapsos relativamente cortos. Entretanto, algunos éxitos iniciales y el potencial de crecimiento atraen a compañías petroleras, agroindustriales y de ingeniería", señala un informe de la consultora McKinsey.
Pero ¿satisfarán los biocombustibles las expectativas creadas? Eso depende de cómo evolucionen los precios del petróleo más otras tres variables: costo y disponibilidad de los insumos, regulaciones gubernamentales y técnicas de conversión. El primer factor varía enormemente de región en región y puede cambiar mucho en años venideros. A su vez, un país suele alterar las normas para acompañar cambios en prioridades, clima, seguridad energética y desarrollo. Por lo pronto, ya hay marcadas diferencias entre biocombustibles según eficiencia, costos y potencial energético. Nuevas técnicas conversoras las acentuarán. Por otro lado, las decisiones sobre dónde producir y cómo distribuir tendrán implicancias en la factibilidad del negocio. Así pues, entre tantas incertidumbres ¿por qué entrar ya mismo? En muchos sectores básicos suelen imponerse los que llegan al final, en el piso de la curva de costos, con tecnologías más avanzadas y eficaces. Sin embargo, esperar puede ser costoso por el creciente valor de la tierra y otros recursos esenciales.
Quienes incursionen en biocombustibles deben considerar distintas formas de neutralizar riesgos y cada una entrañará disyuntivas propias. Diversificar geografías y técnicas puede complicar las cosas, pero ayuda a definir puntos de equilibrio. La integración vertical puede ser clave.
TÉCNICAS. Hasta no hace mucho, la industria de biocombustibles era bastante simple. En general, los productores utilizaban técnicas probadas y apelaban a insumos locales para abastecer al mercado propio con sólo dos combustibles: etanol proveniente de almidón de maíz, en Norteamérica, o caña de azúcar en Argentina y Brasil; y biodiesel originado en aceite de colza en Europa. Ahora aumenta la demanda global y las empresas se lanzan a producir en una multiplicidad de regiones.
En algunos segmentos, los factores fundamentales varían geográficamente, por lo cual las empresas combinan locaciones. En el caso de los biocombustibles, se da una dinámica peculiar, a menudo interconexa y casi siempre incierta. Dos factores -costos de insumos y normas oficiales- son críticos. Por su parte, las técnicas conversoras irán influyendo en los costos de producción a medida que procesos más complejos lleguen a la escala comercial.
Los insumos representan entre 50% y 80% de los costos totales, por lo cual sus precios tienen vastos efectos sobre las utilidades. Por ejemplo, en Estados Unidos cada dólar de alza en el precio del maíz eleva US$ 0.09 por litro el costo del etanol y reduce un 20% los márgenes de ganancia. Varios tipos de biomasa pueden emplearse como insumos y sus costos varían apreciablemente en cada región. El azúcar de caña brasileño fermentado cuesta menos de la mitad que el de remolacha que se obtiene en Europa.
El aumento de la demanda amenaza tanto los costos como la disponibilidad de insumos. Entre 2003 y 2006, la proporción de maíz estadounidense dedicado a producir etanol pasó del 12% al 16%. No obstante, el año pasado Washington fijó la meta de 135 millones de metros cúbicos anuales para uso de combustibles alternativos hacia 2017. Para cubrir sólo la mitad de ese volumen será preciso desviar hacia el etanol el 40% de la cosecha maicera prevista para entonces. Por eso, el precio del cereal pasó de US$ 0.67 el metro cúbico en 2005 a US$ 2.41 en 2006 y este año ha superado varias veces los US$ 4.00.
Otras eventuales secuelas no deseadas de tanta demanda pueden provocar violentas reacciones sociales, como la acaecida en México, cuando el precio de las tortillas, que integran la dieta popular, se fue por las nubes. ¿Por qué? Porque la producción de etanol provocaba escasez y carestía de alimentos con base en el maíz.
REGULACIONES. Los subsidios, los aranceles a la importación y otras normas regulatorias suelen promover demanda y rentabilidad en el sector. Dado que las políticas gubernamentales respecto de los biocombustibles recién han empezado a evolucionar, sus marcos son fluidos y fuente de incertidumbres. Bajar subsidios puede reducir ganancias. En Alemania un costo de producción de US$ 0.75 por litro de biodiesel más un subsidio de US$ 0.47 permitían a los productores ganar US$ 0.11 en 2006. Tanta ventaja fue notada por Berlín, que lanzó un programa para eliminar la prebenda entre 2007 y 2012.
En su lugar habrá mezclas obligatorias, o sea porcentajes de combustible convencional que los usuarios deberán reemplazar con biodiesel en el carburante final. Estas mezclas garantizan a los productores un determinado nivel de ventas. Pero la eliminación de subsidios y el hecho de que la oferta seguramente excederá la demanda obligatoria deprimirá márgenes en el corto plazo. En semejante mercado, las empresas generarán retornos atractivos recién cuando la curva de costos se torne abrupta y los productores baratos operen bajo el "paraguas de precios" abierto por los de costos mayores. Dado que el aceite vegetal, en sí un producto primario, representa un 80% del costo final, su curva es más suave.
AUTOS. Sea como fuere, los efectos de las mezclas obligatorias distan de ser claros. Las autoridades federales estadounidenses podrían establecer mínimos de 10% de etanol -máximo tolerable para los actuales motores- hasta 85%, pico aceptable para vehículos de combustión flexible. Este tipo de sistemas elevará la demanda de biomasa, pero obrará en distintas formas sobre fabricantes de etanol y otros sectores, como la industria automotriz. Debe recordarse que sus actores tradicionales en Norteamérica viven una crisis propia que demorará cambios tecnológicas vinculados a biocombustibles o motores mixtos.
Por el momento, las automotrices siguen ofreciendo vehículos convencionales. Sin embargo, algunas -por ejemplo, Toyota- proyectan motores aptos para biocombustibles de alta concentración. Por supuesto, sus políticas en la materia afectarán las decisiones en otras áreas; como ser vehículos híbridos o a células de hidrógeno.
Fuente: Revista Mercado (República Argentina)