MICHAEL R. SESIT | BLOOMBERG
Cada tres meses analistas financieros mundiales revisan los datos del Fondo Monetario Internacional sobre las carteras de divisas de los bancos centrales para ver si el dólar está perdiendo su estatus como la moneda de reserva por excelencia.
Es una pérdida de tiempo, porque los números del FMI están incompletos: más de 40 por ciento del dinero que podría ser clasificado como reservas no fue incluido en el total del FMI de U$S 5,03 billones a fines del 2006.
La cuestión no es si el dólar sigue siendo la moneda más popular para el comercio, las inversiones y los depósitos, así como el activo favorito para las malas rachas. Lo es, por mucho.
En vez de eso, lo que la gente debería considerar son las enormes cantidades de efectivo que países, en especial las naciones asiáticas y los productores de petróleo, han desviado de sus bancos centrales a fondos de estabilización y otras entidades oficiales.
Morgan Stanley calcula que 24 de esos fondos tienen activos por un total de U$S 2,3 billones. Alrededor de 90 por ciento de esos recursos no se reflejan en el cálculo oficial de reservas, dice Stephen Jen, director de investigación mundial cambiaria en Londres para Morgan Stanley. Pronostica que esos "fondos de riqueza soberana" crecerán en unos U$S 500.000 millones anuales, y que dentro de cinco a seis años su monto podría ser equiparable a las reservas oficiales mundiales.
Hay muchos países que tienen fondos de esa naturaleza, entre ellos Uganda, Brunei, Malasia, Kuwait y Kiribati, la isla nación del Pacífico con unos 105.000 habitantes.
Los mayores de esos fondos son Abu Dhabi Investment Authority, con activos calculados en unos U$S 875.000 millones; Government of Singapore Investment Corp., con U$S 330.000 millones (Temasek Holdings Pte, de Singapur, tiene U$S 100.000 millones adicionales); y el fondo mundial de pensiones de Noruega, con U$S 300.000 millones, según Morgan Stanley.
AGENCIA CHINA. La mayoría de estos fondos guardan bien el secreto sobre sus inversiones. Dos excepciones importantes son Noruega y Australia.
El mes pasado China dijo que crearía una agencia de inversiones, que los analistas prevén comenzará con entre U$S 250.000 millones y U$S 300.000 millones de capital y se convertirá dentro de poco en el segundo fondo más grande del mundo.
Con U$S 1,07 billones, China tiene la mayor cantidad de reservas oficiales del mundo, seguida por Japón con U$S 884.000 millones y Rusia con U$S 333.000 millones. Excluyendo a Irán e Irak, los miembros de la Organización de Países Exportadores de Petróleo tienen U$S 331.000 millones. Otros con grandes cantidades de reservas son Taiwán, Corea del Sur, India, Singapur y Hong Kong, que tienen reservas oficiales combinadas por U$S 975.000 millones.
PAPEL DE LAS RESERVAS. Las reservas de divisas son para los bancos centrales lo que los generadores de emergencia son para los hospitales: respaldos para que las cosas sigan funcionando si se va la luz. Aseguran que las empresas tengan acceso a una moneda fuerte para pagar sus importaciones y que los bancos locales tengan suficientes fondos para satisfacer la demanda. Además, las reservas pueden utilizarse para defenderse en caso de una fuga de capitales. También refuerzan la solvencia de un país y pueden ayudar a calmar a los mercados financieros.
No hay una fórmula preestablecida sobre los niveles adecuados de reservas. A fines de marzo, un estudio del Departamento del Tesoro de Estados Unidos determinó que los países asiáticos estaban acumulando más reservas de lo que se justifica. No es broma. Los bancos centrales de Asia -o los exportadores de petróleo- no necesitan cátedras sobre lo obvio.
La mayoría de los bancos centrales invierten sus reservas en valores gubernamentales de rendimiento relativamente bajo y alta liquidez, así como en deuda de agencias, instrumentos del mercado de dinero y depósitos bancarios. Y ese es precisamente el problema. Los poseedores de grandes reservas quieren cada vez más un mayor rendimiento por su dinero, y para conseguirlo están dispuestos a asumir un mayor riesgo.
"Los fondos de estabilización petrolera han invertido mucho en títulos asiáticos -especialmente en Indonesia, Malasia y China-, en inmuebles en países como Pakistán y localmente, en infraestructura, petróleo y gas", dice George Magnus, asesor económico jefe para UBS AG en Londres. También destinan dinero a fondos de cobertura y a capital riesgo.
"Estos inversionistas no se basan en criterios de liquidez, que es lo que los bancos centrales tienen que hacer, sino que a la hora de asignar los activos, tienden a centrarse más en los rendimientos totales", dice.
¿Por qué debe preocuparnos? Las cantidades son enormes, el efecto a largo plazo en los mercados es considerable, y la falta de transparencia es preocupante.
IMPULSO PARA EL YEN. Un cambio importante de bonos a acciones por parte de los fondos de estabilización debe de impulsar al yen y a los títulos japoneses. Esto se debe a que el yen representa solo 3,2 por ciento de las reservas oficiales mundiales, mientras que el mercado accionario de Japón constituye 11 por ciento del índice mundial de Morgan Stanley Capital International.
La diversificación es negativa a largo plazo para los activos en dólares, especialmente para los bonos. No debemos esperar que la moneda de Estados Unidos o su deuda pública se desplomen repentinamente. Si los bancos centrales de Asia se deshicieran de sus activos denominados en dólares, el valor de sus participaciones caería junto con el dólar y los títulos.
Tampoco debemos olvidar que Estados Unidos tiene los mercados de valores más grandes y líquidos del mundo.
Una preocupación mayor puede ser el hermetismo de los fondos. "Las autoridades reguladoras ya tienen suficientes preocupaciones con los fondos de cobertura, el capital de riesgo y los mercados de derivados como para agregarle la ansiedad por las intenciones de inversión de administradores de activos que controlan entre U$S 1,5 y U$S 2 billones", dice Magnus.