JORGE CAUMONT
Una vez más la cumbre de presidentes del Mercosur nos deja con una sensación amarga, al insistirse con iguales promesas y no mostrar realidades beneficiosas. Nuestro país continúa peleando una batalla que se extiende indefinidamente. Mientras tanto, los resultados se nos niegan. Machiavelo instruía al Príncipe sobre la duración de los combates y le daba una sugerencia que desde entonces no ha tenido excepción: las batallas largas se pierden. Pierde el que la gana, que ve diezmada su tropa y pierde el perdedor por la lógica del resultado. Uruguay brega por la flexibilización de las oportunidades comerciales y por otros aspectos que no son lo principal. Y pierde porque no se acepta que nos vinculemos individualmente en lo comercial con otras naciones, y porque además, mientras persigue el objetivo que se le niega, mantiene a un sector productivo de transables sujeto, en gran medida, a la ineficiencia de sus pares del bloque.
PROPÓSITOS. En marzo de 1991, los presidentes de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay firmaron el Tratado de Asunción. La idea original era "la ampliación de las dimensiones de sus mercados nacionales para acelerar sus procesos de desarrollo económico con justicia social". Se entendía que ese objetivo debía ser alcanzado "mediante el más eficaz aprovechamiento de los recursos disponibles, la preservación del medio ambiente, el mejoramiento de las interconexiones físicas, la coordinación de las políticas macroeconómicas y la complementación de los diferentes sectores de la economía, con base en los principios de gradualidad, flexibilidad y equilibrio". El acuerdo suponía la libre circulación de bienes, servicios y factores productivos entre los países, a través, entre otros, de la eliminación de los derechos aduaneros y restricciones no arancelarias. Asimismo, el acuerdo preveía una necesaria "coordinación de políticas macroeconómicas y sectoriales entre los Estados Partes: de comercio exterior, agrícola, industrial, fiscal, monetaria, cambiaria y de capitales, de servicios, aduanera, de transportes y comunicaciones … a fin de asegurar condiciones adecuadas de competencia entre los Estados Partes".
No encontramos hoy ninguna similitud entre lo deseado comercialmente en marzo de 1991 y lo ocurrido en estos últimos dieciséis años en lo que atañe a nuestro país. Y nuevamente se apela a los propósitos del acuerdo para llegar a conformar un "más y mejor Mercosur" como habitualmente terminan sus alocuciones cada vez con mayor vuelo literario, tanto nuestro Presidente como los de las otras partes contratantes. Argentina y Brasil continúan beneficiándose relativamente más con el Tratado de Asunción, no respetan los equilibrios que prometieron, niegan la posibilidad de flexibilización de nuestra política comercial, no acceden a la armonización de las políticas comerciales del grupo ni por supuesto, a la de las políticas macroeconómicas. Por otro lado se consiente una politización del acuerdo -lo que no estuvo nunca en sus bases- al crearse un foro legislativo regional que nada hará para beneficiar a Uruguay, al menos comercialmente y en lo que hace a la libertad de movimiento de factores productivos, básicamente de personas. O se intenta crear una institución financiera que no aportará nada más de lo que se puede lograr en las actuales instituciones multilaterales de crédito.
RESULTADOS. Para evaluar los costos a que nos somete el Mercosur, nada mejor que considerar qué es lo que ha pasado con el comercio de mercaderías en estos más de tres lustros. Observando las corrientes comerciales -de exportaciones e importaciones de mercaderías- reparamos que en términos de dólares constantes, Uruguay no ha recibido beneficio alguno. Nuestras exportaciones a Argentina y Brasil no han variado. Los montos anuales son hoy iguales a los de 1991 cuando se ajustan por la inflación de Estados Unidos. Y son aún menores si se ajustan por el aumento de los precios internacionales. Por otro lado, haciendo el mismo ejercicio con las importaciones, las que vienen de Argentina han crecido más de 160% y las compras a Brasil aumentaron más de 200% en términos reales.
Evidentemente, los resultados comerciales no han sido favorables para Uruguay. Por el contrario, han sido desfavorables y no sólo porque no ha habido equilibrio en las corrientes comerciales sino porque además, el funcionamiento del Mercosur ha deteriorado la competitividad de nuestro país. Es en este último sentido que creo que el perjuicio ha sido mayor. El margen de preferencia que concede el Tratado de Asunción a las compras en Argentina y en Brasil frente a las compras de similares en el resto del mundo, ha permitido que las producciones de esos países ingresen a Uruguay a pesar de tener precios mayores que los internacionales. El margen de preferencia les ha permitido a productores argentinos y brasileños embarcar hacia nuestro país bienes de consumo, bienes de capital e intermedios, a valores mayores que los mundiales hasta lo que permite el margen de preferencia, no menor en la mayoría de los casos, a 20%. Los bienes de capital e intermedios que se han venido comprando en esos dos países exigen un esfuerzo pecuniario mayor a las empresas uruguayas no exportadoras que los emplean ya que su precio es artificialmente más alto, por el arancel externo común, que el que habrían tenido que pagar si los adquiriesen en países fuera del Mercosur. Nuestro país ha tenido que dedicar más recursos locales, más moneda extranjera que la que habría debido emplear para comprar lo mismo fuera de la región. Y ese mayor precio pagado por los insumos intermedios y los bienes de capital, que surge por la sustitución de importaciones de extra zona que se hace a nivel regional, es un claro desincentivo a la producción local, una forma de reducir su competitividad en la región y en el resto del mundo.
Pero si los resultados comerciales son desfavorables para Uruguay, no menos lo es el tratamiento a que nos someten nuestros socios con la discriminación con que nos tratan en otras áreas, y siempre por su propia conveniencia y sin reparar en los términos del Tratado. Basta recordar lo que ocurre con el tránsito de personas entre Uruguay y Argentina, para reparar en ese aspecto.
Naturalmente, por las discriminaciones comerciales, por la autonomía con que las naciones grandes manejan sus políticas macroeconómicas, el sector privado uruguayo ha buscado otros destinos para sus ventas externas y hoy la dependencia de la región no es tan grande como en todos los años de funcionamiento del Mercosur. Pero los productores locales que compiten con el exterior no pueden zafar de la trampa. Los dos socios mayores desconocen absolutamente los compromisos acordados y en particular a la armonización de las políticas a que se refería el Tratado de Asunción lo que ha llevado a una diferenciación de ellas más significativa que la que existía en 1991. Hemos sido por ello, fuertemente castigados en sucesivas crisis de nuestros vecinos, en particular desde 1999 hasta 2003.
LIBRE COMERCIO. Lo anterior impulsa a Uruguay a una solución a los problemas del esquema actual de comercio con Argentina, Brasil, Paraguay y tal vez con la volátil Venezuela de Chávez, hoy con el Mercosur sí, mañana con el Mercosur capitalista no. Tomando conciencia de los resultados que se nos han negado y buscando las ventajas que le brindaría el comercio con el resto del mundo. El Mercosur es inservible para resolver otros de nuestros problemas comerciales pues de nada nos sirve su nula influencia para enfrentar a los demás bloques comerciales y a sus restricciones y distorsiones al comercio; muchos son los problemas que nos crea el estar en el grupo de sus fundadores y también abundantes son las oportunidades que se nos niegan por ello. En ocasión de la presidencia pro témpore de nuestro Presidente, sería muy oportuno una evaluación crítica de los resultados. Tal vez una menos ambiciosa unión aduanera y una más eficaz zona de libre comercio pueda ser la solución más conveniente para Uruguay. Ella nos permitiría una mayor libertad para decidir nuestra política comercial, nos aparejaría menos compromisos costosos con los actuales socios y nos brindaría una mejor integración a la economía mundial, a su creciente comercio y a una tecnología más eficiente.