Recientemente, el INE divulgó un informe sobre la evolución de la pobreza en Uruguay entre 2001 y 2006, cuyas autoras son Verónica Amarante y Andrea Vigorito.
El documento muestra cómo el ingreso de los hogares, que sufrió un fuerte deterioro hasta el año 2003, comenzó a recuperarse a partir de 2004, como se aprecia en el cuadro Nº 1.
Dos conclusiones se pueden extraer del cuadro. En primer lugar, que el ingreso medio per cápita de los hogares todavía no recuperó el nivel de 2001. Por otra parte, se observa que la recuperación de los últimos años ha sido más pronunciada en el interior que en Montevideo.
La recuperación parcial del ingreso incidió favorablemente en el descenso de los niveles de pobreza e indigencia que, en el momento más álgido de la crisis, alcanzaron guarismos muy elevados para lo que es la historia del país.
POBREZA. En efecto, y tal como lo indica el informe, la pobreza, que según las distintas mediciones que se presentan alcanzó su máximo nivel en el año 2004, comenzó a revertirse un año después.
El informe presenta tres mediciones distintas de la pobreza, que responden a tres metodologías diferentes. Pero en todo caso, cualquiera sea la metodología utilizada, la evolución de la pobreza y la indigencia es la misma en todas ellas.
A los efectos de no abrumar al lector con tantos datos, nos referiremos a una sola de las mediciones, la que utiliza el INE desde 2002 (ver cuadro Nº 2) que es, por otra parte, la que arroja los resultados intermedios.
La historia en este caso no es muy distinta a la del ingreso, observándose en los últimos años un mejor desempeño en el interior.
Junto a la mejora de los ingresos y el descenso de la pobreza se constata también una disminución de la indigencia. En este caso, los resultados del interior no sólo son mejores que en Montevideo, sino que la actual situación de indigencia allí es mejor, esto es hay menos indigentes, que en el año 2001. En la capital, pese a la mejora de los dos últimos años, el número de indigentes es actualmente superior al de 2001.
CAUSAS. En sus comentarios finales, el informe señala que no era su objetivo explicar las causas de la disminución de la pobreza, aunque da algunas pistas sobre los factores que pueden haber incidido en ello. Así por ejemplo destaca la recuperación del nivel de actividad y una serie de medidas adoptadas por la actual Administración, que pudieron haber contribuido. Entre estas últimas señala al Plan de Emergencia, al accionar de los Consejos de Salarios y al incremento del Salario Mínimo Nacional.
Sin duda que todos esos factores han incidido, pero el más importante es la recuperación económica, que a su vez permite la aplicación de políticas distributivas.
En el gráfico Nº 1 se presenta la evolución del PIB y la pobreza. Allí se puede apreciar que esta última comenzó a reducirse cuando el nivel de actividad inició su recuperación.
De todas formas, el crecimiento económico de los últimos años (el PIB de 2006 es un 16% superior al de 2001) no se tradujo automáticamente en una disminución de la pobreza de igual magnitud. La explicación de ello podría buscarse en los factores que están detrás de la actual recuperación, que han determinado que la estructura productiva actual del Uruguay sea un tanto distinta a la anterior a la crisis.
Las particularidades de los noventa llevaron a que el país creciera en base a una demanda interna (y regional) creciente. El contexto regional favorable estimulaba el desarrollo de actividades volcadas al mercado ampliado, en general intensivas en mano de obra, cuya contratación y remuneración responde a las condiciones de la región.
La semana pasada se realizó un seminario sobre las lecciones que nos dejó la crisis financiera de 2002 y lo que hemos aprendido de ellas. Allí por ejemplo se señaló por parte de Andy Wolf, quien fuera el jefe de la misión del FMI en Uruguay durante los años 2002-2003, las vulnerabilidades que tuvo la economía uruguaya en la década de los noventa, donde hubo una gran expansión del consumo interno, financiada con una expansión del crédito bancario.
La salida de la crisis a partir del año 2003 fue el resultado de la adopción de una serie de medidas internas tendientes a reducir las vulnerabilidades de la economía, como así también a un cambio en el contexto internacional.
Precisamente, en ese año aumentaron fuertemente los precios de los productos que Uruguay exporta fuera de la región, lo que determinó que la demanda extra regional se convirtiera en el motor de la recuperación económica.
FUENTES. En tal sentido, las fuentes de crecimiento de los últimos años han sido distintas a las de los noventa, y ello se ve reflejado no sólo en la estructura productiva (aumenta la participación relativa del agro y la industria manufacturera en el PIB, que son menos intensivos en mano de obra que los servicios), sino también en la evolución de la pobreza por área geográfica.
En efecto, los números anteriormente analizados muestran que los niveles de pobreza, que durante la crisis habían registrado un aumento muy fuerte, en el año 2006 en el interior del país ya estaban muy cerca de los registrados en el año 2001, al tiempo que los de indigencia están por debajo. En la capital la recuperación no ha sido tan pronunciada.
Y ello se explica en buena medida por las fuentes de crecimiento. En los noventa primaban las actividades volcadas al mercado interno, con fuerte sustento en Montevideo, en tanto que en los últimos años son las de base agropecuaria, de gran importancia en el interior del país.
La recuperación económica se ve reflejada en la evolución del empleo y los salarios reales. En particular, estos últimos comenzaron a recuperarse a mediados de 2004, un año antes de que se convocaran a los Consejos de Salarios, tal cual se observa que el gráfico Nº 2. Es importante aclarar que pese a la recuperación que han experimentado los salarios reales en los dos últimos años, durante el último año se ubicaron promedialmente un 15% por debajo de los percibidos en el año 2001. Este resultado es coherente con la evolución del ingreso de los hogares ya vista.
La evolución de los salarios responde a la inserción externa de la economía. En los noventa respondieron a la realidad regional, cuyos precios relativos estaban totalmente desalineados del resto del mundo. En la actualidad, al ser la demanda extra regional el motor del crecimiento, y dado el tipo de productos que exporta Uruguay, básicamente commodities, los costos de las empresas no se pueden disparar, para no afectar la competitividad.
En definitiva, un crecimiento económico sostenido es la única forma de reducir permanentemente la pobreza. Y en el caso de una economía pequeña como la uruguaya ello será posible en la medida que se persevere en las acciones tendientes a disminuir su vulnerabilidad, en particular posibilitando el acceso a la mayor cantidad posible de mercados externos, particularmente a los más estables, para evitar la alta dependencia de una región inestable como ocurrió en los noventa.