La politización de los números

JULIO PREVE FOLLE

El pasado miércoles 18 de julio, el País tituló un artículo así: "Reintegros deberían ser todavía menores". La afirmación, que mucho mal le hace a la consideración pública de temas complejos, procede de un informe inexacto y tendencioso producido por Opypa, contribuyente en grado sumo no solo a la confusión general sino a la politización de temas técnicos, nivel que no debió trasponer esa oficina, so pena de continuar perdiendo su credibilidad profesional.

LA VERSIÓN OFICIAL. El Ministerio de Economía a través de diversos voceros ha sostenido que el nuevo régimen de devolución de impuestos indirectos, procede de una voluntad de ajustarse a cambios ocurridos en la economía tributaria desde 1994 hasta ahora, y que se subraya la voluntad de adecuar la devolución a lo que técnicamente corresponde. Esta afirmación entraña de por sí un juicio de valor, como si el régimen anterior fuera un desorden devenido en prebendas o subsidios encubiertos, o como si el actual respondiera a una verdad técnicamente inobjetable. Y no es así en absoluto: el régimen actual está fuertemente politizado, tanto como el informe, como se verá. Éste además adopta una especie de tono paternalista al señalar que la devolución finalmente acordada fue todavía mayor a la que hubiera correspondido. A la que hubiera correspondido -cabe agregar- según ese enfoque político. Por cierto me apresuro a señalar que no molesta que el gobierno resuelva devolver un determinado porcentaje u otro; lo que no resulta fácilmente aceptable es que se señale que eso procede de una especie de verdad técnica indiscutible, única, y que lo que terminó otorgando es una especie de favor porque hubiera correspondido aún menos.

LAS DECISIONES POLÍTICAS. Una primera afirmación obvia para cualquiera que maneja profesionalmente estos temas, es que no hay una única forma técnicamente aceptable de calcular las devoluciones. Hay varias. Sobre todo porque antes de calcular hay que tomar algunas decisiones de carácter político muy relevantes y que descartan por completo el bíblico "le hubiera correspondido" del comienzo como solución única. Por ejemplo, una primera decisión política que tiendo a compartir es la no devolución a la exportación de materias primas; es ésta una decisión absolutamente política. Técnicamente podría defenderse de modo inobjetable perfectamente lo contrario y ello cambiaría el universo de productos alcanzados por el nuevo régimen.

Pero donde reside la peor inexactitud, la mayor fuente de error, el peor mensaje de confusión para la gente común, es en la selección de impuestos indirectos a devolver. El gobierno ha resuelto no devolver una cantidad de impuestos inobjetablemente indirectos como han afirmado connotados tributaristas, y lo ha hecho esgrimiendo criterios muy lejanos a razones técnicas. Es más; se ha preferido no tomar en consideración una sentencia externa, inobjetable, como lo es la definición de impuestos indirectos que refiere la OMC cuando señala:

Por "impuestos indirectos" se entenderán los impuestos sobre las ventas, el consumo, el volumen de negocio, el valor añadido, las franquicias, el timbre, las transmisiones y las exis tencias y equipos, los ajustes fiscales en la frontera y los demás impuestos distintos de los impuestos directos y las cargas a la importación. (Anexo I del Acuerdo sobre Subvenciones, nota al pie número 2, literal e).

Es así que al leer el trabajo citado de Opypa, se advierte que no se ha considerado el Imeba, incuestionablemente indirecto, que el IVA no deducible en lo que refiere a la pecuaria tiene un tope absolutamente exiguo, y que se acepta la devolución de algunos impuestos a las ventas con destino específico (LATU, FIS) pero otros no, sin sentir la menor obligación de coherencia. En efecto, el criterio de devolución ha dejado de ser si el impuesto es o no indirecto sino si, a juicio de la administración, es útil lo recaudado al sector que lo paga o no lo es, más allá de la opinión del propio sector involucrado. Esto explica que se devuelva el tributo destinado al LATU, considerado inútil por la administración, y no el destinado al SUL o a INAC a los que juzga mejor; en cuanto al FIS (Fondo de Inspección Sanitaria) resolvió devolver una parte, la que excede a lo que gastan los veterinarios oficiales. Así como es grande el error al no considerar indirectos los impuestos a las ventas, más grande es la incoherencia cuando se juzga de modo distinto idénticos impuestos con destino específico, según la bondad subjetiva de las instituciones que financian.

Volviendo a la afirmación del comienzo, traducida además en una tarifa plana como si todos los rubros estuvieran en igual situación, yo afirmo, después de haber revisado puntillosamente muchos cálculos, exactamente lo contrario: para los rubros pecuarios la devolución decretada es muchísimo menor de la que hubiera correspondido. En los rubros de base agrícola no me animo a afirmar nada. Es más; puede ser que correspondiera un descenso ya que la productividad se ha duplicado, y los impuestos a devolver se calculan por hectárea cultivada, para luego dividir el resultado por el rendimiento logrado por hectárea. Además, la siembra directa ha reducido el consumo de gas oil, insumo rico en impuestos indirectos.

Pero lo que debe quedar claro es que no hay un "hubiera correspondido" derivado de consideraciones técnicas. Hay sí un juicio del gobierno basado en todo caso en razones de oportunidad y conveniencia para rebajar los reintegros, y destinar el ahorro a otras políticas.

LA OPORTUNIDAD. Es difícil admitir que si no fuera por este nuevo recálculo salvador, el nuestro era un país que subsidiaba sus exportaciones, y que gracias a esta nueva situación queda ahora defendido de eventuales reacciones por prácticas desleales de comercio. Esto no es así y da pena tener que aclararlo. Como parece insólito que en el momento de mayor presión de la demanda internacional para importar nuestras materias primas, se toque un régimen en el sentido de introducir tensión en todas las cadenas, a partir de una medida que no beneficia a nadie; ni siquiera a doña Ramona y Don Fermín, porque el ahorro se destinará a la innovación, a la reconversión, etc. En efecto, hay que advertir que están creciendo la exportación de lana sucia, la de cueros sin elaborar, la de ganado en pie; y la verdad es que ni siquiera deseo nombrar las medidas a las que podría apelar este gobierno si la tendencia, alentada por la rebaja en los reintegros, se acentuara como es fácil prever que podría ocurrir.

No me quiero olvidar tampoco de la opinión del Dr. Gonzalo Ramírez recogida en este suplemento el 2 de este mes cuando fundamentó a partir de La ley 16.492 que origina este sistema, que el gobierno no puede tomar un definición de impuestos indirectos diferente a la de la Organización Mundial del Comercio, y de esta forma retacear las devoluciones por ejemplo de los impuestos a las ventas. No hace falta ser muy zahorí para advertir que toda una generación de reclamos se vendrá contra el decreto cuyos cambios empiezan a regir a partir del 1º de octubre.

En definitiva el gobierno, por razones de oportunidad y conveniencia que ha juzgado mejores que la opción contraria resolvió, al menos en los rubros pecuarios, no devolver lo que técnicamente correspondía. Y punto.

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