Isaac Alfie
Días atrás el Poder Ejecutivo, más precisamente funcionarios de alto rango del Ministerio de Economía y Finanzas, brindaron una conferencia de prensa donde, tras el anuncio de la publicación de algunos precios a través de la página WEB de su Dirección de Comercio, realizaron altisonantes declaraciones.
El propósito de publicar precios es acertado en aras de la mayor transparencia en la competencia de los mercados. De hecho, la propia Dirección de Comercio desde hace ya varios años publica estudios donde compara precios de los mismos productos en distintos barrios de la capital. Sus resultados, en general, son recogidos como "curiosidad" por los distintos medios de prensa, dado que en no pocas ocasiones arrojan diferencias significativas. La contribución anunciada apunta a que en los hechos se cumpla, o al menos la realidad se acerque lo más posible, al supuesto de información perfecta que hay detrás del análisis económico.
Las declaraciones posteriores al anuncio causaron sorpresa, no por el hecho de que las autoridades presenten un nuevo producto como una mejora, o al menos como un plausible intento de progreso en el cumplimiento de los cometidos de la Dirección de Comercio, sino por su contenido. En ellas, su Director, Ec. Fernando Antía, expresaba que los inspectores iban a verificar que los precios declarados se correspondieran con los que efectivamente rijan cuando se visite a sus comercios y que de lo contrario habría sanciones. Lo más preocupante es que viniendo de una persona centrada, ponderada y racional, como lo es el Ec. Antía, llama la atención el estilo poco feliz y su tono, a lo que debe sumarse la fecha y el entorno en que fueron realizadas. En efecto, el anuncio se hace luego de conocida la inflación de mayo, cuyo "núcleo" -inflación subyacente o de tendencia- resultó el mayor del año con excepción de enero; el registro anualizado del último semestre está en 9,4% creciendo, y a pocos días de la entrada en vigencia de la reforma tributaria.
Lo anterior se complementa con insistentes rumores acerca de que los principales de los supermercados líderes fueron llamados desde el Ministerio de Economía para solicitarles bajas de precios a partir de julio.
A este panorama poco alentador debemos adicionar dos hechos que podrían resultar menores en otras circunstancias, pero en las actuales no lo son y cualquier persona observadora del diario acontecer asocia de manera inmediata. El llamado público de un diputado oficialista a realizar un control sobre los precios, llamando al boicot donde estos suban y las manifestaciones en idéntica dirección, naturalmente acompañadas por expresiones como "malditos especuladores" por medio, del Pit-Cnt.
Respecto de los dichos del Director de Comercio, resulta evidente que la información puede brindarse correctamente en determinado momento y luego los precios variar. Desde el gobierno se insiste en que los precios suben por una conspiración en su contra, a la vez que otra parte ratifica que habrá libertad de precios porque las épocas de controles ya pasaron y todos sabemos sus consecuencias. La razón está en esta última, encabezada por el Ministro de Economía, pero el fiel de la balanza no sabemos dónde queda y esta aparición pública nos desorienta.
Es claro que los economistas conocen las consecuencias de los controles de precios, que no son otras que el desabastecimiento, los mercados negros, el perjuicio para los más humildes, etc.. También es claro que quienes detentan el poder siempre están tentados a pensar que poseen mejor información que el resto de la población y que, entonces, si bien creen en que la libertad de los mercados es el mejor método para asignar recursos, si son ellos los que pueden "manejarlos" las cosas serán mejor.
TRIBUTACIÓN. A lo largo de los tiempos, la confusión entre aumento de precios e inflación, siendo conceptualmente diferentes, es algo común entre quienes no son especialistas en la materia. Mientras el primero es algo puntual, "individual" y de a "saltos discretos", la inflación es la suba permanente y generalizada de una enorme mayoría de precios. Dada la rigidez a la baja de los precios en el corto plazo, los naturales cambios en los precios relativos (el crecimiento de unos respecto de otros) puede darse de varias maneras. Si hay un proceso inflacionario importante, generalmente suceden mediante una suba de precios más importante en algunos bienes y servicios, mientras el resto crece a menor ritmo e incluso pueden permanecer constantes, todo lo cual redunda en un aumento en el índice promedio de precios al consumo. Así, muchas veces, se suele confundir inflación con aumentos específicos de precios, de la misma manera que se la confunde con aumentos transitorios de aquellos (frutas y verduras en estado natural). En cambio, si la inflación no es muy importante, puede darse el caso de que mientras algunos precios suben otros bajen. Los estudios económicos muestran que los precios son bastante rígidos a la baja en el corto plazo, por lo que algunos hasta justifican y aceptan cierta inflación baja con el argumento de facilitar el cambio de los precios relativos evitando penosos procesos de caída de precios, que conducen a más empresas a la quiebra por errores de pronóstico.
El tema viene a cuento ante lo que parece ser el advenimiento de una "nueva teoría" de la inflación, esta vez sí propagada desde el Ministerio de Economía e, incomprensiblemente también desde el Banco Central, la que podríamos denominar la "teoría tributaria de la inflación". Su enunciado consiste en que si se ponen impuestos al consumo la inflación sube, en tanto una reducción de estos hace bajar la inflación. En todo caso, desde el análisis estrictamente económico, la suba de impuestos puede hacer subir los precios una sola vez, y su resultado es que la inflación termina bajando, ya que ataca la principal fuente del desequilibrio que impone la necesidad de emitir moneda, el déficit fiscal. Mutatis mutandi, pasa exactamente lo contrario con la baja de impuestos. En todos los casos el razonamiento es válido bajo el supuesto "que todo el resto queda constante", es decir no hay ni subas ni reducciones de tributos compensatorias de la recaudación, el producto es constante, etc.. Por tanto, en todo caso, en esta ocasión podrían bajar algunos precios al consumo por una sola vez, afectando al índice de precios al consumo, pero jamás se reduciría el fenómeno inflacionario, algo similar a lo que pasó entre octubre y noviembre del año pasado con la reducción del precio de los combustibles y el subsidio al boleto, que "bajaron" el IPC por dos meses y luego éste siguió su "curso natural".
PRECIOS DE MERCADO. Más allá de toda discusión, cualquier alumno que haya tomado un curso de Finanzas Públicas sabe que los efectos económicos y las cargas que conllevan los impuestos no son los que el legislador desea, sino los que las leyes del mercado imponen. Así, como bien señalaba el Ing. Preve en su columna del lunes pasado, quien paga el impuesto desde el punto de vista legal -el que lleva el cheque a la DGI- no necesariamente coincide con quien soporta la carga financiera del mismo.
Los precios al consumo se forman por la confluencia de la oferta y la demanda con impuestos incluidos de donde, quien efectivamente abone el tributo dependerá de las condiciones del mercado. Algunos ejemplos recientes nos ilustran al respecto. En el pasado mes se redujo el IVA y se eliminó el Cofis a la carne de ave. En total la reducción de impuestos hubiera significado una caída de más de 6% en el precio final; sin embargo, los precios no sufrieron mayores alteraciones. Una explicación es el alza del precio del maíz en el mercado mundial, pero esa causa ya estaba presente desde hacía varios meses y, en todo caso, refuerza nuestro razonamiento, porque antes no había podido trasladarse por completo al precio. Sucede que, como el precio doméstico de este producto está desarbitrado con los del mercado mundial porque no es libre su comercio, el mismo refleja su valor (escasez relativa) exclusivamente en el mercado doméstico y por ende, poco pueden hacer los impuestos en estos casos, si caen mejor para el productor, si suben peor.
PELIGROSO. Más allá de las explicaciones dadas por los actores participantes, es bien claro que las señales provenientes desde el gobierno, sus legisladores y grupos afines, sean éstas mediante actos o declaraciones, a la vez de ser peligrosas y preocupantes deben llamarnos a la reflexión. El aumento de los precios no se para a los gritos sino con políticas correctas, consistentes entre sí y siendo firmes y persistentes en su aplicación; dejando de lado las euforias o los problemas de corto plazo. Las autoridades no tienen, desde fines de diciembre de 2005 una política monetaria, ni fiscal y, desde la segunda mitad del 2006, tampoco de ingresos, consistente con una inflación del 5,5%, (el centro del rango). El resultado no puede ser otro que el que hoy tenemos. La corrección del desvío no se va a dar por actos de magia, ni de prepotencia que siempre terminan perjudicando a los más débiles y desposeídos, sino por políticas que cuantitativamente lleven al resultado deseado. El ejemplo que tenemos cruzando el Río es contundente.