CARLOS STENERI | DESDE WASHINGTON DC | HASTA EL 9 DE ABRIL
Como no podía ser de otra manera la visita del Presidente Bush fue un hecho que catalizó domésticamente opiniones diversas y puso sobre el tapete cuestiones que hacen a nuestro posicionamiento de cara al futuro.
Arrancando desde lo más general, sin duda hay que reconocer que la visita del presidente del país más importante del planeta fue una distinción que trasciende lo protocolar o la coyuntura de las relaciones de esa nación con América Latina. Fue más que eso, pues apreció a una sociedad que comparte y aplica a rajatabla los mismos principios fundacionales de Estados Unidos en lo que hace a las formas de gobierno y los principios de libertad individuales. Tenemos culturas sociales similares, lo cual no debe confundirse con una alianza política o la inexistencia de diferencias sobre puntos diversos.
Fue un hecho removedor pues, de golpe, nuestra sociedad se vio inmersa en discusiones de diferentes signos sobre las implicancias de la visita. Sirvió para que muchos se dieran cuenta que aun resplandecemos fuera del ámbito regional inmediato y que no estamos solos. También fue excusa para desempolvar credenciales de antiimperialismo, lo que está en línea con el sentimiento mayoritario que en silencio expresa nuestra sociedad pues no necesita de "autos de fe" públicos para confirmarlo, y la reencarnación por algunos grupúsculos de conductas violentas que creíamos sepultadas.
Pero lo más importante fue que puso sobre la mesa debates que no podemos soslayar y en los que estamos atornillados desde hace tiempo sin lograr avances.
LA RELACIÓN BILATERAL. El propio Presidente Bush refrendó que a Uruguay se lo percibe como un "aliado" natural de Estados Unidos. Quizás el vocablo aliado sea demasiado fuerte o pudiera encontrársele otras connotaciones a lo que quiero expresar. Pero ofrecer una línea abierta de comunicación para consultas o eventual ayuda sobre algún problema no es un hecho menor. Para quienes participamos directamente en las negociaciones que dieron lugar al paquete de ayuda extraordinario de 1.500 millones de dólares del año 2002
-y que el Presidente Vázquez agradeció con acierto- sabemos de qué se trata. Sin aquella ayuda hoy las cosas serían distintas, para peor. Mantener el acceso fluido a rangos jerárquicos tan importantes facilita el reconocimiento de conductas y la instrumentación de políticas adecuadas. El multilateralismo es esencial para articular el funcionamiento equilibrado entre naciones, pero el acceso bilateral a las jerarquías de la nación más poderosa del mundo es la carta ganadora para solventar momentos de crisis. John Taylor (*), el subsecretario del Tesoro norteamericano de aquellos momentos, tituló aquel programa "Ayudando a los uruguayos a ayudarse" en el entendido que a la razón de nuestros argumentos debía agregársele un empujón político -en este caso con dólares- para salir del paso. Concluyendo, no basta con las conductas adecuadas, sino que es necesario un catalizador que precipite sus beneficios. Esa lógica implacable de los hechos, tiene efectos que son inversos al tamaño de los países. En buen romance, conviviendo en un vecindario generalmente inestable e integrado por grandes, siempre es bueno tener una puerta lateral de escape.
LAS DUDAS COMERCIALES. La visita sirvió también para reactivar nuestras reflexiones sobre cómo reinsertarnos en el mundo comercial. Empezando por lo positivo, digamos que prácticamente nadie duda ya que creceremos más si aumentamos las exportaciones. El tema no es menor, pues hasta no hace mucho había pregoneros de la reactivación del mercado interno como locomotora de arrastre de la economía. Por resolver queda hacia dónde vamos en esa materia. Seguimos convencidos que pasar por la estación del Mercosur en busca de mercados ampliados extrarregionales es un error estratégico. En ese tren somos, por definición, vagones de cola. Los países grandes arreglarán primero sus temas, e intentarán contentarnos con los residuos de una negociación global. No será por mala voluntad, sino que sobre ellos también operarán las restricciones que impone la lógica de esas negociaciones. Tampoco le será fácil a Estados Unidos matizar tratamientos con los miembros del Mercosur negociando en bloque, cuando sobre la mesa estarán rubros estratégicos como el etanol y el acero, y temas complejos como las patentes y los servicios. Y como si fuera poco, el bloque es competidor con ventajas en muchos rubros agrícolas. Además, agrega la dimensión política de nuevos socios como Venezuela. Podría decirse que una negociación Estados Unidos -Mercosur equivale a una mini Ronda Doha, para darnos cuenta de las dificultades que enfrenta. Entonces viene la pregunta de por qué nos complicamos antes encerrándonos en este tema y por qué ahora, sin estridencias, no buscamos las rendijas que nos posibiliten acceder al mercado norteamericano. Si todos van hacia ahí, incluso China, no podemos ir a contracorriente de la historia so pena de que las generaciones futuras nos juzguen por no haber entendido correctamente las circunstancias.
EL TEMA EDUCATIVO. La cooperación técnica en temas educativos por suerte no estuvo ajena. Nuestra mayor riqueza es el capital humano acumulado. No es casual que con un nivel de inversión en capital físico relativamente bajo respecto a los estándares internacionales se pueda crecer a tasas relativamente elevadas. Parte de la explicación se esconde en la alta productividad de nuestro trabajo. Pero esto no es suficiente. Es más, estamos convencidos que vamos perdiendo terreno a pesar del flujo de recursos destinados a esos fines. Nuestro sistema educativo está esclerosado por causas múltiples en prácticamente todos sus niveles. La audacia en los planteos o de las visiones han sido sustituidos por una suerte de provincialismo. Lo que es peor, la calidad de la oferta educativa pública se va deteriorando, lo que incide sobre el nivel de entrenamiento de sus egresados. Eso obstruye la movilidad social vertical y por ende impide distribuir mejor los frutos del crecimiento.
Es un tema complejo, cuya importancia hace que su tratamiento no acepte la menor demora.
Entendemos que la visita abrió la puerta para estrechar la interrelación bajo la forma de cooperación con uno de los sistemas educativos más avanzados del mundo. El intercambio de profesores y estudiantes, como una de sus piedras angulares, puede servir de catapulta para introducir otros cambios. Un ejemplo propio fueron los programas de becas del gobierno de Estados Unidos a nivel de postrado universitario, formando toda una generación de profesionales en áreas diversas con un impacto positivo significativo. Países como Chile y China tienen políticas explícitas permanentes en la materia, como forma de saltearse costos en la acumulación de capital humano. En nuestro caso, carecemos de esas políticas de Estado, dejando todo a la iniciativa individual que solo puede efectivizarla quien tiene recursos suficientes.
Pero más allá de ese aspecto puntual, esta instancia obliga a abrir el campo de la modernización total de nuestro sector educativo. Con ello marcamos a nuestro favor el diferencial que nos caracteriza por ahora dentro de nuestra región. Con ello también facilitamos el asentamiento de inversiones que aplican tecnologías de punta, mejorando la calidad del trabajo que demandan. Sin recursos naturales significativos, para crecer nos queda la opción de ofertar con intensidad creciente recursos humanos calificados. Los países con más alto ingreso en el mundo son quienes transitan ese camino.
(*) John B Taylor, "World Financial Warriors", febrero 2007, Norton, página 92 y siguientes.
El suplemento ECONOMIA & MERCADO no se editará el próxima lunes 2, por lo que retomaremos el contacto con nuestros lectores el lunes 9 de abril.