JORGE CAUMONT
En el combate a la inflación es mucha la confusión que reina en estos momentos. Desde el ámbito de las autoridades económicas se atribuye el movimiento ascendente de todos los precios a la influencia de los precios externos que, equivocadamente, se asimilan a un "choque de oferta". Esa explicación se refuerza señalando que la inclemencia del tiempo ha afectado los precios de algunos productos del agro. Es por ello que se reitera que la "inflación está controlada", seguramente porque la primera de las causas constituye un efecto por una única vez que puede ceder. Y es porque también se espera que la inclemencia climática no se extenderá y al retornar la normalidad, los precios de los productos del agro descenderán. Desde el ámbito de los analistas privados se comparten esas ideas, algo que refleja su estimación de inflación para los próximos doce meses -agosto 07-julio08- en que se aguarda que los precios aumenten 5.91%, registro consistente con la meta oficial.
Autoridades y analistas, en promedio, tienen la misma percepción: la inflación de los últimos meses, pese al aliciente de la disminución de los impuestos al consumo dispuesta por la reforma tributaria, ha sido superior a la esperada por las razones indicadas. Se trata de un tropiezo que no nos hará caer.
INFLACIÓN GLOBAL. Los aumentos de precios internacionales de algunos productos relevantes, como los agrícolas, el del petróleo y otros por el estilo, no han golpeado solamente a Uruguay. Han sido recibidos por todos los países del mundo. Sin embargo, ellos sólo son indicados como generadores de inflación en nuestro país. Si observamos lo que ha ocurrido en Chile, en Brasil, en Perú, en Ecuador y en otros países latinoamericanos así como también en los países desarrollados, vemos que si bien pueden explicar un impacto sobre el nivel general de precios de esas naciones, ese golpe no ha sido tan marcado como en nuestro país. Y no es porque aquí el peso de los alimentos, del petróleo y de otros bienes sea mayor. Es que las políticas monetaria, fiscal y cambiaria en conjunto con la laboral, para frenar esos aumentos de precios, han sido relativamente más rígidas que en Uruguay, en particular la política monetaria.
Si no son, entonces, los aumentos de precios internacionales y la inclemencia climática las causas del crecimiento de los precios y sí la combinación de políticas macroeconómicas la que hace la diferencia entre los registros en esas naciones y en la nuestra, ¿cómo debería ser esa combinación en Uruguay para que los precios no suban?
LO PREVIO. Antes de ir a una respuesta tentativa es conveniente indicar que la respuesta no pasa por algunos de los esfuerzos que buscan velar por el poder de compra de la población pero que en lugar de resolverlo, agravan el problema. También indicar que hay una respuesta oficial que no convence, al menos con la información disponible proporcionada por las propias autoridades o por las dependencias que ellas dirigen.
Es loable la intención de frenar precios negociando con los oferentes de productos importantes en la canasta familiar, como la carne, sus sustitutivos (pollo, etc.), los lácteos y los productos derivados del trigo. Incluso puede ser entendible, aunque de ninguna manera compartible por inconveniente, alguna propuesta de exaltados legisladores que, lisa y llanamente, claman por algo muy cercano al control de precios. O el esfuerzo de la central de trabajadores por "vigilar" -esperemos que no más que para informar a la población- algunos precios. Todos esos intentos culminan con algo que todos conocemos pero que parece que no recordamos: escasez y disminución de calidad. La realidad nos golpea con esos resultados toda vez que el precio de un producto se controla para mantenerlo por debajo de su precio de equilibrio, de su verdadero valor. Lo que no es de ninguna manera aceptable y además es incomprensible, es la incitación a manifestar con activistas ante negocios instalados y cumplidores de obligaciones fiscales y de otra naturaleza, para denunciar apartamientos de lo que es la voluntad de alguien que puede estar, y seguramente lo está, equivocado. El mercado, si es que se desea que siga funcionando, trabaja de ese modo, pese a quien le pese. Su lógica es perfecta. Si el precio de un bien se encuentra por debajo de su verdadero valor, la cantidad demandada será mayor que la cantidad ofrecida y su diferencia marca la escasez. Para ofrecer a ese precio, los productores se las ingeniarán para cumplir con su promesa sin descuidar su negocio lo cual lleva, ineludiblemente, a bajar la calidad del producto, a ofrecer, en definitiva, otro producto. Con esos resultados a la vista, algunos por razones políticas o porque no saben de esa lógica, justifican el fracaso de su iniciativa culpando a los malos productores, a su "especulación", palabra mal usada pero que, en nuestro país, se asimila a la del comerciante que espera a su cliente con el "hacha en la mano".
Desde el ámbito de las autoridades económicas se ha comunicado a la población que para mantener su rango meta de inflación, se apelaría a una mayor rigidez de la política monetaria. Ello contribuye a frenar a la inflación ya que restringiría con aumentos de la tasa de interés, los "choques de aumento de demanda", y bajaría la intención de consumir y de invertir del sector privado. Desde fines de abril el Banco Central ha estado indicando que su operador monetario -los medios de pago-, subiría a un ritmo de 9% anual en lugar del anterior de 15%. La información disponible, originada en el propio BCU, muestra que en los dos meses siguientes a abril, la expansión anualizada de los medios de pago ha sido superior al 31%. Asimismo muestra que la base monetaria, ha crecido en el segundo trimestre, sobre abril, en promedio, a un ritmo anual de 21,5%. Ambos datos desacreditan la aseveración de las autoridades sobre la restricción monetaria que realizarían para frenar a la inflación. Así como no debe extrañar el alto crecimiento de los precios en julio, dado lo expansivo del operador monetario en los meses anteriores, tampoco debe extrañar si la inflación se mantiene en alza. Un aumento que será acelerado por los mecanismos de indexación que existen en la economía y que más tarde o más temprano son validados desde el Banco Central manteniendo la expansión de la cantidad de dinero.
LA RESPUESTA. Manteniendo la combinación actual de políticas fiscal, monetaria-cambiaria y laboral, será difícil bajar el ritmo de aumento de los precios. Para lograrlo y volver a estar dentro del rango objetivo, no hay salida que no contemple una sensible reducción de la expansión de los medios de pago, más severa que la señalada por la autoridad monetaria. Ello traería subas más pronunciadas en la tasa de interés, aquietamiento de la economía e ingresos de capitales que apreciarían la moneda local y abatirían aún más la competitividad de los productores de bienes exportables y de los que sustituyen importaciones. Por ello, la política fiscal debe ser también mucho más restrictiva para, en primer lugar, no agregar presiones inflacionarias por el lado de la demanda agregada y, en segundo término, para generar un superávit que al utilizarlo en el mercado de cambios, evite una mayor apreciación del peso. La desindexación de los salarios a la inflación es otro elemento que debe componer el conjunto de políticas para que tengan éxito en el abatimiento inflacionario.
Seguramente se discrepará con la propuesta, tanto a nivel de la conducción económica como a otros niveles. Pero esa discrepancia no puede ser técnica. Será de naturaleza política: no se deseará aquietar el ritmo de expansión monetaria para evitar presiones bajistas sobre la demanda agregada y el crecimiento económico; no se deseará modificar la política salarial, muy alabada por el Ministro de Economía, para no enfrentar más problemas sindicales, y no se querrá apretar el presupuesto y generar el superávit comentado para no sufrir las presiones que se vivieran en ocasión de la discusión de la Rendición de Cuentas. Entonces, como en definitiva no habrá voluntad de incursionar en esa combinación de acciones, no podemos aguardar que solamente la baja del tipo de cambio frene a la inflación y, peor aún, que ello no traiga problemas en el nivel de actividad de algún trimestre cercano.