Si no hay una reducción más acentuada de la tasa de interés de referencia -que está en 12.5%- y si la economía brasileña no retoma un crecimiento más vigoroso, el dólar va a tender a estabilizarse por debajo de los dos reales, donde llegó a mediados de mayo. Muchos consultores ya trabajan con un tipo de cambio estimado en 1.8 reales por US$ 1.00 para diciembre, pese a las enormes compras de dólares que actualmente realiza el Banco Central, sostuvo Mariano Laplane, doctor en economía de la Universidad de Campinas. A continuación un resumen de la entrevista.
-Cuando Luiz Inácio Lula da Silva asumió la presidencia por primera vez en enero de 2003 aseguró que el PIB de Brasil crecería entre 5% y 6% al cabo de cuatro años. ¿Por qué no se cumplieron esas expectativas del presidente ?
-La razón principal fue porque la política económica que Lula practicó durante su primer mandato no apuntó al crecimiento. Su gobierno tuvo otras prioridades que, en algún momento, fueron consideradas como antagónicas con la idea de un crecimiento rápido. Desde el comienzo mismo, su mayor preocupación fue mantener la estabilidad de los precios y lograr condiciones de equilibrio macroeconómico con el fin de renegociar la deuda pública.
-¿De qué modo esa política económica acabó comprometiendo el crecimiento dinámico de Brasil?
-A través de una política de tasas de interés muy altas, se creó un ambiente poco favorable para la inversión del sector privado. Al mismo tiempo, la preocupación del gobierno en crear condiciones de solvencia para poder pagar la deuda pública llevó a que los niveles de inversión pública fueran insignificantes durante algunos años del primer período presidencial de Lula. Incluso en el contexto de la campaña por la reelección presidencial de 2006, el gobierno aumentó el gasto público, pero no se incrementó la inversión pública. Bajo esas condiciones, no es ninguna sorpresa que la economía brasileña no creciera con ímpetu en el cuatrienio pasado.
Plan de Crecimiento
-¿Cuáles son las perspectivas económicas para 2007?
-Coincido con la mayoría de los economistas en que las expectativas de crecimiento son superiores a las de los últimos años debido a que el gobierno ha asumido un compromiso diferente en cuanto a la política económica, que ahora apunta a la expansión. Hay razones fundadas para ser más optimistas y esperar un crecimiento de 4.5%-5% del PIB. Por un lado, las condiciones en los mercados internacionales continúan siendo muy favorables para todos los países exportadores de recursos naturales, aunque el actual tipo de cambio no ayuda mucho a los exportadores. Por otra parte, hay un nivel importante de liquidez en el mundo que ha llevado al Banco Central de Brasil a reducir moderadamente las tasas de interés internas. En función de esa decisión oficial, se han aprobado algunas iniciativas como el Plan de Aceleración del Crecimiento (PAC).
-¿En qué consiste dicho Plan?
-Es un paquete de inversiones públicas, principalmente en el área de infraestructura, por un monto de 67.800 millones de reales (equivalente a unos US$ 34.000 millones) para el período 2007-2010. Con el fin de remover los obstáculos que puedan frenar el desarrollo de la actividad económica, el Plan incluye el estímulo del crédito, la mejora del clima de inversiones, el perfeccionamiento del sistema tributario y medidas fiscales de largo plazo. De ese modo, se tratará de cumplir con las promesas de la primera campaña electoral de Lula.
-¿Se han empezado a poner en práctica algunos de los proyectos previstos en el PAC?
-La originalidad del PAC es que apunta a romper con la práctica tradicional de hablar mucho y hacer poca obra. El gobierno ha preparado un esquema de acompañamiento muy cercano a los proyectos y se ha comprometido a hacer audiencias públicas, en donde la ministra de la Casa Civil, que coordina el paquete de medidas del Plan, debe rendir cuentas sobre el estado de situación. Según la información divulgada en la Reunión de Evaluación y Acompañamiento Cuatrimestral del PAC, que tuvo lugar a fines de abril, el 70% de los proyectos ya está siendo implementado -algunos de forma más rápida que otros-, mientras que el 30% están atrasados con relación al programa anunciado en enero pasado.
-¿Qué opinan los empresarios brasileños al respecto?
-No hay dudas que el anuncio del PAC ha generado una credibilidad bastante grande del sector privado. Eso se comprueba en los registros de importación de bienes de capital porque los empresarios han reestructurado sus carteras de inversión. En realidad, lo que ha cambiado son las expectativas con respecto a cuál será la tasa de crecimiento de Brasil. Si bien la economía está creciendo un poco más, ello se debe no sólo a este Plan, sino a que el contexto internacional es muy favorable para Brasil.
-¿Qué proyectos deberían incluirse en una agenda de reformas para que Brasil pueda presentarse ante la comunidad financiera como una economía con un mayor grado de madurez?
-La propia comunidad financiera señala dos reformas prioritarias. Una se refiere a las jubilaciones de los empleados públicos debido a la situación deficitaria del sistema previsional y la otra es una reforma del Estado con el propósito de reducir el gasto público o, por lo menos, evitar que siga creciendo en el corto plazo a efectos de disminuir la carga impositiva.
Con respecto a la reforma jubilatoria del sector público, el gobierno ha reconocido que la modificación del sistema de pensiones es prácticamente inviable porque resulta difícil que el Congreso apoye un proyecto que reduzca en forma significativa los derechos ya consagrados de los funcionarios estatales. En cuanto a la reforma del Estado, la administración no acepta cortar el gasto público inmediatamente, pero sí comparte la idea de achicar la participación del gasto público corriente, es decir el gasto del consumo estatal, en el Presupuesto. Por lo tanto, se espera que dicho gasto acompañe, aunque en forma algo retrasada, el crecimiento del PIB. De ese modo, el gobierno podría aumentar sus erogaciones en inversión, que es uno de los grandes temas pendientes de resolución.
Inflación
-¿Cómo se explica la baja tasa de inflación en Brasil?
-Es el resultado de la combinación de dos factores. Por un lado, existe la percepción de que la capacidad de la economía brasileña es bastante elástica para absorber el crecimiento de la demanda. Muchas industrias tienen una capacidad de oferta no totalmente aprovechada. Incluso algunas ramas están creciendo a tasas altísimas -como, por ejemplo, la industria automotriz- porque tienen capacidad disponible para atender el aumento de la demanda. Esto es, en parte, consecuencia del bajo crecimiento que la economía brasileña ha tenido en los últimos años. Sin duda es la pequeña ganancia de una gran pérdida porque hubiera sido mejor invertir y no tener una oferta reducida durante tanto tiempo.
-¿Cuál es el otro factor que controla la inflación?
-No hace falta ser monetarista para creer que se debe a la intervención muy firme del Banco Central sobre la tasa de inflación. En efecto, cada vez que se ha producido algún tipo de amenaza de un aumento generalizado de precios, la Autoridad Monetaria siempre ha reaccionado -a veces, hasta exageradamente- reduciendo las condiciones de liquidez en la economía. También esa política tiene dos caras: una positiva y otra negativa. Un poco de inflación a menudo es la consecuencia inevitable y la señal que los productores necesitan para invertir.
Existe, además, un tercer factor que quizás no sea tan general: la apreciación del tipo de cambio. El ingreso de bienes importados a precios más baratos hace más elástica la capacidad de aumentar la oferta cuando se importan productos intermedios (insumos, piezas, componentes, etc.) y, en otros casos, atiende directamente al consumidor final. En resumen, los dos primeros factores, de modo general, y un tercero, en particular para algunos sectores, ayudan a entender por qué la economía brasileña tiene tasas de inflación muy bajas.
-¿A cuánto va a llegar la inflación este año?
-En 2006 la tasa de inflación evolucionó entre 3% y 4%, ubicándose por debajo de la meta fijada por el Banco Central. La tendencia es muy similar este año. Incluso la cifra podría terminar siendo algo menor. Todo dependerá del nivel de crecimiento de la actividad económica. Las estimaciones promedio del sector privado que publica el Banco Central indican una inflación de entre 3% y 3.5% para 2007, con una expansión de la economía de 4.5%-5% en el mismo período.
-Dada la baja inflación actual de Brasil, ¿una reducción de la tasa Selic no ayudaría a promover el consumo interno y, en consecuencia, a impulsar el crecimiento económico?
-Este es un tema muy polémico. Desde el segundo semestre de 2006, hay un debate en el que los directores del Banco Central sostienen que se debe ser prudente con el manejo de la tasa de interés, mientras que el Ministerio de Hacienda y muchos operadores opinan que se requiere más audacia en esta materia. Últimamente, es cada vez mayor y más variado el número de economistas que propone una mayor reducción de la tasa Selic. Afirman que llegó la hora de una reducción sustancial de la tasa de interés, basándose no sólo en que hoy la inflación brasileña es muy baja, sino también en que existe consenso que la apreciación cambiaria es en parte una consecuencia del alto nivel de la Selic que favorece el ingreso de capitales. Así se va cristalizando en el mercado una expectativa de apreciación continua, lo que a su vez atrae más recursos del exterior.
Tipo de cambio
-¿Cómo prevé que evolucione el real con respecto a la divisa estadounidense este año?
-Si no hay una reducción más acentuada de la tasa de interés -que está en 12.5%- y si la economía brasileña no retoma un crecimiento más vigoroso, el dólar va a tender a estabilizarse por debajo de los dos reales, donde llegó a mediados de mayo. Muchos consultores ya trabajan con un tipo de cambio estimado en 1.8 reales por US$ 1.00 para diciembre, pese a las enormes compras de dólares que actualmente realiza el Banco Central. Eso ha llevado a que sus reservas internacionales superen los US$ 140.000 millones. Si bien esa acumulación de divisas va a permitir que Brasil se transforme en poco tiempo -cuando las reservas lleguen a los US$ 173.000 millones- en un acreedor líquido de las finanzas internacionales, no servirá para evitar que la cotización del dólar se mantenga a menos de dos reales.
-La apreciación creciente del real no impide que las exportaciones brasileñas sigan aumentando, previéndose que crezcan un 15% este año. ¿No afecta el actual tipo de cambio al comercio exportador?
-Sí, lo afecta muchísimo. No sólo el ritmo de las exportaciones viene descendiendo progresivamente, también la composición del conjunto de productos exportables ha cambiado. A pesar de que el monto total de las ventas al exterior sigue subiendo, esa tendencia obedece a que la demanda espectacular de commodities agrícolas y minerales así como productos semimanufacturados determina que sus precios se mantengan en franca expansión en el mercado internacional. En cambio, las exportaciones de bienes manufacturados con una importante incorporación de valor agregado vienen descendiendo significativamente. La corriente exportadora tanto de productos electrónicos, en especial de teléfonos celulares, así como automóviles, que tenía bastante dinamismo, está cayendo en picada.
-¿Cómo prevé que reaccione el sector industrial por la apreciación del tipo de cambio?
-Este fenómeno no sería tan grave si fuesen caídas pequeñas y temporarias. Lo que resulta preocupante para la industria, que en los últimos años se vio beneficiada de alguna manera por el bajo dinamismo de la demanda local, es la decisión de las multinacionales de reorientar sus actividades hacia el mercado interno. Por lo tanto, habría que tratar que las grandes corporaciones mantengan una política de producción hacia el exterior, lo que favorece a todo el sector industrial brasileño. Sería pésimo que la coyuntura cambiaria llevase a esas empresas a priorizar el consumo interno en vez de apuntar a la exportación, porque no se atraen inversiones de importancia con ese enfoque.
-¿Qué fuerza tienen los sectores exportadores de Brasil para presionar al gobierno de Lula a debilitar el valor del real con respecto al dólar?
-Si hubo presiones, por lo visto los resultados no han sido muy buenos. En este caso, también hay que tener en cuenta la fuerza de los otros sectores de la economía como, por ejemplo, los exportadores de commodities y, sobre todo, el sector financiero, etc. al que la reducción de la tasa de interés no lo ayuda mucho porque los títulos de deuda han sido los activos financieros más rentables.
Deuda interna
-El asesor presidencial Luciano Coutinho dijo que el Banco Central de Brasil "vive bajo presión" para renovar la deuda interna todos los días debido a que el 40% de ella se indexa diariamente. ¿Es cierto ?
-Sí. El pago de los intereses de esa deuda fue muy pesado cuando llegó a representar un 8%-10% del PIB durante el segundo gobierno del presidente Cardoso. Hoy ese porcentaje es menor, ubicándose en torno al 5% del producto. Esta deuda interna tiene dos características. Son títulos de cortísimo plazo, con vencimiento a los dieciocho meses a lo sumo. Además, una porción considerable de esos activos todavía tiene una tasa indexada en reales. Si la inflación no estuviera controlada, sus efectos sobre la deuda interna serían terribles. Cuatro años atrás, cuando la casi totalidad de esos papeles estaba indexada en dólares, la vulnerabilidad era aún mayor porque combinaba la solvencia interna y la externa, con lo cual le ataba las manos al Banco Central. Felizmente, esos bonos indexados por el tipo de cambio ya fueron rescatados, aprovechando el proceso de apreciación del real.
Lo ideal sería que los títulos actuales de deuda en reales fuesen cambiados por similares a plazos más largos y con tasas de interés prefijadas. Eso se podría conseguir con relativa facilidad dada las expectativas de reducción de la tasa Selic. Tal vez ese sea el frente de batalla más crítico para darle sustentabilidad a la inversión pública porque se rebajaría el costo de la deuda pública brasileña y, simultáneamente, se le extenderían sus vencimientos. Hacia allí debería orientarse la política monetaria en los próximos años.
|Entrevista |
No hubo prácticamente inversión pública
-El gasto público alcanzó niveles muy altos, cercanos al 30% del PIB, el año pasado. ¿Cómo prevé que evolucione en 2007?
-La composición del gasto público le ha hecho muy mal a la economía brasileña. Ha habido mucho gasto corriente y, prácticamente, nada de inversión pública. Hoy existe una necesidad extrema de recursos financieros para un abanico enorme de proyectos en las áreas de infraestructura, salud, saneamiento, etc. La falta de inversión ha sido tan grande en los últimos años que, si no se toman medidas cuanto antes, este país va a enfrentarse a una seria insuficiencia energética en 2009-2010.
Sería importante que, en el corto plazo, hubiera una recomposición del gasto público mediante el aumento de unos puntos en la inversión y una reducción del gasto corriente del sector público. Esta ecuación no es fácil de conseguir porque, dejando de lado los intereses de la deuda pública, la mayor parte del gasto se destina a dos rubros. Uno es la masa salarial de los funcionarios públicos, que con mucho esfuerzo se puede evitar que crezca, pero difícilmente se la vaya a reducir debido a su gran rigidez. El otro rubro son las erogaciones para financiar la salud, la educación y los programas sociales, que no resultan fáciles de achicar por la importancia que revisten para los sectores de bajos ingresos. Por eso, el gobierno no aceptó comprometerse a una reducción inmediata del gasto público. Lula sólo prometió evitar que siguiera aumentando y que, en última instancia, creciera menos que la expansión de la actividad económica. En efecto, si se incrementa la recaudación tributaria acompañando al producto y el gasto público no crece en forma proporcional, se genera un margen que va a disminuir la carga impositiva, que hoy es del 36% con respecto al PIB. Si bien lo ideal sería reducir el gasto de una forma más drástica, la actual política es más realista.
ficha técnica
Mariano Francisco Laplane, argentino, 54 años, reside en Brasil desde hace más de veinticinco años. Obtuvo el doctorado en economía en la Universidad de Campinas (estado de San Pablo) en 1992. Actualmente es profesor del Instituto de Economía de dicho centro universitario. Fue consultor del gobierno brasileño y de varias agencias internacionales (Cepal, BID, Unctad). Es investigador de la Red Mercosur de Investigaciones Económicas. Es también autor del libro "Internacionalizao e desenvolvimento da indústria no Brasil" publicado en 2003.
(Pasa a la pág. 6)
|Entrevista |
Una inflación muy alta afectaría terriblemente el costo de la deuda interna
-La deuda externa neta de Brasil se viene reduciendo a pasos agigantados. ¿Ocurre lo mismo con el endeudamiento interno?
-El endeudamiento público viene cayendo en relación al PIB, no así en términos absolutos. El punto crítico de inflexión de la política económica se dio cuando la deuda pública superó el 50% del producto durante la segunda presidencia de Fernando Henrique Cardoso. A partir de ese momento, los niveles de endeudamiento han venido descendiendo progresivamente. Incluso podrían bajar con mayor rapidez si se redujera la tasa de interés. Para ello se requiere una combinación de dos cosas: que el PIB crezca un 4.5%-5% como se espera y que la tasa de interés descienda moderadamente. En ese caso, la deuda pública sería manejable.
-¿Cuál es la función de la deuda pública hoy en Brasil?
-Los títulos de deuda pública, siempre y cuando el Estado sea solvente, son activos de altísima liquidez porque ofrecen un riesgo muy bajo. Cabe preguntarse hacia dónde migrarían los activos del sector privado que están apoyados de alguna forma en este tipo de títulos si se redujera al máximo la deuda pública. ¿Qué papeles podrían sustituir a los dichos títulos? Lo deseable sería que fuesen bonos relacionados con proyectos de inversión productiva, cuyo objetivo estuviera puesto en la exportación, y que tuvieran como fin financiar esos emprendimientos. Ese es el gran desafío. De esa forma, tendríamos un mercado de capitales de mayores proporciones.
-¿Coincide Ud. con las declaraciones del asesor presidencial Luciano Coutinho con respecto a que el Banco Central de Brasil "vive bajo presión" para renovar la deuda interna todos los días debido a que el 40% de ella se indexa diariamente?
-Sí. El pago de los intereses de esa deuda fue muy pesado cuando llegó a representar un 8%-10% del PIB durante el segundo gobierno del presidente Cardoso. Hoy ese porcentaje es menor, ubicándose en torno al 5% del producto. Esta deuda interna tiene dos características. Son títulos de cortísimo plazo, con vencimiento a los dieciocho meses a lo sumo. Además, una porción considerable de esos activos todavía tiene una tasa indexada en reales. Si la inflación no estuviera controlada, sus efectos sobre la deuda interna serían terribles. Cuatro años atrás, cuando la casi totalidad de esos papeles estaba indexada en dólares, la vulnerabilidad era aún mayor porque combinaba la solvencia interna y la externa, con lo cual le ataba las manos al Banco Central. Felizmente, esos bonos indexados por el tipo de cambio ya fueron rescatados, aprovechando el proceso de fuerte apreciación de la moneda brasileña.
Lo ideal sería que los títulos actuales de deuda en reales fuesen cambiados por similares a plazos más largos y con tasas de interés prefijadas. Eso se podría conseguir con relativa facilidad dada las expectativas de reducción de la tasa de interés de referencia. Tal vez ese sea el frente de batalla más crítico para darle sustentabilidad a la inversión pública porque se rebajaría el costo de la deuda pública brasileña y, simultáneamente, se le extenderían sus vencimientos. Hacia allí debería orientarse la política monetaria en los próximos años.