WILLIAM PESEK | BLOOMBERG
Hazte a un lado, Fráncfort. Olvídense también de París, Los Ángeles y Toronto. Las ciudades asiáticas están superando a cada una de estas metrópolis como centros de negocios mundiales.
Tokio, por ejemplo, tomó el tercer puesto detrás de Londres y Nueva York, según el Índice Mundial de Centros de Comercio de MasterCard. Aún más importante, Asia tuvo cuatro ciudades entre las diez primeras, el mejor desempeño de región alguna. Europa y Estados Unidos tuvieron sendos tríos.
A los diez años de la crisis asiática, el auge de los mercados está haciendo que el capital vuelva a la región. Junto con las mejoras de los sistemas financieros, la construcción de modernas carreteras, aeropuertos, redes eléctricas y rascacielos está produciendo beneficios.
Debí haber dicho rascacielos sin precedentes. En tanto ciudades como Shanghai, Taipei y Seúl pugnan por tener la torre más elevada del mundo, otras como Tokio están experimentando auges de construcción como pocas en la historia moderna. ¡Qué importa el peligro de los terremotos!; en Japón parecen abrir un nuevo rascacielos cada semana.
Hay que hacer una aclaración. No basta con tener ciudades ostentosas para garantizarse un papel decisivo en la economía mundial. Es igual de importante que las urbes aspirantes a capitales financieras tengan asimismo los armazones bursátiles, jurídicos y políticos necesarios.
Tomemos el caso de Tokio. Si bien aventaja con mucho a los otros centros financieros importantes del Asia -Hong Kong, Singapur y Seúl- Tokio está chocando con una suerte de techo de cristal: un gobierno corporativo deficiente.
GOBERNANZA. "Japón es un país de categoría mundial con la segunda mayor economía, y debería tener un sistema de categoría mundial en materia de finanzas así como de gobierno corporativo", dijo Warren Lichtenstein, que controla la firma Steel Partners Japan Strategic Fund (Offshore) LP, en Tokio. Hasta entonces, dijo que no hay forma de que Tokio se sitúe al nivel de Londres o de Nueva York.
La reforma del sistema financiero japonés emprendida en las postrimerías de los años noventa no produjo la liberalización prevista. Estos días, las páginas financieras de los diarios están repletas de noticias sobre compañías que emplean "píldoras venenosas" para evitar consolidaciones, confusión sobre el entorno en que bancos y casas de corretaje funcionan y escasa transparencia en el ámbito ejecutivo.
Si bien las cosas están cambiando, Taku Yamamoto personifica la creciente sensación de impaciencia que hay en Tokio. Yamamoto dirige el departamento de inversiones de la Asociación de Fondos de Pensiones de Japón, entidad que supervisa acciones y bonos valorados en US$ 107.000 millones, y planea usar las asambleas anuales de accionistas para presionar a las empresas.
"Andamos tras los ejecutivos que no han administrado sus asuntos financieros debidamente", dijo Yamamoto. "Queremos que las compañías aumenten sus rentabilidades globales a largo plazo, sea por unos mayores dividendos, por recompras o por expansiones".
ACTIVISMO. Eso es una buena noticia, claro está. Japón necesita más de ese tipo de activismo de accionistas, y el fenómeno va en aumento, según observadores como Kathy Matsui, estratega jefe de Goldman Sachs (Japan) Securities Ltd.
El gabinete del primer ministro Shinzo Abe está estudiando formas de mejorar las cosas. Kotaro Tamura, el viceministro del Departamento de Servicios Financieros de Japón, dijo que las compañías deberían ser "más mundiales". Con todo, Japón se ha demorado en acometer seriamente algo que debería haber atendido hace mucho tiempo.
Los beneficios de muchas compañías japonesas suelen aparecer en los medios informativos por filtraciones, y solo los extranjeros afincados en Japón parecen hallar objetable semejante método de diseminar los datos. Hasta las decisiones del Banco de Japón sobre las tasas de interés suelen filtrarse a la prensa, algo que sería inconcebible en la Reserva Federal de Estados Unidos o el Banco Central Europeo.
Todas estas cosas están perjudicando a Japón. El país está disfrutando la más larga expansión económica desde la Segunda Guerra Mundial al cabo de casi diez años de deflación. En vez de recibir enormes entradas de capital, su moneda ha bajado 6,6 por ciento frente al dólar y más de 12 por ciento frente al euro en los últimos doce meses.
CAÍDA DEL YEN. La predilección japonesa por un yen débil es otra razón por la que el país es algo menos que atractivo como destino de inversiones. La conducción del gobernador del Banco de Japón, Toshihiko Fukui, tampoco ayuda.
Estos deberían ser días de gran entusiasmo en Tokio. Ejemplo de ello es un reciente sondeo por el Economist Group en que se declaró a Japón el país más innovador del mundo. Las posiciones se fijaron comparando el número de patentes por millón de habitantes en 82 países. Japón descolló claramente.
Y aun así China está recibiendo el grueso de la atención en el Asia, seguida de cerca por la India. Japón tiene que hacer mayores esfuerzos para recordarles a los inversionistas que se está recuperando, algo a lo que el tradicional motor de crecimiento del Asia no está acostumbrado.
El caso de Japón debe servir de advertencia. El país tiene la mejor infraestructura del mundo, compañías dominantes a escala mundial y una fuerza trabajadora muy bien educada, así como la única moneda verdaderamente internacional del Asia. Con todo y eso, la incapacidad de Japón para internacionalizar sus mercados quiere decir que es menos atractivo que Hong Kong, Singapur y Seúl.
ALCANZAR EL CIELO. No cabe duda de que Asia, buscando atraer más atención a sus economías, está esforzándose por alcanzar el cielo, literalmente. En el 2003, Taipei inauguró el edificio más alto del mundo; antes de Taipei, Kuala Lumpur tenía el más alto. Dentro de poco, es posible que Shanghai, Seúl o Dubai consigan el título.
Las ciudades asiáticas esperan que tales obras les faciliten el llegar a ser ejes financieros. Así sucedió en Malasia, donde las gemelas Torres Petronas impartieron prestigio a una economía que apenas atraía la atención de los inversionistas internacionales. Cuando CNN necesita un fondo asiático para un segmento informativo, suele recurrir a las torres de Kuala Lumpur. Están entre los pocos edificios del Asia reconocidos en todo el mundo.
Los dirigentes podrán ver los rascacielos relucientes y las obras públicas monumentales como formas vitales de publicidad que dicen: "¡Oigan, inversionistas, miren lo que tenemos aquí!" Eso está muy bien, siempre y cuando también se mejoren los sistemas financieros y el clima de inversión del Asia.