La demanda interna impulsa al empleo

| El PIB actual supera en casi un 9% al de 1998, en tanto que la tasa de ocupación apenas supera el nivel anterior a la crisis

Las cifras recientemente divulgadas respecto al comportamiento del mercado de trabajo al mes de abril muestran que la tasa de empleo continúa aumentando. El porcentaje de la población de más de 13 años que está empleada, se ubicó en la última medición para todo el país en el 57,9%, lo que representa un incremento de 2,7 puntos con respecto a abril del año anterior (ver Gráfico Nº 1). En términos absolutos, se estima que ello redundó en la creación de unos 60 mil nuevos puestos de trabajo. La mayor ocupación se vio reflejada en una reducción de la tasa de desocupación, la que se ubicó en la última medición en el 9,7% del total de personas dispuestas a trabajar. Un año atrás el registro fue del 13,4%.

Sin embargo, y a diferencia de la tasa de empleo que está mejorando mes a mes, el desempleo parece haberse estabilizado en torno al 10%. Ello quiere decir que está aumentando la cantidad de gente que busca trabajo (tasa de actividad) a un ritmo similar al de la generación de nuevos puestos, lo que efectivamente confirma el Gráfico Nº 2.

No cabe ninguna duda que el mayor nivel de actividad y la recuperación real de los salarios han incidido favorablemente, tanto en la generación de nuevos empleos como en el mayor deseo de la población por trabajar.

LARGO PLAZO. La visión optimista que arroja la evolución del mercado laboral en el corto plazo (desde enero de 2006) se ve relativizada si se la enmarca en un contexto de más largo aliento.

En primer lugar cabe mencionar que precisamente, a partir de enero del año anterior se modificó la metodología de cálculo de la Encuesta Continua de Hogares. La nueva encuesta abarca un universo más amplio que la anterior, lo que puede generar alguna distorsión en la comparación con las cifras anteriores. Por lo pronto, la encuesta "vieja" subestimaría los resultados dada la nueva metodología.

Hecha esta precisión, y con las salvedades del caso, se puede constatar que la tasa de empleo promedio a nivel de todo el país recién recuperó el nivel previo a la crisis a fines de 2006.

El PIB se recuperó un año antes, y en el Gráfico Nº 3 se puede observar que crece a un ritmo más acelerado que el de la creación de empleos. En el año móvil finalizado en el primer trimestre del presente año el producto resultó 9% superior al de 1998, pero el empleo tan sólo 1% mayor.

La primera interpretación que se podría hacer al respecto es que la economía uruguaya ha ganado en productividad en estos últimos años, lo que le permitiría generar mayor riqueza con una menor dotación relativa del factor trabajo. Al respecto ha habido algunas mejoras incuestionables, por ejemplo en la industria manufacturera.

Pero la razón de fondo parece ser otra, y está relacionada con el cambio en la estructura productiva. Durante los noventa, debido a condiciones de demanda, los sectores que más crecieron fueron aquellos volcados al mercado interno, que son más intensivos en mano de obra. La salida de la crisis fue liderada por la agroindustria exportadora, que genera menos empleo.

En el último año la creación de nuevos empleos fue particularmente importante, y esto también puede relacionarse con la evolución de los distintos sectores productivos, ya que fue la demanda interna la que lideró el crecimiento.

De todas formas el PIB creció en ese año a una tasa mayor. De hecho, esa es una de las debilidades de la economía uruguaya.

Además de los avances tecnológicos que incrementan la productividad de la mano de obra, hay que considerar otros elementos como la rigidez del mercado laboral, los costos explícitos e implícitos asociados a cargas laborales, costos de contratación y despido, organización del trabajo, calidad de la mano de obra y costos asociados en su capacitación, entre otros. Son todos factores que encarecen el factor trabajo y desalientan su contratación.

Sumado a ello dentro de la coyuntura nacional, algunas decisiones de política, como el no desalojo de las ocupaciones de los lugares de trabajo o el proyecto de responsabilidad solidaria en el caso de las tercerizaciones, hacen que el empresario piense dos veces antes de contratar nuevos trabajadores.

SINDICALIZACIÓN. Como ya se mencionara, a partir del año pasado se modificó la Encuesta Continua de Hogares. Entre los cambios, además de la cobertura, se incluyen una serie de preguntas nuevas, cuyas respuestas permiten una mejor comprensión de la realidad.

Recientemente fue divulgado un informe relativo a la situación del empleo en el país al año 2006. Se analizan allí varios aspectos, entre ellos el vinculado a la participación gremial de los trabajadores, entendida por tal tanto la participación en un sindicato obrero, como en una organización gremial profesional o en una cámara empresarial.

El 72% de los encuestados señaló que en su ámbito laboral no existe un sindicato. Del 28% restante, poco más de la mitad señaló no estar afiliado. En definitiva, sólo el 13% de los trabajadores está afiliado a alguna organización gremial.

La afiliación no es uniforme, y varía según el nivel educativo y la actividad que se desarrolle.

A mayor educación, mayor afiliación. El 35% de quienes finalizaron sus estudios terciarios están agremiados contra el 7% de aquellos que solamente han finalizado primaria. A su vez, el estrato de los universitarios es el único en el que el porcentaje de afiliación es superior al de no participación. Sin duda que incide aquí la afiliación de los egresados universitarios a sus respectivos gremios o colegios profesionales.

El informe también señala que la afiliación es mayor en el sector público que en el privado. Sólo el 10% de los empleados privados pertenecen a algún sindicato frente al 42% de los empleados públicos.

La afiliación a los sindicatos según rama de actividad (ver cuadro) es dispar. La participación de los agremiados es mayor en el caso de electricidad, gas y agua, los servicios financieros, la administración pública y los servicios sociales. También es muy importante en la enseñanza y en transporte y comunicaciones.

Es claro que las actividades en las cuales la afiliación a sindicatos es mayor son aquellas donde se constatan fallas de mercado, ya sea porque caen en la órbita estatal (y son monopolios legales), están reguladas (caso transporte capitalino) o se trata de una actividad sensible que opera en carácter monopólico (clearing de cheques).

En tal sentido, la tentación de vincular el poder de los sindicatos con el marco institucional en que se desenvuelven las distintas actividades productivas es muy grande.

El llamado a los Consejos de Salarios es otro arreglo institucional que alienta la afiliación, al menos en sus primeras etapas, al sentir los trabajadores que son los sindicatos (y no el mayor nivel de actividad o las pautas oficiales) los responsables de la recuperación real de los salarios. El informe del INE es muy ilustrativo al respecto, dentro del stock de afiliados a los gremios, más del 20% lo hizo en los últimos dos años.

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