Diego Cabot | LA NACIÓN
Los primeros fríos del año desnudaron los problemas del parque energético; ante los cortes de luz y de gas, la vista se volvió sobre el plan que el gobierno presentó en 2004, en el que la mayoría de las obras anunciadas están lejos de finalizar
Una veintena de autos, un obrador, algunos trabajadores de cascos amarillos dando vueltas, movimientos de suelos, mucha parquización perimetral y varias garitas de seguridad. No mucho más. Así se resume la postal que tiene quien recorre los 80 kilómetros que separan a la Capital Federal de Campana, donde se emplaza una de las soluciones que el gobierno esgrime cada vez que se habla de la crisis energética: la central Termoeléctrica Manuel Belgrano (TMB).
Algo más al Norte, sobre el río Paraná, a paso lento, avanza la construcción de Atucha II, la versión gemela de la central nuclear que ya está funcionando y que sólo estará disponible en 2011, según cálculos oficiales.
En mayo de 2004, el gobierno anunció un plan energético para los próximos cuatro años. Ya pasaron tres desde aquellos pomposos anuncios y la mayoría de las obras, salvo honrosas excepciones, presenta un significativo atraso.
Los fríos de fin de mayo hicieron crujir un sistema energético que funciona al límite desde hace tiempo. Y la vista se volvió sobre las cartas que juega el gobierno cada vez que se pregunta sobre las soluciones a la oscura coyuntura.
En TMB, una de las dos centrales térmicas que debían estar operativas a fin de este año, recién están terminando la etapa de movimientos de suelo. Aún no empezó la obra civil, no se conoce el contrato que les dará el gas y no está claro cómo terminará siendo el financiamiento.
En la columna de las obras que se hicieron se puede contar la construcción de la ampliación de las líneas eléctricas de 500 kV, obra en la que emergió como proveedora la empresa cordobesa Electroingeniería y que por estos días pugna -en sociedad con la estatal Enarsa- por quedarse con la mitad de la transportadora eléctrica Transener.
La historia con las dos centrales térmicas empezó en 2004 cuando el gobierno invitó con modos kirchneristas a las generadoras de energía a que suscriban el Foninvemem [sic], un fondo de financiación conformado por acreencias de las generadoras con Cammesa, la empresa que opera el mercado eléctrico mayorista.
Ese dinero se acumuló sin que hubiera un destino seguro, hasta que en 2004, después de esa invitación del gobierno, las generadoras decidieron aportarlo a la construcción de las centrales.
LICITACIONES LENTAS. Pero las licitaciones tardaron, no se hicieron a tiempo y sólo hubo una oferta, la de Siemens, que se comprometía a hacer la turbina en un plazo menor.
Pese a que los anuncios hablaron de que a fin de 2006 iban a estar terminadas, nada hace prever que estén parcialmente listas antes de mediados del año próximo. "Esperamos que la primera parte se termine a mediados del año que viene y que en 2009 ya opere a pleno", dijo un vocero de Endesa, la empresa que tiene a su cargo la operación de la central. La termoeléctrica San Martín tiene plazo de finalización aún mayor.
Pero los atrasos mayores se muestran en otras obras que el propio De Vido enumera cada vez que se topa con periodistas. "La Argentina tiene un plan energético que se cumple a rajatabla", dijo varias veces el ministro. Pese a la voluntariosa frase, la mayoría de los casilleros de varias obras anunciadas están vacíos.
"Basta repasar el plan original para comprobar qué poco fue lo que se hizo. Y en materia de gasoductos, mejor no hablar", dijo un empresario energético que suele tener reuniones con los funcionarios oficiales.
La expansión de la red de gasoductos se construyó en parte. Si bien se avanzó en la construcción de las redes que operan TGN y TGS, no se plantó un solo caño del gasoducto que iba a traer el gas desde Bolivia.
"Se dijo que ese gasoducto iba a estar terminado en dos años. Hasta ahora no está ni siquiera el proyecto. Y de ese faltante debería ser el gas que se queme en las dos centrales que se están construyendo", se sinceró, con ruego de no publicar su nombre, un empresario energético que estuvo el día en que De Vido presentó el ambicioso plan en la Casa Rosada y que fue enumerado por el secretario de Energía, Daniel Cameron.
Ahora la expansión de los gasoductos sufrió otro golpe letal: las investigaciones de la Justicia en el caso Skanska han paralizado los proyectos.
En materia de producción de gas, el gobierno se propuso un sendero de precios que terminaría en julio de 2005. "Fin del período de normalización: julio de 2005", se leyó en una de las proyecciones que De Vido exhibió entonces. En ese momento, los precios internos debían emparejar a los que se pagan por el gas en la región. A diciembre pasado, los productores locales cobraban US$ 1,5 por millón de BTU -unidad de medición británica- mientras que la estatal Enarsa le paga a Bolivia alrededor de US$ 5 por la misma cantidad de combustible.
El 31 de diciembre de 2006 debía terminar el "período de normalización del mercado total", que incluye a los usuarios domiciliarios. Pero las tarifas siguieron congeladas: se optó por subsidiar la generación.
También se tomó una medida provisoria desde mayo a octubre de 2004: importar ocho millones de barriles de fueloil de Venezuela como una suerte de opción al gas en el sector de la generación. Pero lo provisorio se hizo una necesidad y actualmente se importa cada vez más fueloil venezolano.
Otra medida transitoria fue utilizar una línea de alta tensión para importar energía desde Brasil, pese a que esa red estuvo pensada para exportar. Sin embargo, las compras de electricidad al vecino país continuaron y llegaron a 640 MW.
Otro ítem de la presentación que llenó, por entonces, los oídos de los empresarios invitados a la Casa de Gobierno fue la renegociación de los contratos. En junio de 2004 se preveía "un primer acuerdo de normalización".
A renglón seguido, se proyectó otro punto del plan que aún no logró completarse: "Diciembre de 2006, fin del período de normalización de las licencias de transporte y distribución de electricidad y gas".
DOS ÍCONOS ENERGÉTICOS. Entre los lineamientos energéticos el gobierno también hizo públicos sus planes para dos de los íconos energéticos de las últimas décadas: la represa Yacyretá y la central atómica Atucha II.
Según los planes oficiales, la cota de 76 metros pasaría a 78 en 2005. Esa obra, que debía estar terminada en abril de 2005, tenía un presupuesto de 87,6 millones de pesos. Según publica el sitio del Ente Binacional Yacyretá (EBY), para julio próximo recién se llegará a la cota 78,50 metros sobre el nivel del mar.
La otra gran obra sobre la que el gobierno puso la lupa es Atucha II. Según el plan oficial la central atómica estará en operaciones en 2010. Sin embargo, quienes conocen los detalles de la obra, estiman que no generará energía antes de 2011.
"Es muy dificil poner en funcionamiento la central; quizá más difícil que hacer una nueva. Pero la gente que trabaja allí es muy profesional y es posible que se termine por el ímpetu de ellos", dijo una fuente del sector.
Desde el río Paraná, el lugar que mejor vista se tiene de la central, la silueta de Atucha II prácticamente copia la de Atucha I. Son dos edificios similares que se diferencian por pocas cosas. "Eso ocurre si uno lo mira desde afuera. Por adentro hay una diferencia sustancial: una tiene el reactor y la otra está vacía", se apuró en corregir un directivo de una generadora.
Hay algunos movimientos alentadores en torno a la esfera que será el segundo reactor: una grúa, un obrador, algunos montículos de tierra le dan algo de vida a la enorme mole de hormigón. Pero nada más.
En materia hidroeléctrica se dio un caso particular: en a quella presentación, Cameron dijo que se efectuaría una revisión de los proyectos hidroeléctricos más importantes y se seleccionarían tres o cuatro para la construcción. Años más tarde, Cameron reconoció que la Argentina ya no tiene más capacidad hidroeléctrica.